Regreso a Peyton Place (Peyton Place 2)
© inepub.com
1
A veces el invierno llega poco a poco al norte de Nueva Inglaterra y así introduce un elemento de orden y estructura del tiempo y de las estaciones.
La primera nevada no cae por sorpresa, porque se espera desde hace unos días.
Cuando el invierno se presenta de esta forma, suele empezar a nevar a media mañana, a grandes copos regulares y, a mediodía, una espesa capa blanca lo cubre todo.
Después de comer, el cielo se despeja, sale el sol y, por la tarde, cuando terminan las clases, la nieve derretida gotea de los aleros de todas las casas de la ciudad.
Entonces, los viejos dicen: «No cuajará. Hoy no. Todavía no».
Y los que todavía son jóvenes se desilusionan y, con cierta aprensión, piensan que quizá sea verdad que nunca más volverá a nevar como antaño en el norte de Nueva Inglaterra.
Y uno de esos días empieza a caer del cielo oscuro un polvo fino como una cortina aparentemente interminable, que no enharina las calles y las carreteras hasta que el viento deja de soplar y ha acumulado montones fríos y secos de nieve blanca alrededor de cada poste de valla y de cada árbol.
A la hora de cenar, el viento amaina y la nieve sigue cayendo, tan fina y escasa que los niños temen que tarde una eternidad en nevar lo suficiente como para poder cogerla con las manos enguantadas.
Pero los viejos recuerdan otros inviernos de antaño. Son ellos los que revisan el indicador de combustible del depósito de las calderas, los que se aseguran con tiempo de que el radiador del coche esté lleno de anticongelante y los que saben que, cuando amanezca otra vez, el viento también volverá.
Las casas del norte de Nueva Inglaterra no conservan las chimeneas solo por su carácter acogedor y hospitalario.
Continúan en su sitio porque de vez en cuando se presenta un invierno como los de antaño y el viento y la nieve rompen los tendidos eléctricos como si fuera paja seca.
Los que lo tienen en cuenta guardan pequeñas estufas de leña en el sótano para evitar que se congelen las tuberías; todas las leñeras están llenas a rebosar de troncos y ramas; los jóvenes se sientan frente a las llamas ardientes de la chimenea, enceran los esquíes y se preguntan hasta dónde llegará el espesor de la nieve en Franconia por la mañana.
Así se presentó el invierno el segundo año después de que Allison MacKenzie volviera a Peyton Place . Eran las cuatro de la tarde de un día de noviembre, Allison estaba mirando por la ventana de su dormitorio cuando vio el primer copo de nieve.
«A lo mejor mañana sí —pensó—. A lo mejor Brad me llama mañana y me dice: “La he vendido, Allison, la he vendido; han aceptado tu novela y se publicará en primavera”.»
1 En los Estados Unidos, el Día del Trabajo suele celebrarse el primer lunes de septiembre.