Epílogo Destino Roma
Epílogo Destino: Roma
Una hora después…
ÁLEX
Nadie podía saber cuál sería el momento exacto en que su vida daría un giro drástico. El punto de no retorno en el que, por mucho que quisieras, no podrías dar marcha atrás porque ya había cambiado todo. Porque la vida nunca podría volver a ser igual.
Nos dejábamos llevar por la inercia, sin saber que cada decisión que tomábamos, por nimia que fuera, podía tener grandes consecuencias en nuestro futuro. Por aquel entonces yo no lo entendía, pero no tardaría demasiado tiempo en descubrirlo.
El frío rocío de la mañana se dibujaba en nuestros rostros cuando accedimos al aeropuerto JFK. Ni mi hermano ni yo pronunciamos una sola palabra tras lo ocurrido. No había suficientes que pudieran hacer justicia a lo que estábamos sintiendo.
Miré a Bass, cuya preocupación era tan grande como para llenar mil vidas. Él apoyó una mano en mi espalda y notó que continuaba acelerado. Los oídos me palpitaban cada vez que un sonido hacía eco en ellos. La ira corría por mis venas, sustituyendo a la sangre.
Minutos después, una vez pasado el control de seguridad, nos montamos en el avión. Le pedí un bolígrafo y papel a la azafata y escribí una carta .
Me iba a casa.
A Roma.
Y dejaría mi corazón en Nueva York.
Para la próxima misión, no lo necesitaría.