Revelación (El Amor No es lo que Parece 3) CAPÍTULO VEINTINUEVE
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CAPÍTULO VEINTINUEVE

Layla

D ecir que ese día fue inesperado era quedarme corta. Maxim y yo terminamos de cenar y recogimos juntos. Mientras me servía una copa de vino, sus ojos estaban hambrientos de mí.

Lo que le dije sobre mis abuelos y mi madre era en serio.

Fue la confirmación de que ninguno de ellos nunca se habían preocupado por mí.

Pensé que quizá significaba más para mi madre que mis abuelos, pero aparentemente me equivoqué.

Aun así, dolía. Un atisbo de inseguridad e indignidad volvió a colarse en mi corazón.

«¿Y si Maxim decide que soy demasiado complicada y no quiere saber nada de mí?»

Fruncí el ceño ante el dolor que me latía en el pecho ante esa idea.

—¿En qué piensas? —Nuestras miradas se cruzaron, preguntas en esos ojos que me capturaron aquella noche en Revelación . Debería haber sabido que era él. Subconscientemente, creía que una pequeña parte de mí lo sabía, pero fingir ignorancia era más fácil de manejar.

—¿Y si el informe toxicológico no estuviera falsificado? —Las palabras salieron de mis labios en un susurro aterrorizado.

—Eras una niña , Layla. Si es así, entonces tu madre debería haber sido una adulta responsable y nunca haberte dejado conducir, especialmente, si estabas bajo los efectos del alcohol o drogas.

—Respiró hondo—. Recuerdas estar con Brian y que tu madre te recogió.

Si lo recuerdas, te acordarías de haber bebido o consumido drogas.

No lo habrías hecho en el coche con tu madre allí.

Su explicación tenía sentido, pero después de tantos años creyendo que yo era culpable, me costaba verme a mí misma como la víctima.

«Mi propia madre me había estado chantajeando durante años» . Me di cuenta mientras hablaba de que, quizá simplemente no quería creer esa parte de la historia.

Dolía. No me rompería ni me destrozaría, pero me jodía la cabeza.

—Se supone que tengo que entregar el dinero mañana —le dije a Maxim.

Asintió y se bebió su vaso de whiskey .

—¿A qué hora?

—A las dos de la tarde.

Lo vi tomar su teléfono y escribir un mensaje.

—Pondremos una trampa. Dejarás una bolsa llena de billetes falsos porque eso es todo lo que se merece.

Daba miedo tener la esperanza de que todo esto por fin quedara atrás. Era todo lo que siempre había querido. Pero en ese instante, el miedo que sentía al ver a mi madre me atormentaba. ¿Y si fue un gran malentendido?

—¿Tienes dudas? —me preguntó.

—Dios, no. Y, Maxim… No puedo agradecerte lo suficiente por hacer esto. —Contuve un sollozo, preguntándome cómo podía aún tener lágrimas para llorar.

—Lo que necesites para tener un cierre, quiero que lo consigas. —Se acercó al sofá donde yo estaba sentada, acomodándose a mi lado antes de colocarme sobre su regazo—. Y entonces ni siquiera serán una página en tu libro.

Probablemente, tendría que ver a mis abuelos al menos una vez más. Después de todo, vivía en su casa adosada aquí en la ciudad. Y mi terapeuta siempre me decía que era sano encontrar cierre.

—Quizás eso sea lo que haré mañana cuando terminemos con todo esto —susurré para mí misma—. Buscar casa. —Entonces, sonreí—. Al fin y al cabo, tengo unos pocos millones.

Maxim se rio.

—¿Solo unos pocos?

—Bueno, nueve y fracción para ser exactos.

—¿Qué vas a hacer con todo ese dinero, amor?

Me apoyé en él, absorbiendo su calor.

—¿Un lugar al que llamar mío, quizá? ¿Un coche?

—O podrías ahorrarlo —sugirió, sus dientes rozando suavemente mi piel.

—Ahorrarlo ¿para qué?

—Para lo que quieras.

—No quiero quedarme en casa de mis abuelos.

—Pues, quédate conmigo —sugirió, y mis ojos se abrieron de par en par. Debía de estar bromeando.

Me enderecé, con ambas manos sobre su pecho.

—¿Qué?

—Quédate aquí conmigo. El lugar es bastante grande.

Y tengo otro sitio fuera de la ciudad para poder escapar cuando te canses de mí y necesites espacio.

—Fruncí el ceño. ¿Estaba... me estaba pidiendo que me mudara con él?

—. Quiero que estés conmigo dondequiera que esté.

—Lo observé en shock —. Sí, sé que dijiste que deberíamos ir despacio, pero supongo que soy codicioso cuando se trata de ti.

—Nosotros apenas…

—Si dices que apenas nos conocemos, te pondré sobre mis rodillas y te daré nalgadas hasta que el trasero se te ponga rojo.

El calor se acumuló entre mis muslos ante la amenaza. ¿Qué demonios me estaba pasando? No me gustaba que me dieran azotes.

«Bueno, yo tampoco pensaba que me gustara suplicarle a alguien que me follara».

—Tengo que admitirte algo. —Si estábamos siendo honestos, mejor hacerlo completamente.

—¿Qué?

—En Revelación … —Las mejillas me ardieron al mencionar esa noche, y la risa de Maxim me dijo que le gustaba—. Por un breve segundo pensé que eras tú, aunque luego decidí que eras demasiado decente para asistir a algo así. Pero seguía comparando a Luke contigo, porque me recordaba a ti.

