23. Sara #2
Se rió entre dientes, pero luego se puso serio al decir: —Porque esta vida es peligrosa, Sara.
Cada vez que salgo con esos tíos hay una posibilidad real de que no vuelva, y la idea de que tú estés sentada en casa esperando una llamada para que te digan que he aparecido muerto en una cuneta me revuelve el estómago.
—Su pulgar dejó de moverse sobre mi cadera—.
Y cuando los conflictos del club se desbordan, no se quedan dentro del club.
Alcanzan a la gente que está conectada con nosotros.
Si alguien se enterara de que eres mía, te convertirías en un objetivo, y yo no podría soportarlo.
—Así que me apartaste —dije.
—Tenía demasiado miedo para acercarte. —Apretó más el brazo a mi alrededor—. Pero he hablado con Fox hoy, sobre Mandy… Perderla lo mató.
La mención del nombre de Mandy hizo que el miedo se me filtrara en los músculos, y apreté la mandíbula para evitar temblar. Garret no se dio cuenta o, si lo hizo, lo interpretó como el aire frío posándose sobre mi piel desnuda.
—Ese hombre lleva muerto por dentro cuatro años —continuó Garret—, sentado en su propio taller con una botella apoyada en la rodilla mientras otro dirige su club.
La quería más que a nada y perderla lo destruyó, y verla a ella me hizo darme cuenta de que yo iba por el mismo camino.
Amarte desde la distancia y fingir que eso me bastaba me estaba haciendo desgraciado, Sara. No quiero acabar como Fox.
Cada palabra que decía ahondaba más en la culpa que ya me estaba devorando.
Fox estaba de luto por una esposa cuyo asesino se sentaba a su mesa y bebía su whisky y se llamaba a sí mismo hermano.
Yo era la única persona que lo sabía, pero tenía demasiado miedo para contárselo a nadie.
Mientras tanto, Garret, ese tipo duro que nunca compartía sus sentimientos acerca de nada, estaba admitiendo que tenía miedo.
Él, con miedo.
Yo era la auténtica cobarde.
—Quiero que lo nuestro se mantenga en secreto un tiempo —dijo Garret—.
La guerra con los Locusts se está poniendo más fea por días y necesito tener al club detrás de mí antes de hacerlo público.
Cuando todo se calme y tenga su apoyo, podremos dejar de escondernos y decírselo a Fox.
Pero hasta entonces, nadie puede saberlo.
—Garret —dije en voz baja, como si por algún motivo supiera que Tony me oiría desde el pueblo y vendría a cazarme—. ¿Y si los Black Locusts no mataron a Mandy?
Garret me mandó callar y luego me giró la cabeza para que lo mirase.—Sara, no tenemos por qué hablar de eso esta noche, ¿vale?
—Pero ¿y si fue otra persona…?
—Eh. —Se volvió de lado y su mano encontró mi cara, acunando mi mejilla.
Tenía los ojos suaves y cansados, y apoyó los labios en mi frente y los mantuvo allí—.
No quiero hablar de asuntos del club ahora.
Llevo cuatro años hablando de asuntos del club todos los días y esta noche no quiero nada de eso.
Esta noche quiero abrazarte, escuchar el agua y dormirme a tu lado. ¿Podemos hacer eso?
Todo lo que quería Garret era ignorar los hechos a los que llevaba años enfrentándose, y yo quería por fin admitirlos. Pero como si la mano del destino hubiera bajado a posarse en mi lengua, el miedo me cerró en seco. No fui capaz de decir ni una palabra más.
—Vale —susurré—. Está bien.
Su brazo me apretó más contra su pecho y en cuestión de minutos su respiración se hizo más profunda, hasta convertirse en el ritmo largo y constante del sueño real.
El agarre en mi cadera se relajó y la cara se le aflojó, más en calma de lo que lo había visto en mucho tiempo, y luego un leve ronquido le hizo vibrar el pecho.
Durante mucho rato me quedé pegada a él, escuchando los latidos de su corazón y memorizando la sensación de su brazo alrededor de mí, porque no sabía cuándo volvería a sentirla.
Cuando su respiración me indicó que estaba totalmente dormido, deslicé con cuidado mi cuerpo para salir de debajo de su brazo.
Mi ropa estaba desperdigada por la grava y la fui recogiendo pieza a pieza, me puse los vaqueros y la camiseta mientras me temblaban las manos.
Su teléfono seguía metido en el bolsillo de sus vaqueros; lo saqué y le quité el sonido.
Luego escribí un mensaje rápido explicándole por qué no estaba allí.
Sara: 0:14: Siento muchísimo haberme ido. Danny ha llamado y no podía quedarme. Pensaré en todo lo que me has dicho esta noche. Por favor, no te enfades conmigo.
Volví a meter su teléfono en el bolsillo y coloqué su ropa en un montón ordenado justo a su lado, luego lo cubrí con cuidado con la segunda manta.
Ya vestida, caminé en silencio hasta mi moto de campo, aparcada junto a la línea de árboles al norte, y empecé a empujarla por la pista de tierra hasta la carretera.
Cuando estuve lo bastante lejos como para que el rugido del motor no lo despertara, me subí y la arranqué de una patada. La carretera se abrió ante mí y la oscuridad me tragó a mí y a las lágrimas que empezaron a resbalarme por las mejillas.
Esta noche él me había dado todo lo que yo siempre había querido, y yo me estaba alejando de ello porque la verdad que llevaba a cuestas lo destrozaría, y el hombre que sostenía esa verdad sobre mí nos mataría a los dos antes de dejar que saliera a la luz.
Y todo eso sin mencionar siquiera nada de Kip.
¿Qué haría Garret cuando Tony le dijera que yo había tenido a su hijo en secreto?