Rescatando Corazones (Sanando Corazones 1) Capítulo 12FENNA #3
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Capítulo 12FENNA #3

—Visto con perspectiva, no fue uno de sus mejores estilos —reconozco con una sonrisa—.

Pero yo tenía quince años y me parecía increíble.

En fin, un fin de semana en que teníamos la casa para nosotras solas, organizó una fiesta y todos sus amigos estaban bebiendo.

Por supuesto, yo quería participar porque era adolescente.

Creía que era una especie de rito de iniciación.

Creo que al final la amenacé con contarles a nuestros padres que fumaba y entonces fue cuando cedió por fin y me preparó mi primer vodka con soda.

—Déjame adivinar. —Kristi se ríe—. ¿Llevaba más soda que vodka?

—Sí, aunque yo no sabía distinguirlo. Después de una sola copa estaba convencida de que me había emborrachado y todos me siguieron la corriente.

Mi hermana me acostó al cabo de media hora y me dijo que sería nuestro pequeño secreto.

—Niego despacio con la cabeza al recordarlo.

En aquel entonces podría haber jurado que el mundo giraba a mi alrededor cuando me dio un beso en la frente y me deseó buenas noches.

—¿Cuándo te contó la verdad?

—Ay, Dios, años después. Fue el día de mi graduación y se ofreció a prepararme otro vodka con soda, igual que el primero, y.. .

—¿Se notaba siquiera el vodka?

Doy otro sorbo a mi bebida, sonriendo.

—Sabía a agua con gas. Así que, como te decía, esta está un par de peldaños por encima.

Kristi se ríe y niega con la cabeza.

—Probablemente también ayude que no tenga el regusto amargo de la decepción.

—Eso ayuda. —Me termino el resto y hago una mueca—. Gracias.

—Será nuestro pequeño secreto, ¿vale? —bromea Kristi mientras tira mi vaso a la basura.

—¡Vaya! No sabía que ofrecierais comedia durante el vuelo.

—Va incluida en el paquete. —Se sacude las manos y se alisa la chaqueta, preparándose claramente para volver al avión. Su descanso ha terminado y tendré que regresar a mi asiento.

Kristi vuelve la cabeza para mirarme por encima del hombro antes de dirigirse otra vez hacia el pasillo y sonríe, cerrando un ojo en un pequeño guiño que me enciende las mejillas.

—¿Debería llamarte? —me oigo decir mientras se marcha. Las palabras hacen que se detenga en seco y parecen sorprenderla casi tanto como a mí. Se vuelve para mirarme, ladeando la cabeza.

—¿Llamarme?

El corazón se me cae a los pies. ¿Ha sido tan estúpido decirlo? ¿De verdad?

—Solo pensaba que, si las dos estamos en la ciudad y todo sale según lo previsto, tendré algo de tiempo para... —Vacilo, sabiendo perfectamente que estoy adentrándome en un terreno desconocido para Kristi—. ¿Quizá podríamos comer algo? ¿Cenar, tal vez?

Kristi titubea y, durante un instante, creo que dirá que no y se alejará, pero, antes de que pueda responder, alguien la llama desde la parte delantera del avión.

Es otro tripulante. Ha asomado la cabeza por la cortina que nos separa de primera clase y le hace señas frenéticas a Kristi con una mano.

Lo único que puedo hacer es observar cómo desaparece con su compañero tras la cortina.

Mierda. Quizá he sido un poco presuntuosa de todos modos, pienso mientras me hundo en el asiento.

Muy bien, Fenna. Pongo los ojos en blanco, enfadada conmigo misma por aquel intento tan poco decidido de conseguir una cita.

Es como dice Yaya: si vas a hacerlo, mi tesoro, sé atrevida.

Y aquello no ha tenido nada de atrevido; ha sido más bien patético de puro desesperado.

No me extraña que haya salido disparada por el avión.

Repaso una y otra vez aquella breve conversación y, en algún momento, debo de quedarme dormida, porque es la voz de Kristi la que me despierta, aunque no me está tocando el hombro para hacerlo.

—Señoras y señores, mientras iniciamos el descenso, asegúrense de que las mesitas plegables estén en posición vertical, los cinturones de seguridad bien abrochados, las persianas de las ventanillas completamente abiertas y los asientos en posición vertical.

También queremos recordarles que todo el equipaje de mano debe guardarse debajo del asiento que tienen delante o en los compartimentos superiores.

Gracias. Mi equipo recorrerá la cabina para comprobar que todo esté en orden y les agradecemos su colaboración.

A mi alrededor oigo los murmullos y movimientos habituales de la gente mientras retira las mantas y cierra los ordenadores portátiles.

El hombre del asiento contiguo levanta la mesita, la encaja en su sitio con un clic y vuelve a acomodarse antes de cerrar los ojos.

A su lado, una mujer, supongo que su esposa, hace lo mismo.

Yo también voy a levantar la mesita, pero hay algo encima que antes no estaba allí.

Es un trozo de papel doblado, pero no se ha desprendido de ninguno de mis documentos.

Lo cojo y lo desdoblo para encontrar dos palabras.

Llámame. No lleva ningún nombre, pero es evidente que es de Kristi.

No la veo caminando por el pasillo hacia mí, así que debe de haber vuelto a la sección de primera clase, pero tiene que haber sido ella.

Sin embargo, una de sus compañeras se acerca hacia mí, así que no tengo tiempo de ir a buscarla.

En lugar de eso, guardo la nota en el bolsillo de los vaqueros, me abrocho el cinturón y sonrío como una idiota.