Rompiendo las reglas (Wild Warriors 1) EPÍLOGO
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EPÍLOGO

Ash

—¡Ponle un nombre a esta cena, Ash! —grita Blue desde el fondo de la cocina.

He llegado antes de tiempo y no porque nadie me lo haya pedido, sino porque las cenas de los sábados noche se han convertido en mis favoritas de la semana.

Mis favoritas con matices, claro, porque si pudiese elegir menú y compañía, elegiría por encima de todas las cosas el coño de Cassie y a ella al completo.

En fin, no se lo comentéis a mis futuros suegros porque creo que esto los horrorizaría. Tampoco a Xavier porque, aunque hemos estrechado lazos y ya no es tan capullo, sigue siendo sumamente protector con su hermana y, oye, que conste en acta que he aprendido a valorar eso y mucho.

—No me gusta ese juego.

—Ash es un aburrido —corea Juniper, que está sentada en la mesa coloreando.

—No soy un aburrido —contrataco—, diles que no soy un aburrido, Cassie.

—Si mi hermana tiene que defenderte, no eres solo un aburrido, sino un pringado de mucho cuidado —sentencia Xavier.

¿Lo entendéis? Pues eso, que nos llevamos genial, pero eso no quiere decir que tengamos que dejar atrás las viejas costumbres.

—¿Cuántos somos esta noche?

—Me ofende sobremanera que no entres al trapo y que intentes cambiar de tema.

—Lo que te ofende sobremanera es que te ignore porque eso te hace más pupa que lanzarte una réplica mordaz.

—No entiendo por qué tuviste que enamorarte de este tío. De verdad, todavía no entiendo lo que le viste.

—No hagas que tu hermana enumere la cantidad de cosas que vio en mí. Tampoco hagas que te explique lo que sé hacer con esa cantidad de cosas. No estás preparado para escucharlas.

Cassie suelta una carcajada y me envuelve entre sus brazos. Antes de separarse, me besa en el centro de la espalda. Justo donde me he tatuado una naranja, ¿por qué será? Supongo que porque sigo siendo un imbécil, lo que pasa es que ahora soy un imbécil enamorado.

La puerta suena en ese instante y aparto la mirada para echarle un vistazo al reloj. Me temo que alguien también se ha adelantado.

—Vete tú, Xavier, así tienes algo con lo que entretenerte y dejas de hacer el ridículo —le pido. Mi deporte favorito es buscarle las cosquillas a uno de esos mellizos. Xavier hace caso, no sin antes insultarme—. ¿Y Noah? —pregunto cuando ya se ha ido.

—Pasó a recoger a Gillian. Seguro que están a punto de llegar.

Sí, es hora de que os lo explique. Gillian y Noah parece que han oficializado la relación. Tres meses llevan saliendo. Y lo sé porque Noah ha comprado un calendario y en cada día que pasa dibuja un corazón. Puede que yo sea un imbécil enamorado, sin embargo, lo de Noah es otro nivel.

Vale, ya puestos a hacer mención a eso… Tres meses han pasado desde que Cassie y yo estamos juntos, desde que le profané mi sudadera y le compré algunas más porque, bueno, lo de ser un chico malo sigue siendo lo mío, solo que, ¿ahora?

Ahora lo soy por y para ella. Sigue poniéndome en mi sitio sin siquiera despeinarse, y yo sigo enterrando la cabeza entre sus muslos para que entienda que ella tiene poder sobre mí y yo, sobre su cuerpo.

¿A quién pretendo engañar? Ella tiene poder sobre todo porque no hay nadie como mi fierecilla.

—¡Aaron! —grita Maddie cuando mi hermano cruza la puerta.

Me giro solo para comprobar que le trae flores, porque es de esos.

Puagg, qué hermano más horripilante me ha tocado.

Lo adoran y sí, también forma parte de la familia.

El orgullo que siento solo con verlo, con vernos a todos y lo que hemos construido poco a poco, con cómo han cambiado las cosas desde el momento en el que amenazó a mi padre con dimitir…

Ese es otro tema. Mi hermano estaba convencido de dejar los Wild Warriors y lo iba a hacer por mí, sin embargo, lo persuadí para que no lo hiciese porque todo lo que somos pasa por ese equipo y no solo nosotros dos, están el resto: Kai, Evan, Ben, Caleb, Miles, Donahue…

Todos somos una familia enorme y no vamos a dejar que nadie la rompa.

No me imagino jugando en otro sitio que no sea en este equipo y sé que Aaron siente lo mismo que yo.

De mis padres, bueno, supongo que de ese tema mejor no hablar porque no ha cambiado nada.

