Rita Bumbum se va de campamento (Rita Bumbum 3) ¿Alubias?
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¿Alubias?

El autocar aparcó delante del albergue, que en realidad era una enorme y antigua casa de campo .

Ante ellos había un amplio terreno y, a lo lejos, árboles y más árboles cargados de los colores del otoño y algunos que ya empezaban a perder las hojas.

Nada más bajar del autocar y pisar suelo firme, Miguel ya tuvo la sensación de que se encontraba mejor.

Dejaron las mochilas en la entrada de la casa, sacaron los bocadillos y las fiambreras que llevaban y se adentraron en el bosque para comer.

La mujer del albergue le había indicado un sitio a Luisa donde podrían quedarse a almorzar y jugar un rato antes de regresar y explorar la casa por dentro.

Luisa no era la única profesora que los acompañaba.

También había ido Juan Manuel, el profesor de música, a quien se le había ocurrido amenizar el viaje haciéndolos cantar durante todo el viaje en autocar, aunque Rita y sus amigos no habían prestado mucha atención.

—Qué manía tienen siempre de hacernos caminar. Yo me hubiese quedado en la casa, comiendo y jugando allí en el patio. —Lo que no le gustaba a Beti era que los adultos le mandaran y le dijeran qué tenía que hacer en cada momento.

—Ir al bosque es muy guay, a mí me encantaaaaaa… —Rita era muy fan de la naturaleza porque sus padres la habían acostumbrado a ir desde que era pequeña y era un entorno en el que se sentía a gusto.

Caminaron durante media hora por un bosque lleno de robles, encinas y también algunos pinos.

Estaba todo bastante húmedo porque hacía un par de días que había llovido con ganas y, en algunas zonas, había musgo verde precioso que a Rita le encantaba acariciar.

Algunos niños y niñas gritaban: «¡Setas!

» , cada vez que veían alguna, pero Luisa no dejó que cogieran ninguna.

Al cabo de un rato, la profesora les dijo:

—Ya podemos parar a almorzar… ¿No tenéis hambre? ¡Yo me comería hasta un elefante!

—¡Por fin! —protestó Miguel, que hacía rato que se quería zampar el bocadillo de tortilla que le había preparado su madre. De repente, miró a Beti Pirata y le preguntó—: ¿Qué traes tú?

—Alubias, la especialidad de mi padre.

— ¿Alubias? —preguntó Rita, que le pareció el almuerzo más raro que había visto nunca en una excursión.

—Comer tanto pan es aburrido, a mí me gustan los platos de verdad. —Beti estaba orgullosa de su fiambrera.

—Pero ¿eso no te provocará muchos pedos ? —preguntó Camila, que todo lo llevaba a su terreno.

—No lo sé… Lo sabremos dentro de un rato, ja, ja, ja —se rio ella, que sí que recordó que a veces, cuando comía alubias, se tiraba más pedos de lo habitual.

Cuando todo el mundo ya había terminado de comer, Luisa dijo:

—Ahora podemos hacer un rato de juego libre , ¿qué os parece? Pero sin correr mucho, eh, que hay que hacer una buena digestión.

¡Ay, qué bien! ¡El juego libre era lo que más les gustaba a todos!