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cálido y seguro, envolviéndome en una burbuja de paz en medio de la tormenta.
"—No sé cómo sobrevivir —susurré, las lágrimas escapándose de mis ojos cerrados—. Soy solo una omega. Soy débil. No sé pelear. No sé cazar. Solo sé servir, y obedecer, y agachar la cabeza."
"—Eres débil porque te han enseñado a serlo —respondió la voz, firme pero amable—. Porque te han hecho pequeña para que otros pudieran sentirse grandes. Pero tu sangre es la sangre de la Luna. Tu herencia es la herencia de las antiguas. No eres débil, Valeria. Estás dormida."
"—No entiendo..."
"—No necesitas entender ahora. Solo necesitas confiar."
Una luz explotó detrás de mis párpados, tan brillante que vi el resplandor incluso a través de la oscuridad. Abrí los ojos con esfuerzo y me arrastré hasta la entrada de la cueva.
La luna llena se elevaba sobre el bosque, enorme y plateada, bañando el mundo en su luz. Cuando sus rayos tocaron mi piel, sentí una descarga eléctrica recorrer todo mi cuerpo. Mi piel se erizó. Mi corazón dio un vuelco.
Y entonces caí.
No caí hacia afuera, hacia el suelo. Caí hacia adentro, hacia un espacio interior que siempre había estado allí pero que nunca había podido ver.
Caí a través de la oscuridad de mi propia mente, a través de capas de recuerdos y miedos y sueños olvidados, hasta que aterricé en un lugar que no era un lugar.
Un espacio interior. El paisaje de mi alma.
Y allí, en el centro, la encontré.
Mi loba.