Se sienten las víctimas porque Aaron me apoya a mí y porque la relación con ellos es apenas existente.

Supongo que piensan que lo he poseído o algo similar.

Da igual, como dice Cassie: «Las malas hierbas hay que arrancarlas para que, al llegar la primavera, el jardín esté lleno de color».

Esa es mi chica, la que es capaz de hacer unas reflexiones increíbles y, a su vez, te pone firme sin dudar.

Y la amo. De veras, ¿quién lo iba a decir?

Yo, desde luego, no.

—Hombre, Ash, ¿otra vez con las manos en la masa? —me pregunta Aaron, que se coloca a mi lado, con los brazos cruzados y su actitud desenfadada.

—Déjalo, que mientras esté ayudando a mi madre, no le está metiendo mano a mi hermana.

—¿Qué es meter mano, mamá? —pregunta Juniper.

—Es lo que le voy a hacer a Xavier justo antes de ponerle un ojo morado.

—¿Es como darle un puñetazo?

—Es justo eso, cariño.

—Pues Asher le mete mano a todos los jugadores del equipo contrario, no sé por qué le gusta tanto meter mano. ¿Por qué te gusta tanto meter mano?

—Eso, Ash, ¿por qué te gusta tanto?

Me giro solo para encontrarme con los brazos de Cassie en jarras y paseo la mirada por su cuerpo. Joder, lo que le haría yo a ese cuerpo sobre esta encimera. Chasquea la lengua como si entendiese hacia dónde se han dirigido mis pensamientos y alza una ceja solo para retarme a verbalizarlo.

Xavier se levanta y le tapa los oídos a la pequeña Blue porque se las ha visto venir.

—Porque tu tía está hecha para mí. —Y pienso ponerla de rodillas para que esta noche tome su postre. Vaya que sí.

Suspiro. Ponerse duro en una cena en familia es una de las cosas que consiguen que abandones esa familia. Y no, gracias, estoy demasiado feliz formando parte de esta.

—Eres un marrano —me acusa Blue—. ¿Por favor, tienes un mellizo?

Señalo hacia Aaron.

—Es todo lo que te pudo ofrecer —susurro.

Aaron se carcajea y niega en repetidas ocasiones.

—Mamá dice que todos los tíos son unos imbéciles y unos capullos.

—Juniper, cielo, no deberías contar ese tipo de cosas —la reprende Maddie—. No todos los chicos son… —Hace una pausa y se lo piensa mejor—. Los hay buenos, como tu abuelo.

—El abuelo no cuenta porque el abuelo sí que es feo como una nevera por detrás.

La cocina entera guarda silencio.

La primera carcajada la suelta el que ha recibido el piropo. Tengo que darle la enhorabuena porque ha sabido aceptar el insulto como el que más.

—Yo también fui guapo y joven y esas cosas.

—Ya, claro. ¿Y cuánto hace de eso?

—Vale, es el momento de que vayamos a buscar algo de beber a la despensa —intercede Blue, que arrastra a Juniper fuera de la cocina mientras ella asegura que la despensa sigue estando en la cocina y que no ha dicho mentiras porque las niñas deben ser sinceras.

Di que sí. Vivir en esta casa es un terremoto constante, ya lo creo.

Cuando regresan junto con Noah y Gillian, y ya estamos todos listos, ocupamos la mesa y los platos van pasando de unos a otros.

—¿Qué tal te va en los Arctic Foxes, Cassie ? —gruño frustrado por la pregunta que ha formulado mi hermano.

—Bien, estoy muy muy contenta. No me dan tantos problemas como tu hermano y, ciertamente, no hay tanto imbécil suelto en la junta directiva.

—¿Nos echas de menos? —tanteo como un perrito desvalido.

Cuelo una mano bajo la mesa y la paseo por su delicioso muslo. Cassie se tensa y me alegra que al menos no dé pequeños botes como hacía al principio. Apuesto a que Maddie y Carson tuvieron que hacer la vista gorda en alguna que otra ocasión.

—Las cenas postpartido no son tan divertidas como las vuestras —concede ella.

—¿Nos has copiado eso? —pregunta Aaron antes de llevarse un trozo de filete a la boca.

—Por supuesto. Para algo bueno que tenéis…

Auu, eso ha dolido.

Mi hermano chasquea la lengua, y yo subo la mano todavía más, hasta llegar a… Ladeo la cabeza, y Cassie me regala una enorme sonrisa. Una sonrisa satisfecha. La de una puta reina a la que solo le falta su corona.

Se me atraganta un poco de puré y toso.

—¿Estás bien? ¿Necesitas agua? ¿Un poco de hielo? —inquiere ella.

