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color ámbar, estaban fijos en mí, y en ellos vi todo lo que no había visto la noche del rechazo.
"—Valeria —dijo, su voz apenas un susurro—. Tenemos que hablar."
"—No hay nada que hablar."
"—Sí lo hay. Por favor."
Miré a Luciano. Él asintió, apretando mi mano antes de soltarla.
"—Habla —dije, sin apartar la mirada de Alejandro."
"—Lo siento —dijo, y las palabras salieron de él como si le costaran cada fibra de su ser—. Lo siento por lo que te hice. Por el rechazo. Por las palabras que dije. Por permitir que Camila me cegara."
"—Tuviste tu oportunidad, Alejandro. Y la desperdiciaste."
"—Lo sé. Y vivo con ese arrepentimiento cada día. Pero quiero que sepas que nunca dejé de sentir el vínculo. Nunca dejé de sentirte."
"—El vínculo está roto."
"—¿Lo está? Porque esta noche, cuando luchábamos, lo sentí más fuerte que nunca. Y sé que tú también."
No pude negarlo. Era cierto. Durante la batalla, el vínculo había estado más fuerte que nunca, pulsando entre nosotros como un puente de luz que se negaba a desaparecer.
"—No sé qué quieres que haga —dije, mi voz temblando—. No sé cómo reparar lo que rompiste."
"—No te pido que lo repares —respondió, dando un paso hacia mí—. Solo te pido que me des la oportunidad de intentarlo. De demostrarte que puedo ser mejor."