¡Va todo muy rápido
Los niños y niñas viven con tanta intensidad que los días previos a irse de convivencias pasaron realmente rápido.
Rita se empezó a preparar la mochila cuatro días antes porque cada vez tenía más ganas de ir y no quería olvidarse nada.
Tenerlo todo listo con antelación la hacía sentir segura .
Al final, sí que había metido el ratoncito de peluche en la mochila…
¡Confiaba en que nadie se riera de ella!
Camila había tenido una conversación con Mónica, su madre, sobre sus preocupaciones por la caca.
—Cami, ¿sabes qué creo? Que cuando estás nerviosa, te fijas más en el tema de la caca y sufres, pero en el fondo, hacer caca es algo natural que hacemos todos los humanos del mundo y no debería procuparte.
Si un día te entran ganas y no tienes un váter cerca, se lo dices a Luisa y ella te va a ayudar a encontrar uno. ¿Vale?
—Si un día me la aguanto un poco, ¿se me puede quedar dentro para siempre?
—No, amor mío, la caca no se te puede quedar dentro para toda la vida. Saldrá tarde o temprano, no te preocupes.
— Uf, menos mal —respiró aliviada Camila.
En casa de Beti, su padre le guardaba un parche para el ojo en la mochila por si acaso el que ya llevaba se le ensuciaba o se lo quitaba. Beti tenía taaaaaantas ganas de irse que no paraba de decir:
—¿¿¿Por qué las convivencias tardan tanto en llegar??? ¡¡¡Se me está haciendo eterno!!!
Miguel, que era un poco despistado, había perdido la lista de las cosas que tenía que meter en la mochila y ponía excusas a sus padres:
—Me la guardé en el bolsillo, os lo juro, pero no sé…
¿Y no recuerdas qué había apuntado? —le preguntaba su madre mientras ponía los ojos en blanco, porque estos olvidos de su hijo eran más habituales de lo que le gustaría.
— MmmmmM… No mucho… Lo de siempre, no sé.
—Será mejor que llamemos a la madre de Camila —concluyó, resolutivo, su padre.
Mientras, en casa de Rita, Nico observaba cómo su hermana preparaba la mochila y ahora le daba envidia que ella se fuera a hacer cosas emocionantes y él aún no.