¡Sois los mejores!
Al día siguiente, Rita se lo pasó bomba .
Sentía que había superado un nuevo reto : ir de convivencias con el nuevo cole y los nuevos compañeros.
A pesar de haber ido sin estar muy convencida, ahora creía que era divertido, que tenía un lugar en ese grupo y que le ocurrían cosas que nunca le habían pasado en el antiguo colegio, y todo eso también era apasionante.
Antes de subir al autocar para volver a casa, Rita se reunió con Camila, Miguel y Beti y les dijo:
—Lo siento por los retortijones —dijo Camila, que aún sentía que era la causante de todo el lío del día anterior.
—No, Camila, gracias a ti pasamos la tarde más emocionante de nuestras vidas , ¿verdad? —Miguel y Beti dijeron que sí con la cabeza y ella se sintió mucho mejor.
Rita regresó al lado de Beti, que esa misma tarde tenía revisión con el oculista.
—Ojalá me dejen destaparme el ojo. Estoy muy cansada de que el otro sea tan vago…
—Seguro que te lo van a destapar, ya lo verás.
Al cabo de nada, Miguel gritó:
—¡Mirad! ¡Ya están ahí!
Rita miró por la ventana y vio a todas las familias esperándolos.
Le costó un poco encontrar a la suya, pero por fin, entre la muchedumbre, distinguió a sus padres y a sus hermanos.
Del bolso de Janis se asomaba su hurona preferida del mundo mundial: Yoga , que buscaba con la mirada dónde estaba su dueña.
Janis no sabía que la hurona estaba dentro de su bolso.
Otra vez había logrado escapar sin que su familia se diera cuenta.
Antes de que el autocar se detuviera, Luisa se acercó a los asientos donde estaban y les dijo:
—Espero que os lo hayáis pasado muy bien en estas convivencias. Ah, y sobre todo, muy importante: prometedme que nunca más os vais a alejar de mí . ¿Entendido?
—Pero ahora tenemos que irnos a nuestras casas —replicó, preocupada, Camila.
—Me refiero a cuando nos vayamos de excursión —puntualizó Luisa, riéndose de las ocurrencias de esa niña.
—¡Ah, vale! —saltó Camila—. Pero si un día vuelvo a tener retortijones…
—Si tienes retortijones, me lo dices y ya te acompañaré yo —dijo Luisa, contundente.
Camila dijo que sí con la cabeza, pero pensó que no le gustaría ni pizca hacer caca con la profe a su lado. Prefería a sus amigos , de eso estaba segura.
Cuando Rita bajó del autocar, Yoga no pudo evitarlo y se escapó del bolso de Janis para correr a subirse a su hombro. Janis exclamó:
— ¡Mecachis! ¡Hay que ver, Yoga! Siempre te escapas de casa, ¿eh? —No lograba entender cómo no se habían dado cuenta. ¿Podía ser que vivieran con la hurona más inteligente del planeta?
— ¡Ay, Yoga, cómo me alegro de que hayas venido! ¡¡¡Te he echado mucho de menos, pero también me lo he pasado muy bien!!! ¡¡¡Te tengo que contar MUCHAS cosas!!! —Rita estaba muy contenta de que Yoga hubiese ido a recibirla.
La hurona se le acercó más al cuerpo, como si le diera un abrazo, y ella cerró los ojos. Se sentía muy feliz, también, al volver a casa al cabo de poco más de veinticuatro horas muuuuuuuuuy intensas .