32. Garret
GARRET
Anne y los chicos decidieron celebrar la ceremonia de Peter al aire libre, para honrar su amor por el otoño y el automovilismo.
Después del incidente con Lightning, cuyo nombre se nos ordenó no volver a pronunciar en voz alta, Fox me nombró su vicepresidente y, como mi primer acto oficial, ordené que todos se presentaran en el funeral de Peter.
No solo fue un acto de respeto hacia Peter, que me ayudó a crecer y me apoyó mientras me ganaba mis parches, sino también por Sara.
Si Sara no hubiera dado el paso adelante como lo hizo, Fox habría vivido el resto de su vida amargado, buscando venganza tras los pasos de un maníaco. Y se habría matado a beber en el proceso. En lo que respectaba a Fox, Sara ya era mi pareja. Solo teníamos que hacerlo oficial.
Llegamos al cementerio bajo un cielo nublado en la furgoneta de Fox, seguidos por una fila de coches que se detuvieron tras nosotros.
Peter no habría aprobado que el club hiciera acto de presencia, así que hoy vinimos como dolientes, familiares de la familia de una forma u otra, aunque fuera solo por proximidad y por vivir en el mismo pueblo. Y el lugar estaba abarrotado.
Tardé un momento en localizar a Sara cerca de la parte delantera, de pie junto a Andrew y Daniel.
Anne estaba sentada en un taburete al lado del ataúd con la cabeza baja.
Era una mujer fuerte, pero lo estaba pasando mal.
Y aunque siempre había respetado los deseos de Peter en lo que a mí o al club se refería, se animó un poco cuando formamos una fila para pasar ante ella, ofreciéndole condolencias y abrazos uno por uno.
Me instalé en la primera fila junto a la joven que sostenía a mi hijo.
Kip dormía en sus brazos, rendido probablemente tras una larga mañana de ir de un lado a otro, y ella me sonrió mientras esperábamos a que Sara viniera a ocupar su lugar.
Apenas tuvimos un momento para charlar antes de que el sacerdote comenzara la ceremonia.
Habló con tono monótono sobre el sentido de la vida, lo frágil que es la humanidad y cómo todos debemos unirnos.
Luego se metió en un embrollo religioso que no entendí y miré a Kip.
Sara se apoyó en mi hombro y eso me hizo relajarme un poco más.
Nadie aquí estaba pendiente de nosotros dos.
Estábamos aquí para presentar nuestros respetos, pero sabía que esa parte llegaría.
Aún teníamos que hacer pública nuestra relación, aunque ella había traído a Kip anoche para que jugara en el remolque y tengo mucho trabajo por delante para que ese lugar sea apto para niños.
—Gracias por venir —susurró, así que me giré para mirarla.
—De nada —le respondí, en voz baja para no interrumpir a nadie más.
—No puedo creer que haya venido todo el club.
—Echó un vistazo detrás de nosotros, donde ya solo quedaba sitio para estar de pie, un muro de criaturas de aspecto extraño que vestían franela y cuadros, y una variedad de gorras y bandanas.
Fox dio una orden que nunca pensé que escucharía: nada de colores para la ceremonia de hoy.
Sabía que la confesión de Sara había cambiado la vida de ese hombre y, aunque él nunca lo admitiría, él también lo sabía.
—Órdenes de Fox —dije, aunque era una mentira piadosa. Pero él me respaldó al cien por cien.
—Cuando esto termine, vamos a cenar… para la familia y los amigos. Será en el restaurante. Convencí a mamá para no hacerlo en una iglesia. Amber y los cocineros se encargan de los preparativos ahora mismo. —Suspiró y dejó que sus ojos se encontraran con los míos—. ¿Vendrás?
Se me revolvió el pecho de forma extraña ante la idea de asistir a un evento familiar personal con ella.
Antes de mudarme a Grove Hill buscaba algo, pero nunca supe qué.
Entonces Peter y Anne me acogieron y me di cuenta de que tenía una familia.
Eso fue lo que me hizo quedarme; no el club ni la posibilidad de ganar dinero fácil por el que no tuviera que pasarme toda la vida trabajando.
Peter fue como un padre para mí. Así que cuando me echó porque la decisión que tomé de unirme a los Gravehounds le ponía en un dilema respecto a la protección de sus hijos, me dolió.
Sentí que el concepto de familia no era más que una mentira que alguien le contaba al mundo para que hombres como yo se sintieran extraños.
Pero después de conocer a mi hijo, todo cambió para mí.
Lo vi como lo veía Peter. Yo habría tomado decisiones similares por mi hijo.
Y algún día podría verme obligado a elegir a mi familia por encima del club.
Si llegaba ese momento, sabía que Fox lo entendería.
Él había perdido a Mandy por asuntos turbios, y si pudiera volver a hacerlo, sabía que lo haría.
—Sí —le dije en voz baja, y Andrew se giró para mirarnos mientras ella deslizaba su mano en la mía y la apretaba. Noté que no tenía una mala expresión en el rostro, aparte de la tristeza en sus ojos por haber perdido a un padre.
Nunca podría reemplazar a Peter, y tampoco tenía edad para ser un sustituto. Pero esperaba de verdad que algún día me vieran como un líder y un amigo, tal vez un hermano mayor.
—Bien. Podemos hablar con mamá juntos, y hay algo que deberíamos discutir.
—¿Ah, sí? —le pregunté, con la curiosidad despertada. Interiormente recé para que no fuera a decirme que tenía planes de huir de nuevo.
Con la verdadera fuente de su miedo desaparecida para siempre, tenía opciones.
No tenía que huir de un maníaco asesino.
Trabajar para sus hermanos como jefa de su equipo de mecánicos ya no era una necesidad.
Podía trabajar para Anne o mantener en marcha el taller de Peter.
O si ella quería, yo la mantendría con mis pagos del club y ella podría quedarse en casa y criar a Kip.
—No te comas la cabeza —dijo Sara, dándome un toque en las costillas.
—No lo hago —le dije, negando con la cabeza, pero ella me conocía demasiado bien.
Me quedaría ahí sentado dándole vueltas a cualquier cosa de la que tuviéramos que hablar hasta que ella lo soltara.
Pero también lucharía con la imagen de Andrew Ducette apuntándome con la escopeta de su padre.
Esos chicos no me querían ni un pelo, y decirles que amaba a su hermana podría levantar algunas ampollas.
Solo tenía que seguir respirando y poner un pie delante del otro. El día pasaría como cualquier otro, y mañana sería un nuevo comienzo.