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Davis
S
i hay algo que odio más que saber que no tengo razón es que me lo recuerden una y otra vez y eso es lo que está pasando en estos momentos.
—De verdad es que no te entiendo.
Juro que esto es un deja vú
de lo que pasó hace un par de semanas y ahora no tengo muchas más excusas de las que le di a Marlon la ultima vez, más que nada porque en esta ocasión no se ha preocupado en llamar a la puerta de mi habitación.
—Podía estar acompanado —le espeto mientras tira varios periódicos y revistas sobre la cama, para luego pulsar el botón que hay en mi mesilla de noche e iluminar la habitación por completo.
—Me importa una mierda, Dean. Te lo dije hace dos semanas y al parecer te ha dado igual un total de tres días, porque has ido acumulando los restantes once días portadas y portadas sin importarte las consecuencias que eso conlleva, pero vas a dejar que te lo explique.
No me preocupo en decirle que se calle, porque está claro que no lo va a hacer y que las cosas que yo pueda decir no van a servir de nada. Ya se han presentado las pruebas, ha sido el juicio, publico al parecer por la cantidad de prensa que me rodea, y se me ha considerado culpable.
—Manana empiezan los entrenamientos de verdad, todo lo que has estado haciendo hasta ahora ha sido como el recreo de un patio de colegio y este ano te la juegas, nos la jugamos, que narices, porque mi futuro quieras o no va atado a lo que tu hagas, está en tela de juicio y no va a ser fácil reparar lo que has hecho.
La actitud de Marlon y ese tono de voz es lo más serio que ha usado conmigo, la pose en la que se encuentra, ahora que me permito observarlo de verdad —hombros encorvados, el nudo de la corbata deshecho para permitirle llenar con más facilidad sus pulmones de aire y la falta de peinado porque al parecer se ha pasado demasiadas veces las manos por el cabello—, me queda claro que esta vez el asunto es mucho más serio de lo que había creído en un principio.
Puede que sea eso lo que me lleva a tomar la revista que se encuentra más cerca de mí y no hace falta que ojeé lo que hay en su interior, mi cara aparece en primer plano, puede que sea una foto de hace un par de días, o incluso de más tiempo, que más le da a la prensa.
Estoy en el reservado que siempre ocupamos mis companeros de equipo y yo en el Star Yook, pero no es eso lo que me llama la atención, si no el gran titular que acompana a la imagen.
AL TEXANO CENTRADO MÁS EN LAS MUJERES Y LA FIESTA.
Charlotte Doss revela como es una noche con la nueva estrella de los Patriots.
¿Solo hay alcohol en esas fiestas?
—Mierda —tomo otro de los periódicos y otro y así hasta que no dejo de ver fotos mías en cada uno de ellos con titulares igual o peores.
Son imágenes inocentes, aunque en la mayoría han recortado a mis companeros, cosa que he de agradecer, pero no estamos haciendo nada malo.
La temporada aun no ha empezado y solo somos un grupo de colegas tomándose un par de copas para desconectar, una manera de despedirnos de la «vida cotidiana» antes de que empiece la temporada.
—No has podido describirlo mejor. Esto es lo que intenté advertirte hace dos semanas, pero al parecer te importa poco tu futuro.
En ese mismo momento empieza a sonar mi teléfono y veo el nombre mi hermana en la pantalla.
Le doy al botón de rechazar, aunque sé que no tardará más de un minuto en volver a llamarme.
No puedo lidiar con mi manager y con mi hermana a la vez, así que cuando vuelva a intentarlo la ignoraré nuevamente.
—Dean, no quiero parecer tu ninera, nunca lo he hecho, pero tienes que parar esto.
—Marlon no ha dejado de caminar de un lado a otro de mi habitación, despeinándose aun más, mientras yo sigo en la cama rodeado de toda esta mierda—.
No quieres echarte novia, me parece de puta madre, pero debes de dejar de salir si esto es lo que vas a conseguir cada vez que lo hagas.
—Has dicho una palabrota —respondo, no porque quiera ignorar lo que me está diciendo, es que ya no es normal que este hombre diga tantas en tan pocos minutos.
—Espero que así te des cuenta de todo lo que estás provocando.
Empieza a sonar un teléfono, no es el mío porque tengo una melodía para las personas importantes y las que no y parece que mi hermana me va a dar algo de tregua.
Mi representante mira el que él lleva la mano y sé cual es el momento en el que siente pánico de verdad, porque el color de su piel se vuelve ceniciento y me ensena la pantalla para que pueda distinguir el nombre de Adam Grant, el gerente general de los Patriots y el encargado de firmar mis nominas.
Marlon desaparece de la habitación y baja el volumen de su voz lo suficiente como para que yo no pueda oírlo.
Me levanto de la cama y me voy directo a la ducha.
