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distancia, el choque de acero contra acero, el rugido de lobos en batalla.
"—¡Tenemos que irnos! —gritó Luciano, irrumpiendo en la habitación, su espada ya en la mano."
"—¡No! —respondí, mis garras extendiéndose—. ¡No voy a huir!"
"—¡Valeria, estamos en minoría! Valerian ha traído un ejército entero, y los guardias del Rey están cayendo como moscas!"
"—¡No me importa! ¡No voy a esconderme mientras otros luchan por mí!"
Salí corriendo al patio, Luciano pisándome los talones, y el caos se desató ante mis ojos.
Lycan contra Lycan. Garra contra garra. Diente contra diente. El patio del palacio se había convertido en un campo de batalla, con cuerpos caídos esparcidos por el suelo de plata, la sangre tiñendo el mármol blanco de rojo.
Y en el centro de todo, vi a Alejandro.
Luchaba contra tres Lycan a la vez, moviéndose con una ferocidad que nunca había visto en él.
Su loba era enorme y negra, su pelaje absorber la luz a su alrededor, y sus ojos brillaban con una furia que daba miedo.
Sus garras se movían como cuchillas, derribando a un enemigo tras otro, sin descanso, sin piedad.
Cuando me vio, se detuvo por un momento, nuestros ojos encontrándose a través del campo de batalla.
"—Valeria... —dijo, y aunque no podía escuchar su voz sobre el ruido de la batalla, sentí sus palabras a través del vínculo—. Finalmente te encontré."