Page 6
un intento desesperado de detener el dolor que amenazaba con consumirme.
"¡Largo de aquí, desgraciada!", rugió Alejandro, y su voz tenía un poder que empujó el aire a mi alrededor, haciendo que las hojas de los árboles temblaran.
La multitud vitoreaba mientras él daba la espalda. Camila se arrodilló a mi lado. Su perfume dulce y empalagoso inundó mis sentidos mientras se inclinaba para susurrar en mi oído.
"Debiste quedarte en tu lugar, basura. Esto es lo que pasa cuando una omega intenta ser algo que no es."
Escupió a mis pies con desprecio, se incorporó y se fue, su risa mezclándose con el rugido de la multitud que comenzaba a dispersarse.
Y yo me quedé allí, de rodillas. El vínculo roto pulsaba como una herida abierta y sangrante en mi pecho.
Cada latido era una punzada de agonía. Cada respiración, un esfuerzo titánico.
Las lágrimas corrían por mis mejillas sin que pudiera controlarlas, cayendo sobre la tierra que había pisado durante dieciocho años, la tierra que ya no era mi hogar.
Pero en medio del dolor, en el fondo de esa oscuridad que amenazaba con consumirme, sentí algo más.
Algo se rompía dentro de mí que no era mi corazón.
Era una cadena antigua, forjada con símbolos que no reconocía, eslabones de sombra que habían estado atados a mi alma desde que tenía memoria.
Se estaba resquebrajando, eslabón por eslabón, y a través de las grietas, una luz plateada comenzaba a filtrarse.
Una oleada de calor recorrió mi cuerpo, empezando desde el centro de mi pecho y extendiéndose hasta la punta de mis dedos, hasta la raíz de mi cabello. La luz que se filtraba a través de las