Capítulo 14
CAPÍTULO CATORCE
UN AÑO DESPUÉS…
—No me puedo creer que sigas dándole vueltas al plan de juego.
Seguro que anoche lo mascullabas en sueños.
—Sam inclinó la cabeza hacia delante, echándose el pelo rubio sobre la toalla y secándoselo a palmaditas—.
Sabes que vamos a ganar. Desde que Gabby se unió a nosotras, somos un equipazo.
¿Cómo nos llamó Terri anoche? ¡El dúo dinámico!
Sam se dejó caer de un bote sobre la cama, haciendo que Chrissie rodara hacia el hueco recién creado. Chrissie apretó los labios y alzó una ceja.
—Bueno, a ver si el dúo dinámico nos ayuda a ganar la copa y entonces ya podrás fardar. —Llevaba levantada desde las siete, se había duchado y cambiado, y ahora estaba sentada en chándal, asegurándose de tener cubierta cada posible eventualidad del partido.
A Sam le encantaba lo en serio que se tomaba Chrissie el partido, dentro y fuera del campo.
Ella llevaba tres años jugando en el Allston Stars FC, pero Chrissie llevaba casi quince en el equipo, primero jugando y luego entrenando.
Era la primera vez que se ponían a un paso de la Copa Estatal Femenina.
Había visto a Chrissie y a Marta, la mánager del equipo, pasar horas juntas seleccionando el equipo más fuerte, trazando su estrategia y su plan de juego.
Sus rivales eran el Salem Sliders FC, que había ganado la copa los últimos cuatro años seguidos, sobre todo gracias a su delantera rubia de metro ochenta y tres, Lucy Aimes.
Este año tenían su propia arma secreta, Gabby Ellis.
Aunque Gabby no tenía la altura de Lucy, era rápida y no tenía miedo a nada, nunca rehuía una entrada a fondo.
Gabby no se andaba con chiquitas, ni en el campo ni en las urgencias donde trabajaba como médica.
Chrissie había pasado a Sam a la posición de carrilera derecha, exigiéndole mucho en los entrenamientos para mejorarle la velocidad, y estaba dando sus frutos al permitirle crear ocasiones para que Gabby las rematara.
Chrissie había sido la primera en ver su posible química en el campo, y juntarlas había sido una idea genial.
No era la química en el campo lo que rondaba la cabeza de Sam mientras empezaba a acariciarle el cuello a Chrissie. Toques minúsculos y ligeros con las yemas de los dedos, garantizados para volverla loca de deseo.
—Necesitas desahogarte un poco antes del partido. Soltar toda esa tensión. —Mientras los pequeños besos aterrizaban, siguiendo a sus yemas, Chrissie estiró el cuello hacia un lado, dándole a Sam acceso total.
—No puedo. Sam, sabes que nunca consigo resistirme a ti cuando empiezas con eso. —Chrissie se removió. Sam sabía que el clítoris de Chrissie estaría empezando a palpitarle con suavidad y que, con un simple deslizar de la mano bajo la cinturilla del chándal, la cosa se pondría en marcha.
—¿Seguro que quieres mantener la regla de nada de sexo antes de un partido?
—Sam le recorrió con la punta misma de la lengua la curva del cuello a Chrissie antes de detenerse en el lóbulo de la oreja y susurrar—: Podría hacer que mereciera la pena.
—La calidez del aliento de Sam le mandó un estremecimiento visible de deseo por el cuerpo a Chrissie pero, en lugar de capitular, se levantó de un salto de la cama, dejando a Sam atrás.
—No, no me vas a hacer esto. Ahora no. No antes del partido importante.
Tienes que ir a tu sesión de terapia, y yo tengo que llevar toda la equipación al club.
Pero te diré una cosa… —Inclinándose hacia delante, Chrissie posó una mano en la rodilla de Sam antes de deslizarla hacia arriba, bajo la toalla—.
Si hoy ganamos esa copa, te daré todo y cualquier cosa que quieras.
—Sus dedos trazaban pequeños círculos mientras jugaba con la piel suave y clara de la cara interna de los muslos de Sam.
Sam vio la sonrisa en la cara de Chrissie mientras sus piernas se abrían de forma involuntaria bajo su tacto.
—Eres condenadamente hermosa. Pero primero, la copa. —El tono de Chrissie era tajante.
Dejándose caer de espaldas sobre la cama, Sam soltó un enorme gruñido.
—Podría dejar a la terapeuta. Llamarla sin más y decirle que tengo migraña. No le importaría. Ya casi nunca tengo pesadillas desde que me he mudado contigo, y ¿cuándo fue la última vez que llegué tarde a algo?
—Como no te pongas algo de ropa y levantes ese culo vago, vas a llegar tarde a terapia.
—Chrissie le tendió una mano para poner a Sam en pie.
Se la agarró a regañadientes y, al quedar a la misma altura, Sam dejó que su cuerpo fuera atraído bien pegado al costado de Chrissie—.
Lo estás haciendo genial, y estoy muy orgullosa de ti, pero no lo dejes ahora.
Lo estás haciendo demasiado bien. —Los labios de Chrissie eran suaves y acogedores, atrayendo a Sam a lo hondo del beso.
—Vale, iré. ¡Pero te voy a tomar la palabra con lo de «todo y cualquier cosa» cuando ganemos hoy! —La sonrisa de Sam era pícara y cargada con la promesa de tomar todo lo que quisiera y puede que un poco más. Si supieras todas las cosas que quiero hacerte.
—Cuando ganemos. Me gusta, ¡esa es la actitud mental positiva que necesitamos! —Chrissie recogió sus papeles y, al levantar la cabeza, vio caer la toalla del cuerpo de Sam y arrugarse en el suelo. Sam sabía que la determinación de Chrissie quería irse por el mismo camino.
—Todo y cualquier cosa… —dijo Sam mientras se pasaba las manos por todo el cuerpo, disfrutando enormemente al ver cómo se le abrían mucho los ojos a Chrissie.