Rough – Más que Suficiente (Regreso a la Montaña nº 5) Epílogo Uno
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Epílogo Uno

Graham

—Sí, quiero —le digo al juez, que nos devuelve la mirada.

—¿Y acepta a este hombre como su legítimo esposo?

—Sí, quiero —dice Tallie, sin vacilar.

No mentía cuando dije que un juzgado me parecía bien.

Ya daremos una celebración más elaborada más adelante.

Por ahora, además de lo insaciables que somos el uno con el otro, esta es la mejor manera de reforzar el caso de Tallie para la tutela legal permanente de Lucy.

Para demostrar que mi apoyo no es pasajero y que Tallie es más que capaz de mantener a Lucy.

Nos besamos frente al juez. No porque sea obligatorio, que no lo es, sino porque, maldita sea, parece que no puedo parar. Tal como hemos estado últimamente, no me opondría del todo a consumar el matrimonio aquí mismo y ahora.

Sin embargo, me contengo ante el juez. Convertidos ya legalmente en marido y mujer, nos dirigimos al parque, donde hay una gran celebración, como si hubiéramos tenido la gran ceremonia de todos modos.

Toda la familia está aquí, aplaudiéndonos mientras entramos en el sendero, de la mano, como estaremos el resto de nuestras vidas.

Mi madre corre hacia nosotros y abraza a Tallie. —Ves, te dije que es mi nieta.

—Técnicamente, ¿es su sobrina nieta? Supongo. —intenta protestar Tallie.

—Nieta. Con eso me basta. No me ando con chiquitas con todo esto, pienso malcriarla igual que ya he hecho con Plum.

—Oh, cielos —dice Tallie, sacudiendo la cabeza, sonriendo aunque abrumada.

—Tuve siete hijos con los que tuve que ser una madre buena y severa. Ahora me toca malcriar a los nietos hasta la médula.

Le acaricio el hombro a Tallie. —No vas a disuadirla, Tallie. Deja que le dé a Lucy todo el dulce que quiera.

—¿No vas a ser tú una figura paterna estricta y disciplinada?

—Lo seré a veces. Pero también tengo ganas de malcriarla.

—Dios mío, pobre Lucy —se ríe ella—. ¿En qué clase de familia me he metido al casarme?

—En un futuro maravilloso —digo, besándola de nuevo, a lo que ella accede encantada.

Es un día de mil demonios. Mi padre está en la parrilla preparando hamburguesas y perritos calientes para todos, y el rock hortera de los ochenta retumba por todo el parque. Es otro día encantador en la vida de los Rough, todos dedicados los unos a los otros.

Cuando se hace tarde, algunos de mis hermanos se están emborrachando y armando jaleo. ¿Yo? Solo deseo quedarme a solas con mi mujer. Mi hermana Lemon acude al rescate, tomando a Lucy de mis brazos.

—No os preocupéis ni un poco por ella —dice, acunando al bebé dormido—. Vosotros divertíos y disfrutad.

Mueve las cejas con picardía, sabiendo exactamente lo que tengo en mente. Es, por supuesto, nuestra noche de bodas.

Terminadas nuestras festividades por ahora, nos alejamos en mi camioneta, con una cacofonía de latas arrastrándose tras nosotros mientras nos dirigimos a las colinas y a mi casa.

Cuando apago el motor, entramos corriendo en la cabaña, cerrando la puerta de un portazo tras nosotros.

Tallie casi salta a mis brazos y la sujeto, con sus labios sobre los míos.

—¿No estamos muy animados? —digo.

—Llevo todo el día imaginando que te follo, Graham. Ni se te ocurra decepcionarme.

—Vaya, pues nada. Supongo que podríamos hacerlo. ¿O prefieres hacer un rompecabezas?

—Deja de hacerte el interesante y fóllame, pedazo de guapo.

La lanzo sobre el sofá y le doy todo lo que desea.

Que es también todo lo que yo deseo.

Es curioso cómo nos sigue funcionando eso.

Y nos seguirá funcionando.

Tallie y yo compartimos una visión para nuestro futuro, y no veo la hora de construirlo con ella.

Parte de ello, como la familia, será muy divertido de crear.

Dios, se vuelve más perfecta a cada momento.