Rough – Más que Suficiente (Regreso a la Montaña nº 5) Capítulo 8
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Capítulo 8

CAPÍTULO OCHO

Tallie

Guapo, amable, ¿y encima puede comerme el coño así de bien?

Quiero que me pida matrimonio ahora mismo.

Y solo bromeo a medias.

Me duele el cuerpo por la intensidad del orgasmo que estoy procesando, y el corazón me late a un millón de pulsaciones por minuto.

Graham se levanta de entre mis piernas, lamiéndose los labios. Por la forma en que me mira, sé que estamos lejos de haber terminado y, a pesar de haber tenido el mejor orgasmo de mi vida, no puedo esperar a lo que viene a continuación.

Ambos estamos bien desnudos y calientes, y él no pierde el tiempo en trepar sobre mí, besándome de nuevo en los labios y mirándome profundamente a los ojos. Puedo ver su alma, y lo que veo es una dedicación y una pasión absoluta por mí.

Me pasa la mano por el pelo, pero yo me limito a sacudir la cabeza. —Deja de tontear y fóllame, Graham.

—Si eso es lo que quieres, eso es lo que tendrás.

Su polla late entre mis piernas, ya dura de nuevo a pesar de que se la he chupado hasta dejarlo seco hace un rato.

La pasa por mi monte de Venus, haciendo cosquillas en mi sexo mientras la desliza por mi hendidura.

El glande me roza los labios vaginales mientras se separan y, tal como le he ordenado, no se anda con rodeos.

Empuja hacia dentro y, maldita sea, qué bien se siente mientras se desliza en mi interior, pulgada a pulgada, con ese fuego extendiéndose por todo mi ser, tan delicioso e intenso.

Nuestro encuentro empieza despacio, pero no tarda mucho en ganar velocidad cuando se da cuenta de que puedo aguantar algo más que un enfoque perfectamente delicado. Para ser totalmente sincera, me gusta un poco rudo.

Y cuanto más lo conozco, puedo decir que también me gusta Rough.

—¿De qué te ríes? —me pregunta con una sonrisa en la cara.

—¿Es que no puedo reírme cuando estoy feliz? —digo, encubriendo mi cursi juego de palabras mental.

—Ríete entonces, Tallie. No he dicho que no me gustara.

Él continúa, sacudiendo mi cuerpo con cada embestida, y pronto alcanzo su ritmo con el mío.

Mis manos recorren su espalda firme, disfrutando de sus músculos y de su culo apretado.

Embestiendo para igualar su intensidad, todo mi cuerpo se balancea con él, y todo va aumentando entre nosotros.

Nuestra fricción, mi pecho contra el suyo; todo es una sinfonía deliciosa de sexo y no puedo evitar preguntarme si esto está a punto de convertirse en mi nueva normalidad.

Todo llega a un ritmo ferviente mientras gimo por él, y él no hace más que intensificarlo llevando una mano entre nosotros para frotar mi clítoris con un movimiento fuerte y constante. Eleva lo que ya es genial a algo aún más increíble. Una grata sorpresa sobre otra grata sorpresa.

Lo cual describe bastante bien lo que es Graham Rough, en resumidas cuentas.

Estoy totalmente cautivada por él. Impulsada a complacerlo mientras él me complace a mí. Empieza a ser difícil seguirle el ritmo, pero él sigue empujándome a nuevas alturas, enganchando mi pierna para poder follarme más profundo, follarme más duro, darme un poco más de placer.

Pero solo soy humana... hay un límite para lo que puedo aguantar.

No pasa mucho tiempo antes de que me empuje al abismo, y gimo por él, con todo mi cuerpo latiendo de necesidad y lujuria. La felicidad ardiente pulsa a través de mí y dejo que irradie, sin ninguna prisa por interrumpir algo tan bueno.

Oírme correrme debe de ser todo lo que necesita, porque poco después Graham se sale y estalla sobre mí, poniéndome perdido el pecho y el estómago, con un goteo constante de simiente caliente sobre mi piel.

Empiezo a reírme otra vez cuando me calmo tras mis gritos orgásmicos.

Se desploma a mi lado, mirándome con ojos cariñosos y entregados, y lo único que alcanzo a hacer es sostenerle la mirada. Él la rompe con una carcajada propia. —Deja que vaya a buscarte una toalla, preciosa.

Lo hace, pero yo sería feliz llevando su semen como una medalla de honor.

