Capítulo 39
Willa
“ P or qué no me contasteis lo de las otras chicas desaparecidas?” pregunté, irrumpiendo en la cocina desde el garaje.
Neo me había preguntado cómo me había ido con Nikki cuando volví al coche, pero no quería decir nada hasta tener a los tres Kings juntos.
Quería pillarlos por sorpresa, evitar que Neo avisara a Rock y Oscar para que pudieran seguir mintiéndome.
Había pasado todo el viaje de regreso enfurruñada en el asiento del copiloto, repasando todo lo que Nikki me había dicho e intentando descifrar qué demonios estaba pasando.
Rock estaba de pie junto a una olla de sopa, con un delantal puesto y sosteniendo una cuchara de madera.
Dejó la cuchara y miró a Oscar y Neo.
—No los mires a ellos —dije—. Mírame a mí.
Oscar se cruzó de brazos y se apoyó en la isla. —Escucha, fierecilla, si te sientas y —
—Ni se te ocurra hablarme con condescendencia, Oscar Drago. —Lo fulminé con la mirada—. Quiero respuestas. Ahora.
Rock se atrevió a mirar de nuevo a Neo, con una expresión de qué-demonios en los ojos, pero en lugar de decir algo grosero o condescendiente, Neo simplemente negó con la cabeza.
Me pregunté si se sentiría culpable por lo que había pasado entre nosotros en la carretera, porque en algún lugar bajo mi ira y miedo por Emma, así era como yo me sentía.
No les debía a Rock u Oscar ninguna explicación —no éramos exclusivos ni nada—, pero aun así se sentía como una traición.
Odiaba esa sensación.
—No creemos que tuviera nada que ver con Emma —dijo Rock, dejando la cuchara de madera.
Me reí, pero sonó más como un ladrido. —¿Cómo puedes decir eso? Todas las chicas desaparecidas eran de Bellepoint, y todas tenían la costumbre de venir aquí a las fiestas.
Había descubierto esa última parte después, cuando Nikki me contó que Emma sabía que algo extraño estaba pasando en Aventine.
—Muchas chicas de Bellepoint vienen aquí a las fiestas —dijo Neo con calma—. Solo cuatro de ellas han desaparecido.
Me giré hacia él, que seguía de pie cerca de la puerta del garaje. En algún lugar más allá de la cocina, podía oír el sonido de un partido de fútbol americano en la televisión de la sala de estar.
—¿ Solo ? ¿Solo cuatro chicas? —Las lágrimas habían brotado en mis ojos, y la pena luchaba contra la rabia en mi cuerpo—. ¿Cómo puedes decir eso? Cada una de esas chicas tenía personas como yo que las querían.
—Lo siento.
Casi me desmayo de la impresión. ¿Neo Alinari disculpándose? ¿Conmigo?
—Eso no ha sonado bien —dijo—. Estoy señalando que el porcentaje de chicas que vinieron aquí a las fiestas y desaparecieron es estadísticamente pequeño, no para minimizar sus desapariciones, sino para evitar que nos centremos donde no debemos.
Todavía me estaba recuperando del hecho de que Neo se hubiera disculpado, que incluso hubiera sonado sincero por primera vez en su vida.
Quería volver a simplemente odiarlo, pero entre el recuerdo de su boca en mi pecho, su polla palpitando contra mi estómago y su disposición casi humana, no me lo estaba poniendo tan fácil como yo esperaba.
—Parece que deberíamos centrarnos en el detalle de que las chicas de Bellepoint están desapareciendo en Aventine. ¿Qué tienen en común? —pregunté.
—Sin ánimo de ofender —dijo Rock, apagando el fuego de la cocina—, pero estás enfocando esto mal.
—¿De qué estás hablando?
—Te estás centrando en lo que las chicas tienen en común —dijo Oscar—, en lugar de en lo que las hace diferentes.
Intenté entender lo que estaba diciendo. —Sigo sin entenderos.
—Las otras chicas eran negras, nativas —dijo finalmente Neo desde su lugar junto a la puerta del garaje—. Y se hizo parecer que se habían ido voluntariamente.
Las palabras estaban formando algo que finalmente tenía sentido. —Quien se llevó a Emma corrió un riesgo —dije—. Sabían que ella no pasaría desapercibida. —Otra pieza encajó en su lugar—. Y no tuvieron tiempo de hacer que su desaparición pareciera intencional.
—Exactamente —dijo Rock.
—¿Ya te estás haciendo la misma pregunta que nosotros? —preguntó Neo, con voz fría.
—Tú primero —dije.
—¿Por qué tanta prisa con Emma? —Los ojos oscuros de Oscar buscaron los míos—. ¿Por qué era tan importante hacerla desaparecer? ¿Lo suficientemente importante como para que quien fuera responsable estuviera dispuesto a arriesgarse a toda esa atención después de pasar años cubriendo sus huellas?
—Entonces sí crees que la desaparición de Emma está conectada con las otras chicas —dije.
Oscar se pasó la mano por la cara, algo que solo hacía cuando estaba frustrado o cansado. —Simplemente no lo sabemos. El hecho de que parezca que las otras chicas se fueron voluntariamente hace las cosas... complicadas.
Lo fulminé con la mirada. —No es complicado. Cuatro chicas han desaparecido de Bellepoint en cuatro años. Están conectadas. Lo sabíais todo este tiempo y, por lo que parece, no habéis hecho una mierda al respecto.
El dolor fue como una patada en el pecho, y tuve que obligarme a respirar hondo mientras la realidad me golpeaba. Nadie había buscado a las tres primeras chicas. Quien se las había llevado tenía vía libre para seguir haciéndolo cuando Emma desapareció.
Oscar se acercó a mí. —No entiendes lo que está en juego —
—Cuatro años. —Interrumpí a Oscar—. Y desde donde yo estoy, parece que a nadie le importó una mierda.
Me estaba ahogando en un océano familiar de dolor. De ninguna manera iba a derrumbarme delante de los Kings.
Me di la vuelta y salí de la habitación a grandes zancadas.