Reyes y Caos (Universidad Aventine nº 2) Capítulo 17
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Capítulo 17

Willa

J oder, no necesitaba otro paquete misterioso después de esta noche.

—Déjame verlo —dije cuando las puertas del garaje se cerraron tras nosotros.

—Ni hablar, tigresa —Oscar ya se dirigía hacia la casa—. Primero tenemos que asegurarnos de que sea seguro.

Mi protesta murió en mis labios cuando me di cuenta de lo que estaba diciendo. Mi acosador podría haberme enviado algo peligroso. Una bomba o algún tipo de veneno o algo diseñado para impedir que siguiera buscando a Emma.

Entramos en la cocina y Oscar colocó el paquete con cuidado sobre la isla.

Neo miraba fijamente su teléfono.

—¿Vas a publicar esto en redes sociales? —pregunté—. Porque me gustaría saber qué hay en el paquete que lleva mi nombre.

—Y a mí me gustaría saber cómo demonios entró alguien en la propiedad para dejarlo —dijo Neo—. Estoy accediendo a la cámara de seguridad del frente de la casa.

—Buena idea —dijo Rock—. Ver quién lo dejó también podría darnos una pista sobre lo que contiene.

Porque si era una bomba, presumiblemente quien la dejó lo habría hecho con cuidado.

Genial.

—Déjame ver —dije, acercándome para ponerme junto a Neo y poder ver su teléfono.

Casi me sorprendió que no me apartara, pero estaba demasiado concentrado en la imagen en blanco y negro de su teléfono.

Rock y Oscar se apiñaron detrás de mí, y todos observamos cómo aparecía el frente de la casa. Un reloj mostraba la hora en la parte superior de la pantalla.

8 p.m.

9 p.m.

10 p.m.

Nada, solo el frente de la casa, iluminado por las luces que habían sido instaladas expertamente para resaltar la arquitectura moderna de la casa.

Y entonces, a las 11:03 p.m., se encendieron los focos.

—¡Espera!

Neo pausó el video. —Sé lo que estoy haciendo.

Los focos estaban conectados a sensores y solo se encendían si algo se acercaba a cierto radio de la casa. Normalmente eran ciervos, y una vez, un oso, pero esta vez no había ni ciervo ni oso.

Neo ralentizó el video y contuve la respiración, esperando mientras el tiempo avanzaba más lentamente.

11:03... 11:04... 11:05 p.m.

Alguien apareció en el encuadre de la cámara, una sombra vestida de negro y con un pasamontañas como el que llevaba el hombre que me había perseguido por el bosque y el que usaban el decano Giordana y el otro hombre que habían planeado enterrarme en la cabaña.

—Definitivamente es un tío —dijo Rock.

La figura era alta y de hombros anchos, y se acercó al porche sin siquiera mirar alrededor.

—Sabía que no estábamos en casa —dijo Drago.

—Sí —la voz de Neo sonaba tensa.

Observamos cómo el hombre caminaba hacia el porche moderno. Se inclinó para dejar el paquete junto a la puerta, luego sacó su teléfono. Un destello de luz brilló en la pantalla.

—¿Acaba de... tomar una foto? —pregunté.

—¿Quién se cree que es este cabrón? —se enfureció Drago—. ¿FedEx?

El hombre se dio la vuelta para marcharse y Neo pausó el video, luego amplió la imagen. No sirvió de ayuda. Estaba cubierto de pies a cabeza. Incluso sus manos estaban enfundadas en guantes. Sus únicos rasgos visibles eran los ojos y la boca, y ninguno ayudaba a identificarlo.

Literalmente podría haber sido cualquiera.

—Joder —maldijo Neo—. Tuvo que haber entrado por el bosque. Sabía que eso sería un puto problema.

—Los problemas de la cadena de suministro están fuera de nuestro control —dijo Rock.

Rafe, el tipo que había instalado el sistema de seguridad y la puerta, les había dicho a los Kings que el acero necesario para una valla alrededor del perímetro de la casa estaba retenido en el extranjero y no llegaría hasta dentro de al menos cuatro semanas más.

Neo le había hecho llamar a todos los proveedores potenciales del país, pero todos habían dicho lo mismo.

—Nada puede estar fuera de nuestro control —dijo Neo—. No con esto.

Supuse que esto se refería a mi acosador, aunque me sorprendió que a Neo le importara.

—Entonces contratamos guardias —dijo Oscar—. Armados.

