Rough – Más que Suficiente (Regreso a la Montaña nº 5) Capítulo 11
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Capítulo 11

CAPÍTULO ONCE

Graham

A pesar de toda la tragedia, la angustia y la búsqueda interior, todavía tengo que lidiar con el hecho de que mi trabajo diario consiste en ser oficial de policía en Home.

Al principio me tomé unos días de permiso retribuido para ayudar a Tallie y a Lucy a instalarse, pero después del funeral seguía queriendo estar con ellas, así que después cogí mis vacaciones. Luego, los días por enfermedad.

Ahora he vuelto a patrullar. Todo es bastante normal, la verdad.

En Home no pasa gran cosa, y cuando sucede algo, todo el mundo se entera.

La humillación pública es un elemento disuasorio bastante eficaz contra el comportamiento antisocial en un pueblo pequeño, pero yo estoy ahí por si no es suficiente.

La llamada más seria que recibo en mi primer día de vuelta es una comprobación de bienestar para una mujer mayor y despistada que llevaba tiempo sin llamar a su familia.

Simplemente se le había olvidado, y me dijo que les avisaría de que estaba bien de inmediato.

Me hizo sentir agradecido por la unión de mi propia familia, ya que sé que no todo el mundo disfruta del lujo de tener a su madre viviendo a ocho kilómetros de distancia.

Ficho al salir y me dirijo a casa, con ganas de volver a ver a Tallie y a Lucy.

La pequeña me ha ganado el corazón. Admito que al principio me enamoré de la preciosa mujer que la cuidaba, pero ahora, cuando miro a Lucy, veo a alguien que necesita cuidados en su vida, y eso está despertando esa parte latente de «padre» en mi cerebro.

Nunca pensé en convertirme en padrastro, o tío segundo, o como sea que acabe llamándome, pero estoy decidido a ser lo mejor que pueda ser, sea lo que sea eso.

Giro hacia mi calle y avanzo hacia mi casa. Ya hay un coche en mi entrada, y no lo reconozco. Mis hermanos tienen todos Jeeps y camionetas, y el sedán de Lemon es de un color muy específico que estoy acostumbrado a ver.

¿Esto? A este coche le faltan los parachoques delantero y trasero, y el tubo de escape va arrastrando por el suelo. Tiene pinta de que suspendería cualquier control de emisiones del país.

¿De quién podría ser este coche?

Un escalofrío me recorre la espalda al pensar en un extraño en mi casa.

Aparco y bajo, con la mano moviéndose hacia mi arma reglamentaria.

—¡No puedes estar aquí, Marcus! —grita Tallie—. ¡Tienes una orden de alejamiento! ¡Te van a arrestar!

—¿Y cómo vas a llamar a la pasma, zorra? ¡Tengo tu móvil aquí mismo!

Mi pulso se acelera, al igual que mi paso.

—¡Dame a mi puta hija! No es tuya. Ahora me pertenece a mí.

—¡Ella no te importa nada!

—¡Yo quiero a Marci!

—¡Se llama Lucy!

—¡Lo que sea!

Veo a Tallie contra la pared, el bebé llorando, y presiento que la situación es peligrosa.

Ante ella hay un hombre grande, calvo y tatuado que la apunta directamente con una pistola.

—Mi hija no te pertenece, zorra —continúa—. ¿Crees que voy a dejar que te la quedes después de que arruinaras mi relación?

—¡Tú arruinaste tu relación, Marcus! ¡Cada vez que le mentiste! ¡Cada vez que le robaste! ¡Cada vez que le pegaste!

—¡Solo hice lo que era mejor para nosotros!

—¡Hiciste lo que era mejor para ti, Marcus!

—¡Lo que es mejor para mí es lo mejor para nosotros!

He oído suficiente. Entro de golpe y lo derribo al suelo. No tiene buena técnica, y me resulta fácil estamparle la mano contra el suelo, haciendo que pierda el control del arma.

—Estoy bastante seguro de que a un delincuente convicto como tú no se le permite tener algo así, Marcus —le siseo antes de darle un puñetazo en la cara—. Por no mencionar que estás en libertad condicional. Te vas a ir a la sombra por mucho tiempo.

—¡Que te jodan, madero! —grita en cuanto ve mi uniforme. Forcejea contra mí, pero le suelto otro revés en la cara.

No soy partidario de la brutalidad policial, pero todo el mundo tiene un límite. Este hijo de perra es el mío. Me escupe, pero le tiro de las manos detrás de la espalda para poder ponerle las esposas a la fuerza. —Tienes derecho a guardar silencio —comienzo.

En cuanto termino de leerle sus derechos, pido refuerzos; no están lejos.

Que Home no sea un pueblo muy grande tiene sus ventajas, y me consuela saber que pronto alguien se llevará a Marcus muy lejos de aquí, al menos a la cárcel del condado.

¿Alguien tan peligroso como él? Podría acabar en la penitenciaría estatal.

Tallie acuna a Lucy mientras se llevan a Marcus en el coche, y espero que sea la última vez que cualquiera de las dos lo vea.

—¿Estás bien? —le pregunto cuando por fin estamos solos, sabiendo la triste respuesta a la pregunta.

—Estoy lo bastante bien —dice, exhausta y derrotada.

—¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué no has llamado?

—No lo sé. Simplemente irrumpió, y me apresuré a proteger a Lucy de él. Me dejé el móvil en la mesa de centro y Marcus lo cogió.

Las rodeo a ella y a Lucy con mis brazos.

Las estrecho con fuerza. —Se ha ido para siempre.

Por violar su libertad condicional y quebrantar una orden de alejamiento, se enfrenta a cargos que suman al menos veinte años.

Quizá en ese tiempo acepte su pasado y cómo trata a la gente.

Quizá no. Pero ya no es problema tuyo, Tallie.

¿Y si alguna vez volviera a serlo de algún modo?

Estaré aquí para ti, listo para protegerte.

—Graham... Graham, ¿estás llorando? —dice ella, sin juzgarme.

—Significas el mundo para mí, Tallie. Jamás os dejaré marchar, ni a ti ni a Lucy. Nunca jamás. Os quiero a las dos con todo mi corazón.

Ella me sonríe. Es la cosa más hermosa del mundo.