ROMPIENDO LA TRADICIÓN CAPÍTULO 7
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CAPÍTULO 7

Brad

—¿Has hablado con tu padre? —pregunto en cuanto Dean entra en la habitación y deja la puerta entreabierta.

—Sí, van a una fiesta de Nochevieja y mi padre está muy emocionado.

—Parece que Susan ha animado bastante las cosas en tu casa.

—Creo que nunca había visto a mi padre tan animado. —Se acurruca bajo las sábanas conmigo.— ¿Y tus padres? ¿De verdad se han ido a Times Square?

—Sí, están mucho más animados que yo.

—¿Tú no estás emocionado? —pregunta, girándose hacia mí y apoyando la cabeza en una mano, mordiéndose el labio inferior de una forma muy provocativa.

—Mi emoción es otra, ya lo sabes —respondo, deslizando el dedo índice por su pecho hasta llegar al borde de su camiseta y rozando ligeramente su piel con las yemas de los dedos. Me encanta el gemido bajo que se le escapa.

—¿De verdad vamos a pasar la Nochevieja en la cama?

—Creo que sí...

—¿Sin ninguna cerveza? ¿Ni una botella de vino? ¿Nada?

—Lo que quiero está justo aquí —susurro, apretándole la polla por encima de los pantalones de chándal.

—Joder, Brad.

—Quiero estar dentro de ti cuando los fuegos artificiales empiecen a estallar en el cielo.

—Entonces tienes que darte prisa, quedan diez minutos.

Sonrío y me quito la camiseta. Dean se acerca, pega su boca a la mía y...

—¿Papá?

Dean se aparta bruscamente, pero Claire aún no ha entrado en nuestra habitación, aunque su sombra ya se distingue en el pasillo.

—Papá está aquí, cariño —respondo, volviéndome a poner la camiseta. Dean se incorpora en la cama y espera a que ella entre.

—¿Papá? —llama una vez más. No podemos contener la sonrisa cuando entra en la habitación con el chupete en la boca, Minnie y su conejito de peluche en un brazo y el vaso de agua en el otro. Menos mal que compramos esos vasos con tapa que no gotean, porque se lo lleva a todas partes.

La pequeña sonrisa que se dibuja en sus labios, detrás del chupete, hace que a los dos se nos caiga la baba, estoy seguro.

—¡Arriba! —protesta, dejando los peluches sobre nuestra cama.— ¡Arriba! —repite, golpeando el colchón con su manita regordeta.— ¡Arriba! ¡Arribaaa!

Pide subir a la cama con toda la paciencia de la que carece.

—Ven aquí. —Dean se estira y la coloca entre los dos. Ella se acomoda apoyándose en las almohadas y deja a un lado los peluches y el vaso. Entonces me mira.

—Papá —dice con su voz dulce y delicada, dándome suaves palmaditas en el brazo.— Papá —repite, esta vez mirando a Dean y dándole golpecitos en la barbilla con las yemas de los dedos antes de cerrar los ojitos.

—¿Cuánto tiempo hace que no nos pide dormir en nuestra cama?

—No lo sé —respondo, colocándome de lado y deslizando el dedo índice por la frente y la naricita respingona de Claire.

Dean también se pone de lado, tira de la gruesa manta de cuadros para cubrirnos a los tres y sonríe.

—Nada ha salido como habíamos planeado estas fiestas.

—No, pero creo que ha sido incluso mejor de lo que imaginábamos.

Él asiente, esbozando una sonrisa, y gira el rostro hacia mí.

—Feliz Año Nuevo, Brad —dice, besándome en la boca con calma y lleno de amor al mismo tiempo que los fuegos artificiales estallan en el cielo.

—Feliz Año Nuevo, Dean.

Los dos besamos a Claire en las mejillas y le deseamos feliz año nuevo al mismo tiempo. Dean apaga la lámpara de la mesilla, acomoda la almohada y se tumba de nuevo a nuestro lado.

Un fin de año diferente de lo que imaginaba, pero todavía más perfecto.