Anoche volvimos a salir, pero fue algo mucho más tranquilos, fuimos al hotel Four Season, donde siempre nos tienen un reservado y nos tratan con discreción, así que estas fotos pueden tener el tiempo que quieran y, como ahora está a punto de empezar la temporada, es el momento perfecto para jodernos. Para joderme a mí.
Sé que mis entrenadores y companeros entienden que esto no es más que una manera de hacer pasta con la vida de los demás, aun así, de igual manera, entiendo que la imagen que estoy proyectando para el equipo no es la ideal.
Dejo que el agua caliente de la ducha destense los músculos de mi cuerpo, intento que se lleve también todos los pensamientos negativos de lo que está pudiendo pasar ahora mismo en la conversación entre las dos personas que tienen mi futuro en sus manos.
Al salir de nuevo a la habitación me encuentro a Marlon recogiendo las revistas y periódicos.
—Lo siento, tío. Sé que me advertiste y te puedo asegurar de que esas fotos no son de ayer.
—Claro que no lo son, la prensa es rápida pero tampoco tanto, son de hace una semana.
Tampoco tendrás ni idea de quien es esa tal Charlotte, pero yo te lo diré.
—Rebusca entre las revistas que tiene entre sus manos hasta que da con la que quiere, pasa las paginas para llegar al articulo en cuestión y me la entrega para que yo pueda ver con mis propios ojos la gravedad del asunto.
No es la misma revista que he cogido antes, pero no hay que ser muy listo para darse cuenta de que hablan de lo mismo.
Los titulares son prácticamente iguales y aquí no solo hay una foto mía, hay varias y todas en el reservado que ocupo siempre, pero en vez de estar rodeado de mis companeros lo estoy de tres chicas, una de ellas sentada sobre mi regazo.
Efectivamente esta foto es de hace una semana y, aunque parezca que estoy en modo carinoso con todas y cada una de ellas, lo que estaba pasando ahí es de lo más inocente.
—Solo me pidieron un foto, los chicos estaban ya bajando y yo había accedido porque también me iba. —Cosa que hice pero que al parecer no importa en estos momentos—. Solo es una mala interpretación.
Marlon me arrebata la revista de las manos y antes de que me de tiempo a decir una palabra más sale de la habitación a grandes zancadas. Es una clara invitación a que lo acompane al salón y que permanezca con la boca cerrada hasta que me diga todo lo que tiene que decir.
—Voy a ser claro, Dean —comienza mientras empieza a meter toda la prensa en el interior de su maletín —.
No hay nadie contento en estos momentos, manana empiezan los entrenamientos oficiales y las salidas nocturnas ya solo están permitidas bajo aprobación previa y la próxima es para la cena de gala.
—Vale, lo pillo. Nada de salir hasta nuevo aviso.
—Y quiero que le demuestres a todos que vas a dejar de comportarte como un irresponsable. Piensa en lo que te dije, Dean. No es una estupidez y puede ser tu billete a la mejor temporada que un novato pueda sonar.
Va hasta la puerta, sin esperar una respuesta por mi parte. El gesto de cabeza que hace me deja claro que ya no hay nada más que decir, al igual que este va a ser el ultimo toque de atención que se permita darme.
En otro momento pondría la tele, e incluso la radio, pero no hago ninguna de estas cosas. Solo voy a la cocina y enciendo la cafetera italiana que mi hermana me regaló cuando me mudé desde Austin. Son estos momentos en los que me doy cuenta de lo solo que estoy en la otra punta del país.
No voy a enganar a nadie, lo sé. Durante mis anos en la universidad he tenido muy buenos companeros y tres amigos del alma.
Killiam, que desde hace ya casi cuatro anos es la pareja de mi hermana pequena y que ahora es mi mejor amiga.
Cody, el loco del grupo y el segundo en encontrar el amor junto a la hija del entrenador Lewis, ambos juegan en Houston.
Después está Harris, el callado que ahora está jugando en los Chiefs, padre de familia y con un futuro más que prometedor.
Con esto no quiero decir que esté solo. Tengo a mis companeros de equipo.
Luca, Travis, Madoc y los restantes cuarenta y nueve integrantes del equipo.
Este es mi segundo ano aquí y no me he sentido realmente solo en ningún momento, tal vez por eso busco la companía de las chicas.
Seguro que si me sentara frente al psicólogo del equipo y le soltara toda esta mierda acabaría dejándome claro que el carino que busco fuera de mi entorno es por el que me ha faltado por parte de mi familia, aunque no me apetece hablar del cabrón de mi padre ni de la mujer que me dio a la vida en estos momentos.
Puede que por esa misma razón esté colocándome la gorra, al igual que las gafas de sol e ignorando el pitido de la cafetera que me informa de que mi delicioso café ya está preparado.
Seguramente todo tenga la misma respuesta en mi «maravillosa» vida, pero de verdad que ahora mismo no me apetece auto psicoanalizarme, sino dar un paseo.
Y dado que, al parecer, las horas de luz son las únicas en las que mi manager y los directivos me van a permitir salir de estas paredes, bajo a la calle.