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Descubrí que mi madre había sido una Elegida. No era una loba común, ni siquiera una loba poderosa. Era algo más. Su linaje se remontaba a la primera Luna, a la loba original que había sido bendecida por la diosa al principio de los tiempos.
Elena me mostró un retrato. Era pequeño, desgastado por los años, pero la imagen seguía siendo clara. Una mujer de cabello plateado y ojos del mismo color, su rostro iluminado por una sonrisa que irradiaba calidez y poder.
Era mi rostro. Mi mismo cabello, mis mismos ojos, mi misma sonrisa. Solo que los de ella brillaban con un poder que los míos nunca habían tenido.
"—Es hermosa —susurré, tocando el retrato con la punta de los dedos."
"—Lo era —dijo Elena, su voz teñida de tristeza—. Y era una de las lobas más poderosas que he conocido."
"—¿La conociste?"
"—Todos en el pack la conocían. Era nuestra Luna, después de todo. Nos cuidaba, nos protegía, nos amaba como si fuéramos sus propios hijos."
"—¿Cómo era?"
Elena sonrió, perdida en sus recuerdos.
"—Era fuerte. No solo físicamente, sino en su espíritu. Nunca se rendía, nunca se daba por vencida. Incluso cuando las cosas se ponían difíciles, ella seguía adelante, con una sonrisa en los labios y fuego en los ojos."
"—Suena increíble."
"—Lo era. Y tú eres igual."