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fuimos una. Por un momento, no hubo separación entre nosotras. Solo éramos una alma, un corazón, un ser.
"—Juntas —dije."
"—Juntas —respondió."
El dolor fue intenso.
No hay otra forma de describirlo. Fue como si cada hueso de mi cuerpo se rompiera al mismo tiempo, como si mis músculos se desgarraran y se reconstruyeran, como si mi piel se rasgara para dar paso a algo nuevo. Quise gritar, pero el grito se transformó en algo más. En un aullido.
Cuando abrí los ojos, veía el mundo desde una altura diferente.
Mis patas tocaban el suelo, el viento acariciaba mi pelaje, y el olor del bosque era abrumador. Cientos de aromas diferentes se mezclaban en el aire: pino, tierra húmeda, musgo, flores nocturnas, y el olor de Luciano, a tormenta eléctrica y a poder contenido.
"—Increíble —escuché la voz de Luciano, pero no a través de mis oídos. Era en mi mente—. Valeria, eres... magnífica."
Intenté hablar, pero solo salieron gruñidos de mi garganta.
"—Usa la mente —dijo mi loba, su voz llena de orgullo—. Somos una ahora. Puedes comunicarte."
"—¿Luciano? —intenté, enviando el pensamiento hacia él."
Su respuesta llegó inmediatamente, clara como el cristal.
"—¿Valeria? ¿Puedes oírme?"
"—Sí. Te escucho claramente."