Esa noche me quedo dormida en sus brazos. Es la primera vez en lo que parece una eternidad que por fin duermo bien.

—¿Ese Marcus Anderson maltrataba físicamente a su difunta hermana?

Es la mañana siguiente, y Graham ha usado sus influencias en la policía local para poner algunas cosas en marcha en relación con la tutela legal de Lucy.

Estamos sentados uno al lado del otro, frente a un juez en una sala de conferencias, un entorno que decididamente no es una sala de tribunal, pero supongo que nada es como en la tele.

Asiento. —Sí. También la maltrataba emocional y verbalmente, pero no sé si eso es relevante.

—Lo es, pero el maltrato físico suele recibir mayor peso en este tipo de casos, independientemente de lo dañinos que puedan ser los otros tipos de abuso.

—Sigo preocupada. ¿No tiene un padre biológico más voz que una tía sobre una niña con la madre fallecida?

—¿Normalmente? Sí. Las sentencias de custodia y tutela favorecen la paternidad directa sobre las formas asumidas. Pero si se demuestra que la niña sufriría bajo el cuidado del progenitor biológico, otorgar la tutela a una tía, tío o abuelo no es ni mucho menos algo inaudito.

—¿No ayudan los delitos violentos que tiene en su historial? —añade Graham—. La base de datos muestra que ha cumplido condena por robo a mano armada.

—Así es. Incluso está actualmente en libertad condicional.

Es suficiente para que yo le otorgue la tutela temporal a Tallie.

Hasta que sea impugnada, están a salvo. Mientras tanto, le sugiero que se muestre como un ejemplo excelente de maternidad.

Esté atenta a las necesidades de la niña y demuestre que puede mantenerla bajo techo y alimentada.

La última parte me dolió. Si no fuera por la generosidad de Graham, no sería capaz de hacer nada de eso. Hablando estrictamente, soy una mujer sin hogar con nada más que la ropa que llevo puesta.

—Eso no será un problema —dice Graham—. Se ha estado quedando conmigo desde que la madre de Lucy falleció y parece que va a seguir quedándose conmigo.

Me siento un poco nerviosa al oírle decir eso. Todo parece tan repentino, tan rápido.

El juez sonríe. —Entonces está en buenas manos, Graham. Haré lo que pueda por mi parte para asegurarme de que todo vaya bien legalmente. Pórtense bien, los dos.

—Ya me conoce, juez. Estoy a punto de lanzarme a una salvaje oleada de crímenes en cualquier momento —dice él con una risa.

—Gracias —digo, estrechando la mano del juez mientras Graham y yo nos levantamos.

Salimos del juzgado uno al lado del otro. Lemon se ha quedado haciendo otro turno de niñera mientras nosotros estábamos fuera haciendo esto. Parece haberle cogido cariño a mi sobrina.

—Me está entrando un poco de hambre —dice Graham.

—Bueno, pues deberíamos...

Antes de que termine la frase, nos encontramos con otra pareja en la acera.

—Abby, Bart, ¿cómo demonios estáis? —dice Graham con entusiasmo.

La otra pareja se sorprende un poco al vernos, pero por su lenguaje corporal está claro que están juntos. El chico se parece demasiado a Graham para no ser su hermano.

—No esperaba cruzarme contigo hoy, Graham —dice Bart—. Pensaba que estarías por ahí haciendo tareas de búsqueda y rescate en Hobson.

—Así es como conocí a Tallie. —Graham me pasa un brazo por los hombros y me acerca a él—. Estábamos pensando en comer algo. ¿Qué tal si vamos los cuatro al Home Cookin’ Diner? Invito yo.

La otra pareja intercambia miradas, consultándose en silencio antes de que la mujer hable. —Claro, nos parece bien.

Nos dirigimos al restaurante y el personal les lanza miradas familiares a Graham, Bart y Abby. Está bastante claro que la familia Rough es cliente habitual aquí.

—Me encanta este sitio —dice Graham mientras nos sentamos todos en un reservado—. Es anticuado a más no poder, pero no vive solo de su historia. Siguen haciendo una comida condenadamente buena.

—No sé, siempre se hace un poco raro cuando mamá y papá nos recuerdan que aquí fue donde realmente congeniaron —añade Bart—. Pensar en ellos siendo todos cariñosos aquí es un poco incómodo.