Vale, es oficial, necesito que nos vayamos de aquí ya.

—La verdad es que me alegra que Cassie haya encontrado otro trabajo.

—Yo también me alegro, papá.

No lleva nada debajo. Jo. Der.

Me paso el resto de la cena sin apenas articular palabra, a ver, entendedme, soy un neandertal de mucho cuidado en lo que a ella se refiere.

Y la cosa empeora porque parece que alarga la sobremesa aposta. Hablamos incluso de temas de los que ya hemos hablado y en otras circunstancias no me importaría, sin embargo, en esta ocasión, la desesperación me consume un poco el cerebro. Lo tengo frito, ¿entiendes?

—Ya recogemos nosotros si queréis.

—Vale —casi grito mientras tiro de Cassie en dirección a…, no he pensado en eso. Ni siquiera he podido pensar en eso.

—Sabéis que esos dos que están huyendo van a enrollarse, ¿verdad? —Ese es mi hermano, sí. El bocazas, sí.

—Contamos con ello —apunta Maddie.

Voy a tener que traerle no un ramo de flores, sino la floristería al completo después de esto.

—¿Qué es enrollarse, mamá?

—Es lo que hacen mis manos en el cuello de Aaron por lo que acaba de soltar delante de una niña de seis años.

Las carcajadas de Cassie me saben a gloria porque es mejor que el sonido del marcador cuando anoto un tanto. Es mejor que cualquier sonido que haya escuchado antes. O quizá…, quizá compite con la forma en la que pronuncia mi nombre cuando llega al orgasmo.

—Enséñame tu habitación, Fierecilla.

—¿Otra vez? —me provoca, pero sube escaleras arriba, y yo la sigo sin soltarle la mano. Como un perrito faldero, diría Blue. No le falta razón a esa chica.

Cuando la puerta se cierra no le doy siquiera tiempo a respirar, le bajo la falda y ahí está, la prueba del delito.

Contiene la respiración mientras me acerco a ella más hambriento que nunca.

—Has estado así toda la noche. —Asiente—.

Medio desnuda. —Asiente—. Excitada. —Asiente y se muerde el labio—.

Y yo sin saberlo. ¿Y qué es lo que les pasa a las chicas buenas que se portan mal?

Ladea la cabeza y me observa. Sus mejillas se encienden y cuando le coloco una mano sobre el cuello y tiro de ella para besarla, se le escapa un gemido.

»¿Qué les pasa, Cassie? —repito e insisto.

—No lo sé, no me acuerdo.

Sonrío ladino porque sí, es perfecta para mí. Llevo una mano hasta mis pantalones y bajo la cremallera. Mi polla sale disparada para darle la bienvenida, y Cassie se relame de anticipación. He decidido cambiar de postre, no me culpéis por ello.

Me tumbo sobre la cama y palmeo mis muslos para que se suba a horcajadas sobre mí. Lo hace sin dudar.

—Me las como. —Lanzo un mordisco al aire justo después de responderle y de colocarle mi polla en la entrada.

Desciende sin dudar y cuando estoy dentro de ella, gime fuerte, echa la cabeza hacia atrás y su pelo suelto me roza los muslos erizándome el vello a su paso—.

Eres lo mejor que me ha pasado nunca —suelto.

—Eso lo dices porque vamos a follar —murmura con la voz ahogada.

Suelto un suspiro cuando rota sus caderas. He muerto y he subido al cielo, joder.

—Eso lo digo porque te voy a follar —confirmo sus palabras—. Y porque te quiero —asevero—. Ahora, Cassie, demuéstrame que has nacido para montar mi polla —la provoco.

Y ella lo hace sin dudar. Lo hace porque me quiere con todas mis versiones. Las partes buenas y las no tan buenas. Las que tienen miedo y las que no. Las que dudan y las que se arriesgan. Las que aciertan y las que se equivocan.

Y, mientras su frente roza la mía y sus labios y los míos se encuentran, siento que todo lo que un día creí perdido se abre paso de nuevo, como si ella hubiera prendido una luz en un lugar donde yo ya me había rendido a la oscuridad.

La escucho respirar, tan cerca, tan real…

, y me doy cuenta de que no necesito esconder mis grietas porque ella las conoce y, aun así, me elige y me sostiene.

Es entonces cuando me atraviesa la certeza de no soy demasiado, de que no soy poco, no soy un error esperando repetirse, no para Cassie.

Soy suyo, porque ella me ha enseñado a serlo sin miedo.

Y, con su nombre deslizándose entre mis labios como una promesa de futuro, sé que, por fin, he encontrado a la única persona capaz de devolverme a mí mismo. Y no pienso soltarla.

Nunca.