—¡Eh! —levanté la mano—. No nos pongamos todos en modo El Padrino hasta que averigüemos qué hay en el paquete.

Neo dejó su teléfono mientras Oscar sacaba un cúter de un cajón de la cocina.

—¿No deberíamos grabar esto? —pregunté.

—¿Por qué demonios haríamos eso? —preguntó Neo.

—Por si necesitamos llevarlo a la policía o algo así. Probablemente ni siquiera deberíamos abrirlo sin ellos.

—Nadie va a ir a la puta policía, Jezebel. ¿Estás colocada?

Vale, de acuerdo. Eso fue culpa mía. La gente como nosotros no acudía a la policía.

Para nada. No llamábamos la atención de las fuerzas del orden.

Éramos nuestra propia ley.

—Bien —refunfuñé—. Solo ábrelo de una vez.

Oscar cortó la cinta de embalaje de la caja. —Sea lo que sea, no creo que vaya a explotar en nuestras caras. El tipo que lo dejó no fue tan cuidadoso.

Dejó el cúter y abrió las solapas, luego metió la mano y sacó un montón de fotos.

Se me cortó la respiración cuando vi la que estaba encima: yo sentada en una mesa, con los ojos nuevamente tachados.

—¿Eso es en Syd's? —preguntó Oscar, cogiéndola y mirándola más de cerca.

—Parece que sí —dijo Rock—. Cómo demonios...

Oscar puso un trozo de papel sobre la isla, otra nota escrita con letras irregulares recortadas de una revista.

La cogí:

DILE A TUS NOVIOS QUE DEJEN DE HUSMEAR, ZORRA.

O LOS DETENDREMOS NOSOTROS — JUSTO ANTES DE CALLARTE PARA SIEMPRE.

EMMA SE HA IDO. DÉJALO ESTAR.

Escuché mi propia respiración entrecortada, con la mirada fija en las únicas palabras que importaban.

Emma se ha ido .

Solté el papel como si me hubiera quemado y me quedé mirándolo.

Rock me rodeó con su brazo. —Malditos cabrones. ¿Quién lee revistas hoy en día?

Contuve la risa maniática que me subió por la garganta. La carta no decía que Emma estuviera muerta —decía que se había ido— pero mis ojos se clavaron en esa única palabra.

Sabía lo que significaba, podía sentir la intención detrás de las palabras.

Siempre había supuesto que estaba muerta, porque sin importar lo que dijera mi madre, yo sabía que Emma no se habría ido sin decírmelo, pero verlo escrito con esas espeluznantes letras disparejas de revista era como una puñalada en mi corazón.

—Hay algo más —dijo Oscar, metiendo la mano en la caja.

Miró un objeto en su mano y luego lo colocó sobre el montón de fotos.

Me encogí al verlo: una fina cuerda amarilla atada con una cinta roja.

—¿Eso es... mi pelo? —casi me atraganté con las palabras.

Neo lo cogió y sostuvo el mechón dorado junto a mi cabeza. —Definitivamente es del mismo tono. —Se dio la vuelta y caminó hacia la ventana—. Hijo de puta.

Mi cabeza zumbaba, la oscuridad invadía mi visión como cuando me paraba al borde de la cantera.

Rock cruzó la cocina hasta el fregadero y llenó un vaso con agua, luego regresó y lo puso en la isla frente a mí.

Bebí por reflejo, sorprendida de que el agua fresca realmente me aclarara un poco la mente.

Me apretó los hombros. —Esto es una locura. ¿Quieres sentarte?

Negué con la cabeza. Quería... no sabía lo que quería. Supongo que quería volver a como eran las cosas antes.

Antes de que Emma desapareciera y antes de que mi vida estuviera definida por su desaparición.

No, incluso antes. Cuando mi padre todavía estaba y yo era lo bastante estúpida para pensar que todo estaba bien.

Busqué a tientas una de las sillas de la isla y Rock la apartó para que pudiera sentarme.

Neo empujó las fotos hacia mí. —¿Hay algo que te llame la atención en estas? ¿Algo que pueda ayudarnos a averiguar quién es este cabrón?

Cogí el montón de fotos.

Yo en Syd's la única vez que había ido con Rock.

Debajo, una imagen que me hizo arder la cara: la espalda de Neo, contra el Maserati, mi pelo apenas visible más allá de su hombro.

Luego, yo en la cafetería, riéndome con Claire.

