CAPÍTULO 30
Nadia había estado en el pueblo viejo de Belchite dos veces de pequeña y las dos había tenido pesadillas.
Ochenta y nueve años después, las paredes seguían de pie sin nada detrás. La torre del Reloj, San Martín con las bóvedas abiertas al cielo, los ladrillos comidos por el viento. Un cartel: PROHIBIDO EL PASO. PELIGRO DE DERRUMBE.
Casamayor la esperaba en la verja con dos cascos.
—Le he pedido permiso al ayuntamiento —dijo—. Y he traído su casco, porque no pensaba discutirlo.