—Entonces te sentirás incómodo también en casa. Mamá y papá son cariñosos en todas partes.

—Cierto.

Traen los menús y pedimos. Bartlett pide una hamburguesa, Abby la sopa del día. Graham pide un bol grande de chili y yo me decido por el pollo a la parmesana.

—Y, Tallie, ¿eres nativa de Hobson? —pregunta Abby mientras comemos.

Asiento. —He vivido allí toda mi vida. Crecí allí con mi hermana.

Se le ensombrece el rostro. —Lo siento, no pretendía recordarte eso.

—No es culpa tuya.

Hay cierta incomodidad al hablar con ellos. Como si Bartlett y Abby se estuvieran conteniendo.

Necesito un momento. —Perdonadme, es hora de ir al servicio de señoras —digo, levantándome de un salto y dirigiéndome al baño.

Otra verdad a medias, supongo. Lo que realmente quiero es un momento para mirarme al espejo.

Preguntándome a dónde va todo esto.

Anoche con Graham fue fantástico. Se sintió tan maravilloso que me duele pensar que pueda ser solo algo temporal.

Le ha dicho al juez que Lucy y yo nos quedamos con él, pero su generosidad no puede durar para siempre, ¿verdad? Él tiene éxito, tiene contactos, es todo lo que yo no soy.

Yo solo soy una chica sin hogar y sin perspectivas que se aferra desesperadamente a un bebé al que no puede cuidar. A menos que me toque la lotería o algo así, dependo totalmente de la caridad, y ese no es un buen lugar en el que estar.

No me voy a rendir. Sé a qué negligencia extrema se enfrentará Lucy si cae en manos de Marcus. Pero me siento muy impotente en este momento.

Después de asearme un poco, vuelvo, pero oigo a los tres hablando. Me puede la curiosidad y me pego a la pared, esperando que no me vean ni me oigan.

—¿Estás seguro de esto, tío? —dice Bart.

—¿Seguro de qué? —responde Graham.

—De lo que estás haciendo con esta chica.

—¿A qué te refieres?

—Graham, sabemos que te sientes solo —interviene Abby—. Sabemos que quieres hacer lo correcto. ¿Pero no crees que le estás dando demasiado a una chica a la que apenas conoces?

—¿Qué os importa a vosotros lo que yo haga?

—Solo me preocupa mi hermano, eso es todo —añade Bart.

—Y a mí me preocupa una pobre chica y su hija.

—Ya, pero no necesitas invitarla a quedarse en tu casa y pasar por todo esto por ella. Podrías haber adoptado un enfoque mucho menos directo y seguir ayudando, Graham.

—¿Cómo?

—No lo sé. Podrías haberle buscado una habitación de hotel. Ponerla en contacto con algún tipo de ayuda más formal. Sabes que hay un montón de programas estatales para el auxilio en desastres.

—Es un infierno conseguir que te den esos, Bart. Y ella necesita ayuda ahora.

—Mira, Graham —interyecta Abby de nuevo—. Solo nos preocupa que te encariñes demasiado. O que ella se esté aprovechando de ti.

Graham replica bruscamente. —¿Aprovechándose de mí? ¿Qué demonios estás insinuando?

—¡No lo sé! Quizá no es la mejor forma de decirlo, pero hay algo irracional en cómo estás actuando y, como familia, creo que nuestro papel es vigilarte y evitar que hagas algo potencialmente estúpido.

Me estremezco ante esas palabras. Graham nunca ha hecho nada, ni una sola vez, que me haga sentir que soy un parásito para él.

Cuando estoy a solas con él, me doy cuenta de que mis preocupaciones están solo en mi cabeza, pero el miedo es fuerte.

¿Y si que le señalen esto es todo lo que necesita para darse cuenta de que no soy digna de él?

¿De que se merece una relación mucho más equilibrada, con alguien que tenga algo que dar a cambio de toda su amabilidad?

—Me sorprendéis mucho los dos —dice Graham—. Pensaría que tú, Bart, más que nadie, te darías cuenta de que hay una razón cojonuda para desvivirse por una chica. Y pensaba que tú empatizarías con ella, Abby.

—Espera, ¿estás sugiriendo que...? —pregunta Bartlett, dejando la frase en el aire.

—Sí, sugiero exactamente eso. Creo que estoy enamorado de esta chica, hermano.

Un escalofrío me recorre la espalda.

¿Amor?