EPÍLOGO
HONG KONG
John Benson dio un sorbo al té verde tibio y fingió leer el periódico. Llevaba un rato esperando a Tom Edgerton, pero el excomandante del SEAL Team Seventeen no había aparecido. Edge ya llevaba una hora de retraso, pero Benson era un hombre paciente.
Además, a Edge nunca le habían importado los plazos de los demás. Siempre había ido a su aire.
Testarudo.
Arrogante.
Con un don para cabrear a las personas equivocadas.
Un talento especial para la insubordinación.
Lo cual lo hacía perfecto para el Equipo Darkwater.
Además, ahora que la Marina había puesto a Edge de patitas en la calle, ¿qué otra cosa iba a hacer?
No iba a conseguir un trabajo normal en el mundo real ni de broma.
Y Benson no jugaba en el mundo real.
Él se movía en ese reino que quedaba más allá de la conciencia ordinaria.
Ese reino místico donde el destino tenía ojos y el sino tenía oídos.
Donde las serpientes hablaban latín y los osos bailaban con dragones.
Benson sonrió mientras alisaba un pliegue en sus impecables pantalones chinos azul marino.
Se ajustó las gafas de sol e hizo crujir el periódico.
Estaba sentado a una pequeña mesa redonda bañada por el sol, junto a la ventana del café White Lotus en Lee Street, en la isla de Hong Kong.
Fuera, las aceras estaban abarrotadas de gente con pancartas.
Otra protesta contra la toma china de Hong Kong. Benson dio gracias al cielo por no tener que preocuparse ya de la política.
Al menos no de este tipo de política.
Benson suspiró y llamó a la camarera para pedir otro té verde y quizás algunas de esas galletitas dulces con forma de panda que solía llevarle a Sally en los viejos tiempos.
Pensar en Sally hizo que Benson se irguiera y se obligara a volver al aquí y ahora. No tenía dudas de que volvería a ver a Sally en algún otro lugar, en algún otro momento, en alguna otra vida. Pero este no era el momento de entregarse a los recuerdos de los muertos.
Benson volvió a mirar el reloj, el viejo Fossil de metal, un cronógrafo de sus días en la Marina. Se le había escapado Edge en El Cairo después de verse envuelto en la misión de Dogg y Diana. Ahora parecía que también podría perderle la pista en Hong Kong.
—Quizás no estaba destinado a ser —dijo la camarera con voz melodiosa. Dejó la taza de té verde recién servido sobre la mesa y señaló el artículo del periódico que Benson fingía leer—. Emma Chang y el general Trung.
Benson frunció el ceño y luego sonrió con cortesía, asintiendo. La camarera se encogió de hombros y se alejó. Benson exhaló y echó un vistazo al artículo.
Nunca había oído hablar de Emma Chang, pero el general Trung era un nombre que le sonaba.
Un vistazo rápido al artículo.
Una mirada apresurada a la fotografía.
Y de repente una oleada de emoción lo recorrió.
Esa sensación familiar.
Esa electricidad ancestral.
Esa certeza de un nuevo comienzo.
De una historia que nunca envejecía.
Y mientras Benson dejaba la taza de té sobre el periódico, marcando con un círculo la fotografía sonriente de Emma Chang, una sombra alta y ancha bloqueó el sol.
Miró por la ventana del café.
Directamente a los ardientes ojos verdes de un hombre delgado, duro y barbudo.
Era Tom «Edge» Edgerton, y parecía recién salido de una de las arenas de combate a muerte subterráneas de Hong Kong.
La mirada de Edge lo recorrió de un solo barrido.
Luego miró el periódico sobre la mesa.
Parpadeó al ver la fotografía de Emma Chang.
Ladeó la cabeza como si intentara averiguar qué quería Benson.
Luego articuló tres palabras silenciosas a través del grueso cristal.
Ni.
De.
Coña.
El SEAL barbudo levantó el dedo corazón.
Dio dos golpes en la ventana con el nudillo.
Luego desapareció entre la multitud de manifestantes.
Benson suspiró.
Se quitó las gafas de sol.
Terminó su té verde.
Deslizó un billete de cien dólares bajo la taza vacía.
Luego salió por la puerta con una sonrisa dibujándose en su rostro.
Una historia girando en su mente.
La misma vieja historia que era nueva cada vez.
Fresca como el primer día de primavera.
Antigua como el primer latido del tiempo.
La historia del hombre y la mujer.
La historia del siempre y para siempre.
La historia del amor.
∞