Capítulo 10. Logan
LOGAN
El camino hacia la perdición siempre ha ido acompañado de palabras vacías sobre un ideal.
—A LBERT E INSTEIN
—Tienes que estar de coña —espeto, lanzándole una mirada fulminante a Johnson mientras saca pecho y se pavonea como un puto gorila a punto de destrozarlo todo.
—Es una orden. Tanto tú como el resto de tu equipo debéis regresar a Quantico.
Así lo ha decidido el director. Eso es lo que pasa cuando te desvías del caso actual para investigar un caso cerrado de hace diez años mientras no deja de morir gente en este pueblo.
Se cargaron a cuatro personas en una noche y ni siquiera te molestaste en hacer preguntas.
Ni te tomaste la molestia de presentarte en el lugar donde se reunieron todos los agentes para peinar los bosques de los alrededores de la zona.
Donny me agarra antes de que pueda lanzarme contra ese hijo de puta engreído que me está sonriendo con aire burlón.
Me zafo de Donny, cojo mi teléfono mientras salgo por la puerta e ignoro al estúpido ayudante del sheriff que tiene la osadía de actuar como si fuera a meterme en uno de sus coches.
Por fin Collins contesta a la llamada y empiezo a gritarle de inmediato.
—¿Vas a permitir esto? ¿Vas a dejar que nos saquen de aquí para que puedan hacer qué? ¿Iniciar una nueva caza de brujas como la que hicieron hace diez años? Es obvio que no han aprendido la lección. ¿De verdad vas a ir a por un deportista profesional con una novia abogada?
Collins suspira con pesar.
—No está en mis manos, y la novia ya era consciente de la intención de arrestarlo antes de que se hubiera decidido. Obviamente, alguien les ha filtrado la información, y ella ha echado por tierra todo el caso. No va a ser como la última vez.
No hay ninguna maldita filtración. Es probable que Lana o Jake previeran que esto iba a pasar y les avisaran a través de Diana. O por algún otro medio que no los delatara. A lo mejor, a estas alturas, ya no les importa quién lo sepa y están más dispuestos a arriesgarse.
Esta vez no pueden falsificar pruebas porque el hijo de Diana tiene coartadas irrefutables. Sería demasiado obvio.
—Vuelve aquí —ordena Collins.
—Y una mierda. No pienso ir a ninguna parte.
—No te queda más remedio, Logan —dice, con exasperación—.
El director ha convocado una reunión para decidir si te suspenden de tus funciones a la espera de una investigación por tu comportamiento.
Afirma que todo tu equipo está demasiado involucrado y que muestra signos de empatía hacia el asesino.
Incluso ha dicho que ayudaste a una mujer y a una niña a huir del pueblo, a pesar de que su marido había sido asesinado y de que en su casa se encontraran otros dos cadáveres, y que lo hiciste antes incluso de que informaras de estas dos últimas muertes.
Te dije que fueras discreto al investigar este asunto, pero no me has hecho caso.
—Vamos, que estás jugando a la política. Pensé que estabas por encima de eso. Y la mujer no tuvo nada que ver con los asesinatos. Alguien más actuó en su nombre y en defensa propia. Enviaron a esos hombres para silenciar a Cheyenne Murdock.
Se queda callado por un momento, y me giro para ver al resto de mi equipo ya recogiendo, dándose por vencidos a la primera de cambio. No puedo dejar a Lana en este pueblo. Si me obligan a hacerlo, dimitiré y me quedaré aquí por mi cuenta.
—No estoy jugando a la política, pero tengo que seguirles el juego hasta que me asegure de que las pruebas que has recabado son suficientes.
Si no regresas con nosotros por voluntad propia, Johnson te arrestará por obstrucción, y yo no podré protegerte mientras estés allí.
Y cuando llegue, podría ser demasiado tarde.
No te arriesgues. No vale la pena. No digas nada de lo que has descubierto.
Solo tienes que volver. No dejes que te encierren en una de sus celdas.
Ya sabes de lo que son capaces en ese pueblo.
Recorro con la mirada a los hombres presentes. Sin duda, Lana desconfiaría de mi capacidad para cuidar de mí mismo si me encerraran aquí. Los violentos recuerdos del pasado la llevarían a arriesgar su vida para venir a buscarme.
Y esa es la única razón por la que no voy a correr el riesgo.
—Está bien —respondo, cortante—. Pero más te vale tenerlo resuelto cuando llegue para poder volver de inmediato.
—Eso intento, Logan. De verdad que sí. Solo dame un poco de tiempo para…
Los altavoces emiten un fuerte ruido estático y dirijo la mirada hacia el televisor del salón. Recuerdo vagamente que el único ayudante que parecía inocente me dijo que el sheriff era dueño de la red de televisión y tenía acceso a un sistema especial de emisión.
Pero no es él quien está a cargo de la retransmisión ahora mismo.
—¿Logan? —me llama Collins, pero lo ignoro mientras entro en la sala de estar y me quedo mirando la presentación de diapositivas que se reproduce en la televisión. Son solo unas cuantas fotos del pueblo al atardecer, pasando una tras otra al azar.
Entonces alguien habla, y suena como la dichosa voz espeluznante de Saw.
—Ciudadanos de Delaney Grove. Es hora de la purga.
Tenéis hasta el atardecer para marcharos…
y salvar vuestras vidas. A partir de ahora, tomamos posesión del pueblo.
Os arrepentiréis de vuestros pecados. Sufriréis las pesadillas que habéis causado en el pasado.
Y por fin ahora, con vuestros propios ojos, esos que tantas veces cerrasteis sin reparo, veréis.
