Rita Bumbum se va de campamento (Rita Bumbum 3) Hoy no me voy a dormir
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Hoy no me voy a dormir

Cuando Rita ya estaba metida en la cama y Yoga daba vueltas encima de ella mientras intentaba encontrar la postura y el rincón más cómodo donde echarse a dormir, su padre entró en el cuarto.

—¿Seguro? —Rita no estaba muy convencida: su padre muy a menudo se quedaba frito cuando acompañaba a alguno de sus hijos a dormir.

—Segurísimo. —Max se puso cómodo a su lado y se volvió para mirarla a los ojos—. Oye…, ¿no te apetece ir a las convivencias?

—No lo sé… Es que hace muy poco que los conozco. —Rita bajó la mirada; le daba vergüenza reconocer que se sentía insegura.

—Pero tienes amigos en clase, ¿no? —Max creía que Rita estaba a gusto en ese grupo.

—Sí, supongo…, pero igualmente… no son como los amigos de antes, ¡a quienes conocía desde los tres años!

Y además…, no tendré a Yoga para dormir.

—Eso sí que se le haría cuesta arriba. Cuando Rita iba a una fiesta de pijamas, siempre dejaban que se la llevara y terminaba siendo la reina de la noche.

—Es verdad, no la tendrás porque no voy a dejar que se escape, que ¡menudo lío montó el día que fue contigo al colegio! —Max recordó el jaleo que generó hacía solo unos días.

— ¡Sin ella NO SÉ SI ME SENTIRÉ segura! —A Rita le entraron ganas de llorar y le empezaron a rodar algunas lágrimas por las mejillas.

—Lo entiendo… Yoga te ayuda mucho por las noches… Pero puedes llevarte un peluche e imaginarte que es ella. Piensa que siempre estás conectada con Yoga y con nosotros a través del hilo invisible … ¿Lo recuerdas?

—Sí. Pero… ¿un peluche? ¿Y si soy la única que lleva uno y los demás se ríen de mí? —Rita no sabía qué hacían los niños y niñas cuando se iban de convivencias.

—¿Por qué iban a reírse? ¡Los peluches son muy útiles para pasar noches fuera de casa! Además, ¡son muy bonitos! —Max agarró un ratón de peluche que Rita tenía sobre la cama y lo abrazó.

¡A mí aún me gustan y tengo cuarenta años!

Rita pensó que su padre era MUY pero que MUY mayor , pero le gustó que, aun así, todavía le gustaran los peluches.

—Me llevaré uno y lo esconderé dentro del saco por si soy la única que lleva uno… y por la noche lo abrazaré, como hago con Yoga.

—Pues claro que sí. Todo irá bien, ya lo verás. ¡Puedes con esto y mucho más! Debes creer en ti, Rita, eres una niña PODEROSA , ¡no lo dudes nunca!

La hija de Max no entendió del todo a qué se refería su padre, pero le gustaba que hablara así de ella porque, poco a poco, se iba sintiendo más valiente para afrontar lo de pasar una noche fuera de casa.

—Y si te entra morriña, no pasa nada. Respiras hondo, abrazas con fuerza el peluche y te tocas el ombligo para conectar con nosotros y con Yoga. Todo está bien y todo va a salir bien. ¿Vale?

—Vale.

— ¿Has visto? ¡No me he dormido! —exclamó Max orgulloso por haber cumplido su promesa.

—¡Porque no nos hemos callado, papá! ¡Ja, ja, ja!

El padre se echó a reír y tuvo que darle la razón a su hija. Le dio un beso y salió de la habitación después de desearle buenas noches . La hurona, tumbada al lado de las piernas de Rita, se levantó y se metió dentro de la cama con ella para dormir acurrucadita a su lado.