Rivalidad, Amor y Hockey (Amor y Hockey 1) Epílogo
100%

Epílogo

─ T ienes las palmas de las manos sudadas. Es como si estuviera sujetando un pez.

─¡Qué comparación más bonita! Vamos, hace calor, Dax.

─No hace ni quince grados ahí fuera.

─¡Estando contigo, rara vez bajamos de los cuarenta! ─respondió ella, fingiendo seriedad.

Su novio se rio y luego le apretó los dedos, instándola a seguir escaleras arriba.

─No es que no aprecie tus cumplidos empalagosos… Pero estás nerviosa, Lucy. Otra vez.

Oh, Dios, sí que lo estaba. Ni siquiera el crujido de las viejas escaleras podía camuflar su respiración entrecortada.

─Mis cumplidos no son nada empalagosos. Son originales ─afirmó, mirando por encima del hombro─. Y nunca le he presentado un chico a mi hermana.

Él enarcó las cejas con incredulidad.

─¿ Nunca ?

─No. Siempre me ha parecido algo demasiado…

íntimo. Habría significado que la cosa iba en serio.

Y nunca fue así. Pero ahora sí. Maddie te prestará demasiada atención, te preguntará por tus intenciones, cuántos hijos quieres tener, si prefieres una ceremonia civil o una boda por la iglesia… Podría volverse incómodo.

Una sonrisa pausada se extendió por el rostro de Dax, algo que ella sintió en la boca del estómago.

─Bueno, lo primero: dos hijos. Lo segundo: el diablo no se casa por la iglesia. Lo tercero: sería muy entretenido explicarle a Maddie mis intenciones, íntegramente castas, con todo lujo de detalles. También puedo hacerle dibujos picantes.

Las mejillas de Lucy se encendieron, porque lo de los dos hijos y la ceremonia civil le sonaba muy bien. Pero, aparte de eso…

─Sí, los dibujos picantes harían que fuera menos incómodo. Tienes toda la razón.

─Bien, entonces me limitaré a hacerle esos dibujos con palabras ─prometió él con voz tenebrosa─. Puedo explicarle todo lo que hicimos ayer, cuando yo…

─Chicos, no están solos ─dijo una voz torturada detrás de Dax, y Lucy se sobresaltó. Vaya. Se había olvidado que Payne estaba allí.

─Perdona, Matt ─dijo compungida, deteniéndose en el descansillo frente a la puerta de su hermana─. No volverá a pasar.

─Llevas días prometiéndome lo mismo y, sin embargo, sigo teniendo pesadillas.

¡Escúchame bien! El único contexto en el que quiero oír la palabra «lóbulo» es cuando alguien me enseña sus pendientes nuevos o me cuenta el dato curioso de que el color del huevo de una gallina depende de sus lóbulos.

¡Palabras como «mordisquear» o «lamer» no tienen cabida en la misma frase!

Dax puso los ojos en blanco.

─No seas llorón. Los dos sabemos que no eres más virgen que yo… ¿Qué demonios haces aquí, de todas formas?

─¿Lucy me invitó?

─¿Por qué? ─preguntó su novio, mirándola sin comprender.

Esta se encogió de hombros.

─Matt es buen amortiguador.

─¿Lo es?

─Lo soy. Deberías saberlo, Dax. Se me da bien todo lo que hago ─confirmó este con suficiencia.

Lucy suspiró y levantó la mano, pero antes de que pudiera tocar, la puerta se abrió.

─Madre mía, las quejas de Matt se oyen a diez kilómetros de distancia ─dijo Maddie, recibiéndolos con una sonrisa mientras atraía a Lucy en un fuerte abrazo─.

Felicidades por el ascenso ─anunció. Esa era la excusa que usó para traer a Lucy y a Dax ese día: el nuevo despacho privado de Lucy y su título de consultora sénior de relaciones públicas─.

Hola, Dax, un placer conocerte. ─Soltó a Lucy para volverse hacia su nuevo novio sexy jugador de hockey ─. He oído hablar mucho de ti.

Dax cambió el peso de un pie a otro con nerviosismo.

─¿Por parte de Lucy o de Matt?

─¡Oh, por parte de ambos!

—Mierda.

