CAPÍTULO 59
Cuatro agentes, dos días, cuarenta y un mil trescientas doce fotografías.
Y a las seis de la tarde del sábado, Saúl Pardinilla se levantó tan rápido que tiró la silla.
En la pantalla, en blanco y negro y con los ojos del flash infrarrojo, un pick-up de caja abierta. Y dentro, dos siluetas.
—Y aquí, la misma cámara —dijo Pardinilla—. Diez de octubre, cero uno catorce. El mismo coche, en sentido contrario.