La presentación de diapositivas empieza a cobrar sentido, y se me revuelve el estómago al ver a dos jóvenes conocidos en la calle. ¿Quién coño graba algo semejante?
Una versión más joven de Kyle Davenport aparece ante ellos, y la pantalla muestra a Victoria en el suelo y a Marcus justo detrás de ella. Sus gritos casi me hacen vomitar mientras les suplica que paren, pero Victoria se resiste. Lucha con todas las fuerzas que le quedan.
La sujetan contra el suelo.
Trece contra dos.
Le clavan los dedos en los brazos para agarrarla. Los diez. Por eso se los corta.
—¡Que alguien pare esta mierda! —espeta el sheriff, que sale corriendo de una de las cabañas—. ¡Llamad a Hank y decidle que lo desconecte ahora mismo!
—¡Eso intenta! —le grita el agente del condado—. El muy cabrón está manipulando el sistema.
Las imágenes dejan de mostrar los horrores, como si quien estuviera grabando se hubiera cansado, y la siguiente escena es la de Robert Evans sufriendo un destino igual de repugnante.
Aparto la mirada mientras los agentes se ensañan con él en la pantalla.
—¡Ya! —grita el sheriff —. ¡Tenéis que desconectarlo ya!
Está hablando por teléfono, pero apenas me fijo en él porque vuelvo a centrarme en la televisión cuando la voz se escucha de nuevo.
—No oigas el mal.
La pantalla se queda en negro, pero se oyen varios alaridos de dolor, fuertes y claros.
—No veas el mal.
La pantalla se ilumina con dos inquietantes películas que se reproducen una al lado de la otra en una imagen dividida.
Tras un fundido a negro, aparece una silueta encapuchada.
Lo único que se ve es la capucha oscura.
El rostro no es más que una sombra mientras levanta una mano enfundada en un guante rojo.
Extiende un dedo con el que cubre el lugar donde estarían los labios si se vieran para hacer el gesto universal de silencio.
—No hables del mal.
La pantalla vuelve a quedarse negra y luego se ilumina con imágenes de diferentes personas viendo la televisión.
Estallan los gritos y el pánico. Es como cuando en los partidos de béisbol la pantalla gigante va enfocando a distintas personas y estas se dan cuenta al cabo de unos segundos.
Solo que, en lugar de emoción, lo que sienten al ver sus caras es puro horror.
Y así se repite por todo el pueblo, como si tuvieran cámaras en el salón de cada casa. La gente prácticamente salta de sus asientos cuando ven sus caras en la pantalla de televisión.
Recuerdo el día que todo el mundo dijo que se habían encontrado las puertas de sus casas abiertas, pero que solo se habían llevado los espejos.
Lo de los espejos sigue siendo un misterio, pero ahora queda claro por qué estaban abiertas las puertas. Jake colocó cámaras mientras las familias dormían en la habitación de al lado, ajenas a todo.
La pantalla continúa pasando de una casa a otra, y el sheriff se muestra cada vez más aterrorizado.
—Al atardecer —dice la voz de nuevo mientras la figura encapuchada y envuelta en sombras vuelve a aparecer—. O el monstruo vendrá a por ti.
De repente, la sombra desaparece cuando la figura se acerca bruscamente a la pantalla para mostrar su rostro… Bueno, su máscara. Esta es un espejo que no refleja nada en particular, pero que igualmente transmite un mensaje. Básicamente, lo que se ve reflejado es el propio espejo.
—El monstruo que viene no es peor que aquellos que merecen morir. Elegid un bando. Y elegidlo ya.
La pantalla muestra ahora la calle Belker.
El cartel está al fondo, pero el foco de atención recae en la gran cantidad de sangre esparcida sobre el asfalto.
Entrecierro los ojos al ver lo que parecen unas alas dibujadas en la sangre, justo donde yacía Marcus, y recuerdo el mensaje escrito sobre los ángeles que leí el primer día.
—Los dejasteis morir. Ahora salvaos el pellejo. Mientras podáis.
La pantalla vuelve a quedarse en negro y el ruido estático inunda el aire. Un ayudante cambia de canal varias veces, pero todos reproducen exactamente lo mismo.
—¿Has oído todo eso? —le pregunto a Collins, saliendo fuera mientras Leonard y Donny se quedan con la mirada perdida frente al televisor.
—Lo he oído. Pero aun así tienes que volver. No puedo hacer nada. Date prisa para que podamos aclarar esto y, con suerte, se les vuelva en contra justo a tiempo para que puedas regresar y detenerlo.
Miro a mi alrededor y veo caras furiosas, incluida la del sheriff, que, presa de un arrebato, está dando patadas y maldiciendo mientras culpa a hombres inocentes que es obvio que no ayudaron a Jake a hackear la transmisión.
—De acuerdo. Voy para allá.
Cuelgo y me acerco a Donny y Leonard.
—Tenemos que irnos si queremos volver antes del atardecer.
—¿Van a pedir refuerzos? —pregunta Donny mientras se gira hacia mí.
Miro a mi alrededor.
—No pedirán ayuda si su intención es quitarnos de en medio. Esta investigación está a punto de convertirse en un lío de la hostia. Johnson y Cannon están demasiado ocupados ocultando los crímenes del pasado como para preocuparse por su futuro. Vámonos.
Leonard no dice nada, pero sé lo que está pensando. Acabo de ver cómo violaban a mi novia. Esto es lo único que puedo hacer para no matar ahora mismo a todos los que llevan una placa de ayudante. Por no hablar del propio sheriff .
Nunca he sentido el deseo de matar a alguien. Nunca he traspasado esa línea.
Pero ahora sí.
Espero que mate a todos y cada uno de los putos policías que no acudieron a salvarla cuando la dejaron tirada desangrándose.