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habilidades de combate, explorando los límites de mi poder Lycan.
Las tardes las dedicaba a estudiar en la gran biblioteca del palacio, aprendiendo la historia de mi pueblo, los secretos de la Luna, las técnicas antiguas que mi madre había dominado. Cada página que leía era un paso más hacia comprenderme a mí misma.
Y las noches...
Las noches eran para mí.
A veces, Luciano se quedaba a cenar. Compartíamos comida, risas, y silencios cómodos. Nuestra relación había evolucionado, profundizándose en algo que no necesitaba etiquetas. Él entendía que necesitaba tiempo, y yo apreciaba su paciencia más de lo que las palabras podían expresar.
Otras noches, sentía el vínculo roto palpitar, y sabía que Alejandro estaba pensando en mí.
No habíamos vuelto a hablar desde aquella noche en el balcón.
Pero sentía su presencia a través del vínculo, un latido constante en el fondo de mi conciencia, un recordatorio de que el pasado nunca desaparecía del todo.
Y algunas noches, simplemente me sentaba en el jardín, bajo las tres lunas, y hablaba con mi madre.
"—Lo estás haciendo bien —decía su voz, a través del collar—. Estoy orgullosa de ti."
"—Todavía tengo miedo —respondía—. Todavía no sé quién soy."
"—Eso es parte del viaje, Valeria. Nadie sabe realmente quién es. Solo vamos descubriéndolo, paso a paso."
"—¿Y si me equivoco?"