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Estaba siempre ahi, en el fondo de mi conciencia, comentando, observando, aprendiendo conmigo.
—Esa mujer, Elena —dijo mi loba una noche—. Confia en ella.
—Yo tambien lo creo.
—Pero no todos son como ella. Ten cuidado.
—Siempre.
Una tarde, mientras limpiaba mis heridas despues del entrenamiento, Luciano me pregunto sobre mi vida en el Pack Luna de Plata.
—Como era realmente? —pregunto, su voz suave—. Quiero decir, mas alla de lo que me has contado.
Me quede en silencio por un momento, recordando.
—Frio —respondi finalmente—. Era frio. No solo el clima, sino la gente. Las omegas eramos invisibles, pero no de la forma pacifica en que una sombra es invisible. Eramos invisibles como lo es una alfombra: algo que se pisa sin pensar, que se ensucia sin remordimiento.
—Y Alejandro?
—Alejandro era... diferente. O al menos, eso creia yo. Cuando lo veia desde lejos, cuando lo observaba entrenar o dar ordenes, veia a un lider fuerte y justo. Nunca imagine que pudiera ser tan cruel.
—El amor a veces nos ciega.
—No era amor —dije, negando con la cabeza—. Era adoracion. Lo habia puesto en un pedestal tan alto que no podia ver sus defectos.
—Y ahora?