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Cerré la conexión con fuerza.
"—No voy a dejar que me distraigas —murmuré—. No ahora."
Pero el eco de su voz quedó resonando en mi pecho, un recordatorio de que el pasado no se olvida tan fácilmente.
Acto II — El Camino
Capítulo 16: El Refugio
La ciudad Lycan era abrumadora.
Mientras caminábamos por sus calles de plata, los habitantes nos observaban con curiosidad mal disimulada. Susurraban a nuestro paso, señalando con disimulo, sus voces bajas pero no lo suficientemente bajas como para que mis oídos de loba no las captaran.
"—Mira, es la mestiza."
"—Huele a lobo común. Pero su olor... hay poder ahí. Poder antiguo."
"—Es idéntica a Isabella. La misma cara. El mismo cabello. Los mismos ojos."
"—Dicen que el Rey la ha estado buscando durante años."
El nombre de mi madre resonaba en cada susurro, cada mirada, cada gesto. Era como si su fantasma caminara junto a mí, recordándome que en esta ciudad, yo no era solo Valeria. Era la hija de Isabella. La heredera de dos sangres.