Yo, caminando por el campus con Oscar, con el pelo cubriéndome la cara por el viento.

Yo, de pie al borde del acantilado en la cantera, de espaldas a la cámara.

Rock y yo en el jacuzzi, con la cabeza de Rock entre mis muslos.

Rock y yo en Cassie's Cuppa, claramente teniendo una conversación intensa.

—Joder —dijo Rock por encima de mi hombro—. ¿Quién demonios es este tipo?

Mis ojos estaban tachados en todas las fotos donde se veía mi cara.

—No es solo un tipo —dijo Neo.

—Tiene razón —dijo Oscar—. Mira la elección de palabras en la carta: los detendremos nosotros, no lo detendré yo. Y no hay manera de que una sola persona pudiera haber estado en todos estos lugares. Piénsalo.

Durante un largo momento, nadie dijo nada. Estaba tratando de asimilar lo que Oscar estaba insinuando cuando Rock habló.

—Estos lugares, sería difícil que una sola persona llegara a todos ellos.

De repente, lo entendí. Syd's era un bar de moteros. Eso significaba que quien hubiera tomado la foto allí probablemente era miembro de uno de los MC, o al menos un lugareño.

Pero los moteros no frecuentaban Cassie's, al menos no que yo hubiera visto, lo que significaba que probablemente otra persona había tomado esa foto.

¿Un lugareño? ¿Un visitante de fin de semana?

Las fotos en el campus y en la fiesta de la cantera gritaban estudiante, lo que no reducía exactamente el campo.

—Siempre supimos que era más de una persona —dijo Neo.

—Siempre supimos que eran al menos dos personas —dije—. Esto... esto es una locura. ¿Cómo conseguiría alguien mi pelo ?

Se me erizó la piel. De repente sentí como si un maldito ejército estuviera tras nosotros.

Bueno, tras mí principalmente.

Neo empujó las fotos y se deslizaron por la encimera de mármol. —Solo son fotos.

Lo miré boquiabierta. —¿ Solo fotos?

—Un grupo de personas diferentes podría haberlas tomado, pero eso no significa que todos estén metidos en... lo que sea esto. También podría significar que el cabecilla tiene suficiente dinero para contratar a un montón de lacayos que vayan por ahí tomando fotos espeluznantes —aclaró Oscar.

—Genial —dije—. Así que o mi acosador es en realidad un grupo de personas decididas a callarme, o es una sola persona con recursos suficientes para contratar a todo un pueblo para espiarme. ¿Se supone que eso debería hacerme sentir mejor?

—Definitivamente son varias personas —dijo Neo—. Solo digo que estas fotos no significan que todos los que las tomaron estén involucrados en lo que le pasó a Emma y a las otras chicas.

Oscar tomó la silla junto a la mía, giró su cuerpo para mirarme de frente y tomó mis manos entre las suyas. —No tienes que quedarte.

Aparté mis manos. —¿De qué estás hablando?

—Podrías irte, ir a algún lugar seguro —de hecho tenemos un sitio, un lugar donde nadie te encontraría— y dejarnos encontrar al cabrón que se llevó a Emma y a las otras chicas.

Lo miré a los ojos. —No. No voy a dejar que esta gente me intimide. Eso es lo que quieren. Emma era mi hermana, y no me iré hasta descubrir qué le pasó a ella y a las otras chicas.

Rock maldijo detrás de mí. —Tengo que ser sincero, no me gusta nada oírte decir eso, gatita. Como un maldito eco.

Lo miré. —¿De qué estás hablando?

—Emma dijo lo mismo —dijo Oscar—. La noche que vino aquí. La noche que desapareció.

Y mira lo que le pasó .

Las palabras no pronunciadas flotaban en el aire como humo.

—Lo siento —dije—. Entiendo que esto es... un desastre. Que os están amenazando por mi culpa. Y si queréis que me quede en otro sitio, lo entiendo. Pero no me iré de Blackwell Falls hasta que averigüe qué le pasó a Emma.

Neo suspiró. —No seas jodidamente estúpida, Jezebel. No te vas a quedar en ningún otro sitio.

—No podemos protegerte si te quedas en otro lugar —dijo Oscar en voz baja—. Y nosotros vamos a protegerte.

Respiré hondo y asentí, pero mi mente daba vueltas. Quería la protección de los Kings —vale, la necesitaba para seguir con vida—, pero encontrar a Emma dependía de mí.

Y eso significaba una visita a la casa del decano Giordana.