Capítulo 13
Rory
Rhys no ha cambiado. Es lo primero que pienso mientras cruza el salón de baile. Han pasado años y sigue teniendo esa misma seguridad indolente y ese aire arrogante.
Y viene directo hacia nosotros.
—Hermano.
Rhys se detiene a unos metros de distancia. Su mirada pasa de Caspian a mí. Sus fosas nasales se ensanchan ligeramente, y observo cómo su expresión cambia al captar el aroma de Caspian en mi piel.
—No sabía que habías desarrollado gustos tan... interesantes.
La mano de Caspian se tensa en mi espalda.
—Rhys.
—No te preocupes, no estoy aquí para causar problemas.
Rhys levanta las manos en señal de rendición, pero sus ojos no se apartan de mí.
—Solo quería felicitaros a los dos. De verdad.
Su mirada desciende hacia mi escote.
—Aunque admito que me duele un poco que no me contaras que os conocíais.
El calor me sube a las mejillas y abro la boca para hablar.
—El vals está a punto de empezar.
Caspian corta la tensión. Su mano se desliza de mi espalda a mi codo.
—Si nos disculpas.
—Por supuesto.
Rhys se aparta con una reverencia exagerada.
—Guárdame un baile para después, ¿quieres, Lady Rory? Por los viejos tiempos.
Caspian me aleja antes de que pueda responder y me conduce hacia el centro de la pista de baile, donde otras parejas ya se han congregado. Un músculo le tiembla en la mejilla cuando se vuelve para mirarme.
—Respira —murmura.
Fuerzo el aire a entrar en mis pulmones e intento calmar los latidos desbocados de mi corazón.
La música comienza: las notas iniciales del Vals de la Coronación, el mismo baile que practiqué con Caspian en el salón vacío. Me atrae hacia él, una mano en mi cintura, la otra sujetando la mía.
—Déjate llevar —dice en voz baja—. Como antes.
Empezamos a movernos.
Un-dos-tres. Un-dos-tres. Los pasos fluyen con más facilidad ahora; mi cuerpo recuerda lo que mi mente sigue intentando olvidar: cómo encajamos, cómo se siente su mano en mi cintura.
La música cambia y Caspian me suelta con visible renuencia. Sus dedos rozan mi palma al separarnos.
Se acerca el intercambio de parejas, tradicional en los bailes formales de la corte. Cada dama pasa al siguiente caballero del círculo, rotando entre varios compañeros antes de volver con el original.
Llevo toda la noche temiendo esta parte.
El primer intercambio transcurre sin problemas: uno de los lores tiene edad suficiente para ser mi abuelo y está demasiado concentrado en no pisarme para conversar. Luego viene un noble más joven cuyo nombre no capto, que me mantiene a distancia como si temiera contagiarse de algo.
Paso de pareja en pareja, girando por la pista, buscando el cabello pálido de Caspian entre la multitud.
Lo vislumbro de vez en cuando —bailando con una dragona rubia, luego con una dama morena vestida de verde esmeralda— y cada vez que nuestras miradas se cruzan, la tensión en mi pecho se alivia un poco.
La música cambia de nuevo. Me vuelvo hacia mi siguiente pareja.
Un hombre mayor con el cabello veteado de plata y ojos azules me toma la mano. Su agarre es firme, experto, y mi loba se pone alerta para evaluarlo.
—Lady Rory.
Su voz es aterciopelada.
—He oído hablar mucho de usted.
—Me temo que me lleva ventaja, mi señor.
—Theron.
Sonríe, pero la sonrisa no le alcanza los ojos.
—Soy el tío del Príncipe Heredero, aunque él rara vez lo reconoce.
El tío de Caspian. Tomo nota mentalmente mientras mantengo la expresión neutra y seguimos los pasos del baile.
—Ha causado bastante revuelo esta noche —continúa Theron—. Una loba como candidata a consorte. Una elección audaz.
—Eso parece pensar el Príncipe Caspian.
—El Príncipe Caspian piensa muchas cosas.
Su mano se tensa en mi cintura.
—Que esos pensamientos sirvan a la corona... está por verse.
Antes de que pueda responder, la música vuelve a cambiar y paso a mi siguiente pareja.
Unos ojos color miel se encuentran con los míos.
—Hola, Rory.
Rhys me coloca en posición. Su mano se acomoda en mi cintura como si perteneciera allí.
—¿Me echaste de menos?
Mis pies no vacilan. No le daré esa satisfacción.
—Se supone que debes pasarme a la siguiente pareja después de dieciséis compases —digo con calma.
—¿Ah, sí?
Me hace girar y luego me atrae de vuelta.
—Debo de haber perdido la cuenta.
Seguimos los pasos en silencio. Su mano está demasiado baja en mi espalda. Su cuerpo, más cerca de lo que permite el protocolo. Puedo oler el vino en su aliento, agridulce.
