Capítulo sesenta y cuatro. Odessa
Capítulo sesenta y cuatro ODESSA
Haciendo equilibrio en el borde de un acantilado, a merced de aquel mundo. Los vientos me empujaban de un lado a otro, sacudiéndome, amenazando con arrojarme al mar. Una tormenta se formaba en la distancia, y sus nubes eran el fiel reflejo del caos que azotaba mi corazón.
Más de diez metros abajo, las olas se estrellaban contra las rocas, salpicando la pared del acantilado con espuma blanca. Ah, cuánto deseaba saltar. Sentir la libertad de caer. Quitarme de encima todo el peso, aunque solo fuera por un instante.
Una ráfaga de viento me hizo ponerme de puntillas. Unos brazos fuertes se posaron sobre mis hombros, anclándome a la tierra. A él.
–Me encontraste. –Apoyé la cabeza contra el pecho de Ransom mientras mis rizos se mecían a nuestro alrededor.
–Siempre lo haré. –Su pulgar acarició los anillos de elfalter en mis dedos, mientras la diadema de plata que llevaba sobre la frente reflejaba la luz del atardecer.
–Los Mavin regresaron. Mi padre los contrató.
–Bien. Necesitaremos su ayuda.
–¿Podemos lograrlo?
–Podemos intentarlo. Juntos.
Cerré los ojos y entrelacé mis dedos con los suyos.
–Juntos.
Ransom se inclinó hacia mí mientras yo levantaba la barbilla. Su boca rozó la mía y, con ese beso, el mundo pareció aquietarse. Las olas de abajo dejaron de romper con ferocidad. La tormenta del horizonte dejó de parecer tan amenazante.
Y, cuando se apartó, me perdí en el verde de sus ojos.
–Te amo, Odessa Wolfe. –Pronunció las palabras que tanto había deseado oír durante meses.
Pero no las necesitaba. No de verdad.
–Sí, lo sé. No lo olvides.
–Jamás. Entremos antes de que llueva. –Me tomó de la mano y me apartó del borde del acantilado.
Pero algo volvió a llamarme.
Un leve hormigueo empezó a recorrerme los brazos. Sentí la sangre agitarse y algo en mi interior tiró de mí con tanta fuerza que me hizo detenerme.
Me quedé quieta y miré por encima del hombro.
Un pulso en el pecho, como si mi corazón latiera con demasiada fuerza. Una vibración que se extendió desde el corazón hasta las manos. Duró apenas un instante y luego se desvaneció.
Pero volvería. Si las visiones del diario de mi madre se hacían realidad, el pulso volvería.
–¿Dess? ¿Pasa algo?
Miré los ojos de Ransom, tan verdes como el paisaje turano, y le dije a mi esposo lo que temía que fuera la primera de muchas mentiras. Una mentira que me rompió el corazón.
–No. No es nada.
***
Un guerrero de ojos plateados cae de rodillas mientras el suelo tiembla. Sangre verde oscuro gotea de la punta de sus dedos. Un grito ensordecedor atraviesa el aire. El batir de unas alas inmensas le aparta el cabello del rostro.
Mira al monstruo y suelta la espada.
Y antes de que el guerrero encuentre su final, susurra…
–Mi reina.