Maddie se rio y le restó importancia con un gesto.

─No es para tanto. Pero ¿es verdad que te torciste la muñeca el año pasado con el umbral de tu propia casa? ¿Y que fue por quedarte mirando un pájaro en la ventana, no porque estuvieras borracho?

─¡Ah, ya, Matt! ¡Dijiste que no se lo contarías a nadie!

Su amigo se encogió de hombros.

─A nadie del equipo ─confirmó, sonriéndole a Maddie y revolviéndole el cabello a modo de saludo mientras pasaba por su lado para entrar en el apartamento como si fuera lo más natural del mundo, como si estuviera allí todo el tiempo.

Tal vez así fuera. Lucy no estaba segura de cuánta confianza tenían él y su hermana.

─Oye, Matt, ¿qué tal tu cita de ayer? ─le preguntó Maddie a sus espaldas.

─Oh, bastante bien —respondió, dejándose caer en el desgastado sofá azul de la pequeña buhardilla de Maddie. Tanto él como Dax eran tan altos que casi se golpeaban la cabeza con el techo─. Tenías razón. Exactamente mi tipo de humor, pero, para mi gusto, hablaba demasiado de hacer punto.

Maddie asintió una vez.

─Okay, tomo nota. No te buscaré más entusiastas del punto.

─De acuerdo. Oye, ¿no ibas a hacer algo con esa mancha de humedad? ─Señaló una mancha amarillenta en la pared junto a la cocina americana de su amiga.

─Voy a hacerlo, pero aún no he tenido tiempo.

Matt soltó un bufido.

─Tus tuberías son tan viejas, Maddie, que necesitas un bote inflable.

En respuesta lo fulminó con la mirada.

─Mis tuberías no son asunto tuyo. Solo porque tu padre sea un «todoterreno» no significa que lo sepas todo.

─No sabía que tenías una mancha de humedad, Maddie ─dijo Lucy, confundida, mientras Dax decía al mismo tiempo─: No sabía que estabas teniendo citas, Matt.

─Claro que no, has estado ocupado con otras cosas últimamente ─respondió este con ligereza y asintió hacia Lucy─. Pero no pasa nada.

─Sí, de verdad. ─Maddie le sonrió a su hermana─. Me alegro muchísimo por ti. Así que, Dax, dime, ¿cuáles son tus intencion…?

─¿Le consigues citas a Matt a menudo? ─interrumpió Lucy a toda prisa. Dax aprovecharía la pregunta para volver a molestar a Matt con lo del «lóbulo».

─Oh, todo el tiempo ─respondió Maddie riendo─. Le envío clientas que solicitan mis servicios para buscar algo casual, algo que no afecte demasiado a su día a día, porque eso es justo lo que él también busca.

─Vaya. ¿En serio? ¿Le organizas citas casuales? ─Eso no pegaba nada con su hermana. Maddie había hecho de su profesión el hacer feliz a la gente a largo plazo, no de forma orgásmica a corto plazo.

Su hermana se encogió de hombros.

─No me mires así. Solo soy su celestina de apoyo.

─Eso es muy amable por tu parte ─dijo Dax, impresionado─. Matt no llegaría a ninguna parte por su cuenta. No con esa cara.

Su amigo parpadeó, mirándolo desde el sofá.

─¿Qué le pasa a mi cara?

─Mírate en el espejo. Se explica solo.

Lucy los ignoró.

─Pensaba que tu objetivo era encontrar almas gemelas, no rollos de una noche.

─Y lo es ─le aseguró su hermana─. ¡Matt no es un cliente! Es solo un pequeño favor. Le busco mujeres que quieran lo mismo que él. Nadie sale herido.

Atónita, la menor de las dos abrió la boca.

─¡Eso es injusto! ¡A mí nunca me ofreciste eso!

Y yo tampoco quería nada serio. —Dax se aclaró la garganta, incómodo—.

Ehm, bueno, ahora sí ─respondió apresurada y se apoyó contra su costado─.

Yo… ─Hizo una pausa, volvió a abrir la boca y luego se rio, antes de apoyar la frente en el pecho masculino─.

¡Oh, Dios! ¿Me quedé corta cuando dije que no se me daban bien las relaciones?

