Saga Sin Reglas Capítulo 25
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Capítulo 25

Max

—Hay una mujer en la puerta que necesita verte con urgencia —dijo Gia tras llamar a la puerta—. ¿Le digo que pase?

Fruncí el ceño y asentí con la cabeza.

Un minuto más tarde, Evelyn, mi exnovia, entraba en mi despacho con una expresión sombría.

—Hola, Eve —la saludé, sin embargo—. ¿Qué te trae por aquí?

Ella tiró una carpeta sobre mi escritorio, con muy malas pulgas.

—Eres un miserable. Me han echado del piso en el que vivía porque dicen que has dejado de pagarlo.

Enarqué una ceja. ¿Así que eso era todo?

Por un momento había temido que me dijese que estaba embarazada o algo así. Quería ser padre, pero no con Evelyn. No era una mala mujer, pero ella no buscaba una familia. Así que era mucho mejor ahorrarnos todo el drama.

—Te dije que solo lo haría tres meses. ¿Y te has dado cuenta medio año después?

Ella apretó los labios, furiosa.

En el pasado, Evelyn y yo salimos un tiempo, pero no funcionó. Ella estaba enamorada de su compañero de trabajo y yo no pensaba ser el tercero en discordia.

Era una mujer preciosa y muy inteligente, pero no teníamos casi nada en común.

—¡Estaba fuera! —se quejó ella—. Y pensaba que cumplirías tu promesa de echarme un cable.

—Sí, solo hasta que consiguieras trabajo.

—No estoy trabajando.

—Claro que sí. Te contrataron como azafata para vuelos internacionales. Que te hayan echado por gritarle a un pasajero no es mi culpa.

Ella abrió mucho los ojos por la sorpresa.

—¿Cómo sabes tú eso?

—Tengo mis trucos —me limité a decir.

Jamás admitiría que era experto en recopilar información de casi cualquier persona de este mundo.

—Vale, es cierto. Pero ahora no tengo cómo pagarlo, y debo muchos meses. ¡Me han echado! ¿Dónde iré ahora?

—No tengo ni idea.

—Max, tienes que ayudarme. Vine a Londres a vivir contigo y ahora mira en qué situación me encuentro.

—Pues vuelve a Ámsterdam.

Evelyn bufó.

—No quiero regresar allí.

—Entonces busca dónde quedarte.

—¿Y no me puedes acoger en tu casa unos días?

Casi solté una carcajada al oírla.

—No.

—Por favor —rogó ella—. Solo será unos días, hasta que encuentre algo.

—¿Y si mejor te quedas en un hotel?

—No tengo cómo pagarlo ahora mismo.

Quería seguir negándome, pero Evelyn no tenía a nadie más en Londres, a decir verdad. Ni sus amigos ni su familia vivían allí. Solo me conocía a mí. Y éramos colegas. Lo justo era ayudarla.

—Muy bien. Pero solo unos días.

Evelyn cabeceó varias veces.

—¡Gracias! Llevaré mis cosas a tu piso —me informó.

No supo por qué, pero me dio la impresión de que esto solo me causaría problemas.