Rita Bumbum se va de campamento (Rita Bumbum 3)
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La alegría de Nico
Rita no se había podido sacar el runrún de la barriga en todo el día. Por la noche, justo antes de cenar, sacó de la mochila el papel donde había apuntado toda la información de las convivencias y fue hasta el comedor (donde estaba el resto de la familia) para entregárselo a su madre.
—¡Qué bien, Rita, este año vas a ir de convivencias! —Janis la miró e intentó descifrar si a su hija le hacía ilusión o no.
—¿De qué? —preguntó Nico, que no había entendido nada.
—Dentro de poco se irá de excursión con su clase y pasarán la noche fuera —le explicó su madre con cariño.
— ¡Viva! ¡Un día sin Rita! ¡Me encanta! —A Nico se le dibujó una sonrisa de oreja a oreja. Estaba contento porque, cuando Rita no estaba, siempre hacía cosas especiales con sus padres y ¡eso le encantaba!
—Oye, ¿de qué vas? —protestó ella. El comentario de su hermano no le había hecho ni pizca de gracia.
—Nico, veeeeeengaaaaaa, no la pinches… —Janis no tenía ganas de que ahora estallara una pelea entre hermanos.
—¿No tienes ganas de ir? —preguntó Max al ver la cara de poca ilusión que ponía Rita, cuando normalmente a ella siempre la entusiasmaban las novedades del colegio.
—Normal… ¿Cenamos?
Era evidente que Rita no tenía ganas de hablar delante de todo el mundo.
Esa noche quizá su padre podría volver a intentar sacarle el tema…
La hurona oyó la palabra «cenar» y se apresuró a subirse al regazo de Rita.
Siempre que la familia comía en casa, Rita le daba un trocito muy pequeñito de pavo.
—Toma, Yoga, tu trocito.
—¿Y cuándo te vas? —preguntó Nico.
—Pronto… Tú también tendrás que irte. —Rita supuso que, si ella se iba, a su hermano tam-bién le tocaría, aunque fuera menor que ella.
—¿Yo? —preguntó Nico, extrañado—. ¿Yo también me voy a ir de convinza ?
— ¡CON-VI-VEN-CIAS! —replicó Rita con aires de superioridad.
—¡Eso!
—Tú, aún no, Nico, porque eres demasiado pequeño. Vosotros iréis de excursión y pasaréis una noche fuera de casa a finales de curso. ¡Aún queda MUCHO! —Janis lo sabía de la reunión con las familias.
— ¡Ah! Uf… —exclamó Nico, que también sentía que no estaba preparado para irse a ningún lado.
La conversación estaba poniendo muy nerviosa a Rita y un mechón de pelo de debajo de la oreja izquierda se le empezó a poner de color lila. Le pasaba cuando las emociones se apoderaban de ella y cuando el corazón le hacía bum-bum, bum-bum , bum-bum …
—¡Mira, Ita, ila ! —saltó Mía al darse cuenta.
Rita empezó a respirar despacio. Inspiraba por la nariz y soltaba el aire por la boca y, como tenía a Yoga en el regazo, también la acariciaba lentamente, intentando que el tacto sua-ve de su pelo la calmara un poco.
No le gustaba que su pelo se volviera lila porque sentía que aquello la convertía en una niña rara y ella no quería ser rara, ¡quería ser una niña normal!
Pero estaba nerviosa: tenía miedo y curiosidad al mismo tiempo.
¿Podía ser? No le apetecía y tenía muchas ganas todo a la vez.
¡¡Qué raro tener esta mezcla de sentimientos!!