CAPÍTULO 23
La doctora Olga Fombuena Ranera, treinta y nueve años, limnóloga, tenía el laboratorio lleno de botes con etiquetas escritas a rotulador y una foto de sus hijos pegada al microscopio.
—Traes cosas bonitas, inspectora. —Ajustó el foco—. Ostrácodos. Caparazones. Y no son de río.
—¿Cómo lo sabe?
—Porque son Eucypris mareotica. Vive en salmuera, en lagunas hipersalinas temporales. Aquí, en Bujaraloz y Sástago, y en poco más. Tienes catorce caparazones enteros y dos con el animal dentro.
—¿Y eso significa?
—Que ese hombre tragó fondo de salada. Fondo, no superficie. Alguien le apretó la cara contra el limo.