─No, en absoluto ─respondió su novio con seriedad.

Matt resopló.

─No puedes cargar con toda la culpa. Ninguno de los dos se dio cuenta de que estaban en una, hasta que se les dijo.

Dax le acarició la cabeza y la besó con calidez en la sien.

─Ya lo iremos descubriendo ─susurró─. Al menos me estás presentando a tu familia, eso es de parejas, ¿no? Y el domingo iremos a cenar con Jack y Anna. Más familia aún.

Lucy asintió y preguntó en voz baja:

─¿Dónde vamos a cenar? ¿En casa de Anna? ¿O por fin Jack y tú quieren mostrarse en público y decir la verdad?

─No, no queremos. ─Su novio puso una mueca─. Lo hablamos y los dos pensamos que el mundo no necesita saberlo.

─¿El mundo no necesita saber qué? ─preguntó Matt distraído con la boca llena. Parecía haber encontrado maníes por alguna parte.

─Que Jack y Dax son hermanos ─respondió Lucy con impaciencia. A veces Matt era un poco lento.

Durante unos segundos, hubo un silencio sepulcral. Entonces Matt exclamó:

─Son… ¿ Qué?

Lucy suspiró y se volvió hacia él para repetirlo… cuando, palideció.

─Ay, Dios. ─Horrorizada, se tapó la boca con la mano. ¿Qué hizo?

Dax gimió en voz baja y se frotó la frente.

─Genial.

─¡Oh, Dios mío! ¡Lo siento muchísimo, Dax! ─Ella lo miró con los ojos muy abiertos─. Es solo que creí que este era un lugar seguro y… mierda, lo siento. ¡Ni siquiera lo pensé!

Su novio suspiró y le puso una mano en el cuello mientras Matt se levantaba del sofá con la boca abierta. Perpleja, Maddie preguntó:

─¿Por qué es eso interesante?

─Lo siento, lo siento ─susurró una Lucy compungida mientras miraba a Dax con preocupación─. ¡Ay Dios, no me puedo creer que yo… yo… ¡argh!

¡Se había sentido tan ridículamente segura los últimos días! Se sentía tan aliviada por no tener que guardar más secretos, por el hecho de que todo el mundo supiera que Dax y ella estaban juntos. Estaba convencida de que ya no les quedaba nada que ocultar. Pero no era así.

─No pasa nada. ─Dax frunció el entrecejo y le restó importancia─. Quería decírselo de todos modos. Pero que nadie más se entere, ¿entendido? ─Miró a Maddie y a su mejor amigo con seriedad.

─¿Pero qué carajos? ─fue la amistosa respuesta de este.

Maddie suspiró profundo y lo empujó por los hombros hacia su cocina.

─Ven, ayúdame a preparar las copas de champán. Estamos aquí para celebrar lo de Lucy.

─Pero… él y Jack West… y yo… esto…

Maddie le metió una manzana en la boca.

─Toma. Come algo sano. Los maníes tienen demasiada grasa.

Gimiendo, Lucy entrecerró los ojos e inclinó la cabeza hacia atrás.

─Lo siento, Dax. No puedo creer que haya hecho eso.

Pero cuando volvió a abrirlos y se encontró con la mirada de su novio, él no parecía enfadado. Todo lo contrario. Sonreía de oreja a oreja.

─No pasa nada, Lucy. Quería decírselo. Y para ser sincero, es tranquilizador saber que no eres perfecta. ─La rodeó con los brazos por la espalda─. Eso me quita mucha presión de encima.

La pelirroja soltó un bufido, divertida.

─¿Porque así no eres el único de nosotros que tiene defectos?

─Exacto.

─Bueno, eso es un alivio ─le informó, levantando la barbilla, no para parecer más alta, sino para besarlo─. Entonces, ¿de verdad estás bien?

─¿Con que seamos dos personas increíblemente imperfectas? ─respondió inocente─. Sí, muchísimo. ¿No sería aburrido si fuéramos perfectos?

─Oh, desde luego no va a ser aburrido ─coincidió ella, sonriendo mientras se ponía de puntillas y él le acunaba la cara. Como si siempre fuera a tener esto… como si pensaran hacerlo por el resto de sus vidas.

Y por supuesto que así sería.

FIN