Regreso a Peyton Place (Peyton Place 2) 9 #3
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—Cuando terminemos esta botella, señorita Moore —dijo Mike, entrando con el champán y cuatro copas—, seré capaz de decirle cuánto la adoro. Y se lo diré aquí mismo, delante de mi mujer.

—Es la mejor manera —dijo Rita—. No está bien tener secretos con la propia mujer.

—Eso mismo creo yo —replicó Mike.

—Y después de la segunda botella —dijo Connie—, puedes quitarte la camisa y enseñarle el tatuaje a la invitada. Ya sabes, cariño, el que dice: «Rita y Mike para Siempre».

—No te preocupes, mi amor —le dijo Mike a Connie—. Tengo intención de irme con la señorita Moore un año o dos solamente, pero sin duda, volveré contigo.

—Eso es lo que yo llamo devoción —dijo Connie.

Pero, por dentro, pensaba: «Le daría un beso, señorita Moore, solo porque Allison se está riendo». Su hija volvía a estar viva gracias a Rita, que había irrumpido en la casa inesperadamente trayendo consigo el estimulante aire del mundo exterior.

Era el mundo del que Allison había intentado esconderse, el que temía, el que no estaba dispuesta a afrontar. El que le había traído un éxito que la amedrentaba y un amor que había terminado trágicamente.

Cuando acabaron la segunda botella, Connie le dijo a Rita: —Sé que voy a partirle el corazón, pero ahora me llevo a Mike. Creo que querrá pasar un rato a solas con Allison.

—Sospecho que me lleva a la cocina para ponerme a trabajar —dijo Mike, dirigiéndose hacia la puerta—. El próximo ruido que oiga será el de platos rotos.

—Son encantadores —dijo Rita—. Ha tenido más suerte que la mayoría de nosotros, Allison.

Allison hizo un gesto con la mano, como diciendo: «Eso es lo que usted cree» y esbozó una sonrisa amarga.

—No hace más que compadecerse de sí misma, ¿verdad, jovencita? Está destrozada, su hombre murió y ahora está dolida porque el mundo entero no se ha derrumbado ni se ha muerto con usted. Pero si se queda en ese estado mucho tiempo más, para bien o para mal, el mundo seguirá adelante sin usted.

—Intento volver al trabajo, Rita. Solo que no estoy nada inspirada —dijo Allison, con una mano en la mesa. Rita se acercó y la tocó con un dedo largo y afilado.

—Todo llegará —dijo, enfatizando cada palabra con un golpecito del dedo—.

Llegará porque así ha de ser. Es la última lección, Allison.

Eso es lo que significa triunfar para personas como nosotras: cuando todo lo demás ha desaparecido, amigos, amantes y maridos, nos queda el trabajo.

Es la única constante de la vida. Y si traicionamos el talento que nos ha sido dado, más nos vale tirar la toalla y volver al caos del principio —concluyó.

Vació la botella de champán en las dos copas—.

Tengo que volver a White River . El taxista enfermo de amor probablemente ya esté congelado.

Además, mi marido me espera en el hotel White River .

—¿Ha vuelto a casarse, Rita?

—Llevo dos semanas casada, niña. Si no estuviera usted aislada por la nieve en las Rocosas, se habría enterado.

—¿Es feliz?

—Bueno —dijo Rita—, ya no sé qué es ser feliz.

Pero le digo una cosa, querida: estamos muy a gusto juntos.

Nos entendemos. Y es un cambio agradable.

Quiero decir, Jim no es marica ni un gigoló.

Es el primer marido que he tenido en muchos años que se gana la vida con el sudor de su frente.

Algunas mañanas casi tengo la tentación de levantarme a prepararle la fiambrera.

—Me alegro de que haya venido, Rita. Me ha ayudado mucho —dijo Allison.

—¿Y cómo lo he hecho? —preguntó Rita.

—Porque me ha recordado que el mundo no está lleno de delincuentes al acecho para acabar conmigo. Y porque me ha enseñado que el trabajo puede exorcizar los fantasmas que me persiguen.

—Por el amor y por el trabajo —dijo Rita, levantando la copa.

—Por el amor y por el trabajo —brindó Allison.

El estruendo de la bocina del taxi rompió el silencio de la nieve. Mike y Constance salieron de la cocina. Mike ayudó a Rita a ponerse el abrigo. Ella dio un beso de despedida a Allison. —Hay mucha gente que trabaja para usted, querida. Que no se le olvide.

Allison se acercó a la ventana y vio a Rita andando por la acera cubierta de nieve hasta el taxi que la esperaba. Notó el frío a través del cristal y apoyó la cabeza contra él.

—No se me olvidará —dijo Allison—. Y no la decepcionaré.

Se quedó mirando por la ventana hasta que el taxi de Rita desapareció de la vista, luego se dirigió a la puerta de la cocina y miró a Mike y a su madre.

—Estoy trabajando en la habitación, por si necesitáis algo —les dijo.

—Creo que nos las arreglaremos, cariño —dijo Constance sonriendo.

La vieron subir las escaleras hacia el dormitorio. Constance suspiró de alivio y, cuando Mike la abrazó, le dijo: —Feliz Año Nuevo, cariño. Tengo el presentimiento de que va a ser un año excepcional.

4 Véase nota 5.

5 Poetisa inglesa de la época victoriana, conocida por sus poemas de amor y su activismo contra la esclavitud y el trabajo infantil. Sufrió problemas de movilidad debido a una afección de la columna vertebral, de ahí la comparación.