Saciar a la bestia (Saciar a la bestia 1) Prólogo
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Saciar a la bestia (Saciar a la bestia 1)

Saciar a la bestia (Saciar a la bestia 1)

Por Tamara Molina

© inepub.com

Prólogo

Kostel Matky Boží před Týnem

Iglesia de Nuestra Señora ante Týn

Praga, República Checa

L as criaturas habían pintado el suelo de la basílica con las entrañas de todo el que trató de detenerlas. Vampiros violentos y crueles que no dudaron en quebrar cada hueso y arrancar cada vértebra de sus oponentes para hacerse con la presa.

Aquella brutalidad le hizo preguntarse si realmente compartía especie con el monstruoso ser bañado en carmesí que, frente al altar mayor, reía victorioso tras alcanzar el tan ansiado trofeo.

El ladrón detuvo sus carcajadas con un rugido cuando el animal que sostenía entre las manos le mordió, arañando su piel con la misma violencia con la que ellos habían masacrado a decenas de vampiros del clan enemigo.

Él, abatido, se había arrastrado por las escaleras del púlpito, donde permanecía escondido.

Sus ojos azules, quebrados como dos grietas en un iceberg, observaban furiosos a los saqueadores.

Contuvo el impulso de encoger los dedos en un puño al recordar el dolor que él mismo había sentido al sufrir los mordiscos de la presa, cuando aún la mantenía en su poder hasta hacía apenas unos minutos.

Las heridas de sus manos no habían dejado de chillar mientras se enfrentaba a aquellos seres despiadados que terminaron por robarle lo que tanto tiempo llevaba buscando.

Podía volver a levantarse, tratar de detenerlos mientras se alejaban hacia el portón de la catedral con el animal sagrado.

Pero sabía que sería un acto suicida intentarlo y no era tan insensato como sus hermanos vampiros, que ahora se extendían frente a él, transformados en cadáveres que sorteaban aquellas alimañas hasta desaparecer en la noche.

No, él era más astuto que todos ellos y, aunque en aquel momento tan solo podía pensar en el ardor de las heridas y la furia de su orgullo, iba a recuperar lo que le habían arrebatado.

No solo por él o su linaje, sino por las consecuencias que sufriría si no conseguía recuperar y entregar aquella criatura a tiempo.