Línea de vida III
Una anilla más.
Por si acaso.
El sol ha dejado de iluminar hace ya rato. Suerte que he venido preparado con mi frontal. En la montaña siempre es necesario. Y hoy no iba a ser menos.
Respira. Está calmado. Es lo que tiene estar colgado.
En sentido literal, no en el figurado. Supone que también será así para las personas abstraídas de la realidad, bien por drogas o por alcohol: los colgados.
Esos a los que llaman desechos de la sociedad, cree, deben de ser más felices.
El conocimiento lleva implicada la infelicidad.
Está convencido de ello. Basta con leer las noticias en el diario, o verlas en televisión. O informarse por internet.
Si tienes unos síntomas: buscas información por internet. Si se parece a lo que te ocurre y dicen que es algo malo: te preocupas. Te angustias.
Exceso de información es igual a infelicidad.
Está seguro de ello.
Por ejemplo, si supiera que a un niño al que han secuestrado y alejado de sus padres lo están maltratando, estaría preocupado y triste y rabioso. Si lo ignorara, su vida seguiría corriendo.
Pero su vida no corre.
Su vida se ha detenido a más de tres metros sobre el suelo. Colgado de una pared casi vertical de roca volcánica.
Roca que amenaza con hacerse más grande si la lava avanza.
Mira hacia arriba.
Sí, está relajado porque ha hecho un buen trabajo.
Una estupenda línea de vida.