—Cuando te vi en ese escenario… —Se quedó en silencio, con la mirada vacía como si estuviera de vuelta en ese espacio tenuemente iluminado—. Habría matado a cualquiera si siquiera hubieran intentado superar mi oferta.

Hice una mueca, una sospecha encendiéndose en el fondo de mi estómago.

—Había un tipo sentado a tu lado que casi lo hace —señalé.

La expresión de Maxim se ensombreció.

—Ese era Daniel. —Las mejillas se me sonrojaron de vergüenza al darme cuenta.

Mis dos jefes sabían el desastre que era, y aún más vergonzoso, me habían visto venderme.

Como si leyera mis pensamientos, Maxim añadió—: De hecho, él te envió la invitación.

Supongo que el cabrón es un aspirante a casamentero.

Me burlé ante esa idea loca.

—Debe pensar que soy…

—Absolutamente genial y hermosa. —Me apartó el cabello por encima del hombro y besó el punto de la base de mi cuello que me hizo retorcerme—.

Él dice que vio la conexión entre nosotros en la boda de Alexander.

Sé que no era la forma más ortodoxa de empezar, pero créeme cuando te digo que realmente me importas.

Nunca quiero hacerte daño. No dudes nunca de eso.

Maxim tenía razón. No podía dudar de su sinceridad.

Le creí, todas sus acciones hasta ese momento lo habían demostrado.

Tenía razón; fui yo quien decidió probar Revelación y subir a ese escenario.

No, él no se reveló, pero yo tampoco. Quería mantener mi identidad oculta.

Y si lo pensaba, debería haberme alegrado de que fuera él. No podía imaginar estar con nadie más.

Tenía que admitir que me sentía bien sabiendo que me deseaba tanto. Porque yo lo deseaba igual.

—Y una última confesión.

Se rio.

—Dime, amor.

—No quiero ir despacio —murmuré, acercándome a él, mis labios rozando los suyos—. Lo quiero todo contigo.

—¿Aunque apenas nos conocemos? —bromeó.

—Tienes razón. —Moví mi trasero en su regazo—.

Apenas nos conocemos, así que quizá no deberíamos vivir juntos.

Quizás acabe siendo un desastre y acabemos odiándonos.

—Mientras pronunciaba esas palabras, lo miré a los ojos—.

Pero estoy dispuesta a arriesgarme. —Lo vi sonreír, con un brillo encantador en los ojos.

Por primera vez en mi vida, quería ser completamente abierta con un hombre. No quería darle vueltas ni cuestionar mis sentimientos. Quería mostrarle lo que sentía, darle lo que deseaba. Averiguar lo que yo deseaba.

Sus dedos me rozaron la mejilla.

—Carajo, quiero esto.

—Llévame a la cama.

Maxim ni siquiera dudó. Se levantó, cargándome y se dirigió a su habitación.

A diferencia de la última vez, en ese momento, podía ver claramente la habitación enorme con grandes ventanales y vistas que se extendían por kilómetros sobre la ciudad.

Pero eso no fue lo que me dejó sin aliento.

Fue Maxim, el hombre cuyos brazos me sostenían como si fuera la persona más preciosa para él.

—Soy tuya, Maxim —afirmé. Era el hombre que quería y necesitaba, pero nunca pensé que tendría la suerte de encontrar.

Sus ojos se oscurecieron.

—No tienes ni idea de lo feliz que me acabas de hacer. —Me sentó en la cama, con sus labios en mi cuello—. Solo puedo pensar en todas las cosas sucias que quiero hacerte.

Tragué saliva con fuerza. Yo también quería esas cosas, y él era el único con quien quería experimentarlas. Quería darle todo lo que tenía.

—¿Alguna vez te han atado las muñecas? —preguntó. Mi cuerpo vibraba de anticipación. Negué con la cabeza—. ¿Alguna vez te han tapado los ojos durante el sexo?

De repente, sentí que mi vida sexual había sido extremadamente aburrida hasta ese minuto.

—No —respondí con voz ronca.

—¿Me dejarás? —inquirió con tono sombrío.

—Soy tuya —repetí, esperando que lo interpretara como que le dejaría hacer cualquier cosa.

Se levantó y fue a su cómoda, abrió un cajón y sacó un collar con cadena, una cuerda de seda y un paño de seda negra. «Para cubrirme los ojos» , me di cuenta.

—¿Puedo usar esto contigo? —Mi cuerpo latía con necesidad de él. Lo vi regresar hacia mí, una rodilla aterrizando entre mis piernas entreabiertas, el colchón moviéndose bajo su peso—. No haré nada con lo que no te sientas cómoda.

Carraspeé.

—Lo sé, Maxim. Confío en ti. —Gruñó, me recostó y empujó su abdomen contra mí.

Su boca chocó contra mis labios y metió su lengua en mi interior. Su beso se profundizó y me encantó. Era la combinación perfecta de brusquedad y suavidad.

Me estaba enamorando perdidamente de este hombre. Diablos, puede que ya me haya enamorado de él.

Rompió el beso, jadeando con fuerza.

—Te necesito desnuda.

Agarró la tela de mi camisa y la rasgó de un solo movimiento; el sonido de la tela desgarrándose resonó en su dormitorio.

Mis pezones estaban duros y desesperados por sus caricias.

—Extiende tus muñecas. Juntas —ordenó, y obedecí de inmediato. Envolvió la seda firmemente alrededor de mis muñecas, atándolas juntas. Me quedé quieta, esperando su siguiente movimiento.