Retiro en la isla (Isla Ballena) Capítulo 5
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Capítulo 5

Eva

Ha hecho falta un año entero para que acabara esta pesadilla.

Todavía a veces me despierto en sueños asaltada por el caos de aquella noche.

La confusión de ver a Saúl vivo en el porche, convencida de que el cuerpo que habían encontrado en la playa era el suyo, fue el principio del fin para el retiro en la isla.

Aún hoy me asombra lo estúpidos y torpes que fueron con lo de Charly.

Supongo que, cuando te crees un dios todopoderoso, tu sentido común se reduce a cero.

No pensaron en absoluto. Lo tiraron por el acantilado convencidos de que el océano se tragaría su secreto, pero nada de eso.

Desde que lo arrojaron al agua, no tardó ni media hora en llegar a la orilla de la playa más cercana, debido a la brutal fuerza del temporal.

Cuando llegó la policía, la identificación fue inmediata.

El cabello pelirrojo de Charly hizo que todo fuera mil veces más rápido.

En una isla tan pequeña, él era un hombre de sobra conocido por todos.

Los agentes ataron cabos en un par de llamadas.

Hablaron con Sandra, su mujer, y acudieron directos al palacete a interrogar a Saúl.

No sé cómo pudieron llegar a pensar que se librarían de algo así tan fácilmente, es ridículo.

Tanto predicar la famosa ley de la atracción y la manifestación del universo, y resulta que su gran plan criminal consistió en tirar un cadáver al mar en mitad de un temporal y esperar a librarse en modo milagro.

Un auténtico caso de «consejos vendo que para mí no tengo».

Podían controlar el rebaño, pero no se puede controlar las mareas.

Sandra, la mujer de Charly, no tardó en presentarse en la finca, escoltada por la policía. Sabía perfectamente que su marido había ido a enfrentarse a Saúl. A partir de ahí, todo fue cayendo paso a paso.

La autopsia reveló niveles altísimos de burundanga en su sangre, combinados con cafeína, una mezcla que resultó letal debido a una miocardiopatía hipertrófica que padecía de nacimiento.

Su mujer confirmó que Charly jamás tomaba drogas porque podían matarle.

Eso dejó claro que no había sido un accidente, sino un homicidio.

Cuando la policía empezó a registrar el palacete y a interrogar al personal, Aurora no tardó en hablar.

Se derrumbó por completo y confesó cómo utilizaban aquellas infusiones sanadoras para calmarnos, manteniéndonos dóciles y receptivas a sus discursos para que adorásemos a Saúl y les entregáramos nuestros ahorros sin rechistar.

Eso sí, fiel a su papel de mosquita muerta, se lavó las manos de inmediato: juró que ella no tenía ni idea de que lo que nos servía era burundanga.

Según su declaración, Saúl era el único cerebro de la operación, el que conseguía las sustancias en el mercado negro y preparaba las mezclas para los retiros.

Que lo hacía en su beneficio para aprovecharse de algunas mujeres, y tenía pruebas.

Y vaya si las tenía.

Al principio, Saúl intentó defenderse con uñas y dientes alegando que yo había planeado todo lo del beso. Le dijo al juez que yo misma había escondido el móvil para grabar la escena y fingir el abuso con el único objetivo de tenderle una trampa y extorsionarle.

Sin embargo, su estrategia de defensa se desmoronó por completo cuando Aurora confesó ante los inspectores.

Para salvar su propio pellejo admitió que lo había grabado ella porque sospechaba que le era infiel en los retiros.

Explicó cómo me había quitado el teléfono para ocultarlo en el jardín antes de la sesión, confirmando punto por punto que Saúl me había besado a sabiendas de que yo estaba completamente drogada e indefensa.

Mi testimonio fue la llave para que Margot y muchas otras mujeres se atrevieran también a alzar la voz y a sacar a la luz los abusos que habían recibido.

Nos unimos para denunciarle y, a medida que la investigación avanzaba, comprendimos que mi historia era solo la punta del iceberg.

Saúl había llegado muchísimo más lejos con otras compañeras.

La fiscalía no tuvo piedad. Al cargo de homicidio imprudente por la muerte de Charly se le sumaron los de agresión sexual continuada, estafa coercitiva y delito contra la salud pública.

Y aunque Aurora intentó venderse como una víctima desvalida que solo seguía órdenes, el juez no sé tragó su actuación de marioneta inocente.

No puedes declararte ajena a la culpa cuando eres tú quien dosifica, prepara y sirve drogas en cada taza de infusiones, por mucho consentimiento que te firmen.

Se le acusó de cooperadora necesaria, una tipificación penal que en la práctica la sitúa casi al mismo nivel de responsabilidad y condena que a él.

Hoy se encuentran en prisión preventiva, sin derecho a fianza, esperando un juicio que los más probable es que los deje entre rejas durante mucho tiempo.

¿Y yo? Bueno, mi vida ha dado un giro de los gordos, aunque a simple vista no lo parezca.

Durante mucho tiempo pensé que necesitaba que alguien me salvara.

Busqué ese salvavidas en Marc, y luego caí de cabeza en la trampa de Saúl buscando una paz que yo era incapaz de encontrar por mí misma.

Qué ironía... Tuve que tocar el fondo más oscuro para darme cuenta de que la única persona capaz de rescatarme era yo.

He superado a Marc. De verdad. Ya no hay dolor ni nostalgia al recordar su nombre. Le deseo lo mejor, pero ya no forma parte de mis rayadas mentales.

Ahora estoy soltera, y no me suena a soledad o a fracaso. No tengo ninguna prisa por encontrar pareja, ni ganas de rellenar mis silencios con las expectativas de otra persona.

Hoy soy feliz. Una felicidad imperfecta y terrenal porque he aprendido a disfrutar de mi propia compañía. Y lo mejor de todo es que sé que mi mente, mis decisiones y mi vida vuelven a ser completamente mías.