—¿Sabes? —dice en tono casual—. Casi no te reconocí. Toda vestida con los colores Drakos. El olor de mi hermano impregnando tu piel.
Inhala profundamente y reprimo un escalofrío.
—Concienzudo. Muy concienzudo.
—¿Adónde quieres llegar?
—Solo estoy conversando.
Me hace girar de nuevo, más despacio esta vez.
—Por cierto, ¿él lo sabe?
Se me para el corazón.
—¿Saber qué?
—Lo nuestro.
La sonrisa de Rhys es todo dientes.
—Esas noches en que te escabullías a mis aposentos. Lo desesperada que estabas por cualquier migaja de atención que te lanzara.
—No hay nada que saber. Nunca fuimos nada real, ¿recuerdas?
—¿No?
Ladea la cabeza.
—Yo lo recuerdo de otra manera. Aunque quizá solo soy uno de tantos. Vaya, cómo te lo montas, ¿eh? ¿Dos príncipes?
Se ríe por lo bajo.
—Otras lobas matarían por eso.
Dejo de bailar.
Las parejas a nuestro alrededor siguen fluyendo, la música sigue sonando, pero estoy clavada en el sitio. Las manos me han empezado a temblar.
—Oh, vamos. —La sonrisa de Rhys no flaquea—. Solo estoy bromeando. ¿Ya no aguantas una broma?
—Suéltame.
—Estamos en medio de un baile. Sería impropio...
—Te ha dicho que la sueltes.
Caspian se materializa junto a nosotros. Los demás bailarines aminoran el paso, percibiendo el cambio en el ambiente.
—Hermano. —Rhys me suelta la cintura, pero no retrocede—. Solo estábamos poniéndonos al día. Rememorando viejos tiempos.
—El baile ha terminado.
—¿Ah, sí? —Rhys echa un vistazo a las parejas que aún se mueven—. La música sigue sonando.
—Para ti, ha terminado —dice Caspian. En la última sílaba, una tenue voluta de humo escapa de sus labios. Y es entonces cuando me doy cuenta de que tengo que detener esto antes de que se ponga feo.
—Caspian. —Le agarro del brazo—. No lo hagas.
Tiene los ojos clavados en Rhys. Esta noche parecen más grises de lo habitual.
—Siempre tuviste mal genio. —Rhys se ajusta la chaqueta—. Un regalo de padre, supongo. Junto con todo lo demás.
—Aléjate, Rhys.
—¿O qué? —Rhys se acerca más y baja la voz—. ¿Vas a montar una escena? ¿Demostrarle a toda la corte que elegirías a una loba antes que a tu propio hermano? Adelante.
Caspian se mueve. Un momento está de pie junto a mí; al siguiente, tiene a Rhys agarrado por el cuello y lo atrae hacia sí. Un jadeo colectivo recorre la multitud y la música enmudece.
—¡Caspian! —Le agarro del brazo—. ¡Para!
—Di una palabra más. —El humo brota de la boca de Caspian—. Te lo advierto.
Los ojos de Rhys se posan en mí. —¿Cuánto tardará en ver quién eres en realidad?
Caspian le aprieta el cuello con más fuerza.
Siento cientos de ojos clavados en nosotros mientras el salón de baile queda en completo silencio. Mañana, no se hablará de otra cosa.
Tengo que acabar con esto. Ya.
Me yergo, tomo la mano de Caspian y me vuelvo hacia la corte con la sonrisa más radiante que soy capaz de esbozar.
—Mi prometido y yo te agradecemos tus felicitaciones, príncipe Rhys. —Mi voz recorre el salón de baile—. Es muy amable de tu parte darme la bienvenida a la familia.
La sonrisa de Rhys flaquea.
Entrelazo mi brazo con el de Caspian y lo guío hacia la salida más cercana, con la cabeza bien alta y la sonrisa intacta.
La multitud se abre a nuestro paso. Nadie habla. Caspian camina rígido a mi lado, el humo aún brotando de su aliento, pero me deja guiarlo a través de las puertas doradas hasta el corredor.
No me detengo.
Mis zapatillas de seda repiquetean contra el mármol mientras recorro el laberinto de pasillos en busca de refugio. Los pasos de Caspian resuenan tras de mí, acompasados con los míos, pero sin adelantarme nunca. Siento su mirada clavada en mi espalda, pero no me vuelvo a mirarlo.
Me tiembla la mano mientras empujo la puerta de mis aposentos, y ya busco las horquillas del pelo, desesperada por quitarme este vestido y olvidar esta noche.
La puerta se cierra a mi espalda con un chasquido.
Me doy la vuelta. Caspian está justo en el umbral, con el pecho agitado. Me mira como si acabara de prenderle fuego a todo.
—Deja de seguirme —digo entre dientes.
—Me has llamado tu prometido.