Raven (Código Negro 3) Epílogo extra
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Epílogo extra

Un año después

Eve

Renovamos nuestros votos ayer. Pero sentí que esa había sido la boda que nos merecíamos, todos estaban presentes, sus amigos y familia, amigos que ahora son míos y nuestra familia.

Hazel llevaba las flores y se veía tan hermosa como siempre, me conmovió ver lo mucho que ha crecido en un año.

Ahora tiene seis, es una niña feliz y mi corazón se derrite cada vez que me llama: Mamá.

El sol acaba de salir y tengo una nueva rutina, salir a montar a caballo.

Mi mudanza a Inglaterra era algo que no estaba en discusión, no había nada que me atara a Irlanda del norte, los negocios se pueden llevar desde cualquier lugar.

Y ahora, lideraba con mi marido y el derramamiento de sangre era poco necesario.

Me quedo a observar la penumbra.... hasta que escucho pasos y sonrío, no me muevo porque sé que es mi marido.

Claus

Me acerco en silencio, aunque sé que ella ya me sintió. Después de un año, Eve puede detectar mi presencia antes de que yo siquiera respire cerca de ella. Es como si nuestros cuerpos estuvieran sintonizados en la misma frecuencia oscura.

Me subo detrás de ella en el caballo con facilidad, mi pecho pegándose a su espalda. Ella no se sobresalta, solo se relaja contra mí, como si mi cuerpo fuera su hogar.

—Buenos días, esposa, — murmuro contra su cuello, inhalando el aroma de su piel mezclado con el aire fresco del amanecer.

—Buenos días, vaquero, — responde, y puedo escuchar la sonrisa en su voz.

El caballo se mueve lentamente bajo nosotros, sus pasos tranquilos mientras observamos el lago. La penumbra cubre el agua como un velo, y el cielo comienza a teñirse de rosa y naranja en el horizonte. Es hermoso. Pero no tanto como ella.

—¿No podías dormir sin mí? — pregunta, recostando su cabeza contra mi hombro.

—Nunca puedo, — admito, mis manos rodeando su cintura por encima del vestido largo. —La cama está fría sin ti. Vacía. Como si me faltara la mitad del alma.

Ella se ríe suavemente, ese sonido que solía ser tan raro y que ahora escucho todos los días. —Qué romántico te has vuelto, Claus. ¿Qué pasó con el hombre que me amenazaba con cadenas?

—Sigue aquí, — gruño, mordiendo suavemente su oreja. —Solo que ahora sabe que te tiene para siempre. Ya no necesito amenazas. Ya no necesito cadenas al menos que las quieras.

—Siempre las querré, —repite ella, y hay algo profundo en esas palabras. Algo que va más allá del deseo. Algo que es pura verdad.

El caballo continúa su paso lento, y mis manos comienzan a moverse. Subo una por su costado, sintiendo la tela suave del vestido bajo mis dedos, y bajo la otra hacia su muslo.

—Claus, — murmura, pero no es una protesta. Es una invitación

—Shh, — susurro contra su cuello. —Solo quiero tocarte. Quiero recordarte lo que somos, mientras observamos nuestro lago.

Mis dedos encuentran el borde del vestido y lo subo lentamente, exponiendo sus piernas al aire fresco de la mañana. Ella tiembla, pero no de frío.

—Ayer renovamos nuestros votos, — digo, mis dedos trazando círculos en su muslo interno. —Pero hoy quiero renovar algo más. Quiero renovar esta promesa: Que cada día de nuestras vidas, te tocaré así. Te amaré así. Te reclamaré así.

—Claus, — jadea cuando mis dedos rozan la tela de su ropa interior.

—¿Recuerdas nuestra primera vez? — pregunto, presionando suavemente. —En la parte trasera de mi camioneta. Eras tan inocente. Tan asustada. Tan perfecta.

—Lo recuerdo, — susurra, sus caderas moviéndose involuntariamente contra mi mano. —Recuerdo que pensé que me destruirías.

—Y lo hice, — admito, deslizando la tela a un lado y tocando su piel directamente. —Pero tú me destruiste también. Me destrozaste y me reconstruiste. Me hiciste humano de nuevo.

Ella gime suavemente cuando mis dedos encuentran su clítoris, moviéndose en círculos lentos. El caballo sigue caminando, el movimiento añadiendo una fricción deliciosa a cada caricia.

—Mírate, — murmuro, mi otra mano subiendo para acariciar su pecho por encima del vestido. —Tan hermosa en este amanecer. Tan mía. Pero ahora es diferente, ¿verdad? Ahora no es solo posesión. Es amor.

—Es amor, — confirma ella, su voz temblorosa. —Te amo tanto que a veces me asusta. Como si fuera demasiado grande para mi cuerpo.

—Lo sé, — digo, aumentando la presión de mis dedos. —Yo siento lo mismo. Como si mi corazón fuera a explotar cada vez que te miro. Y cada respiración que tomas fuera más importante que la mía.

El lago refleja los primeros rayos del sol, y el agua brilla como oro líquido. Pero yo solo tengo ojos para ella, para la forma en que su cuerpo se arquea contra el mío, para los pequeños sonidos que hace, para la forma en que sus manos se aferran a mis muslos.

—Hazel me preguntó ayer si algún día tendría un hermanito, — dice Eve de repente, y siento cómo su cuerpo se tensa con placer bajo mis caricias.

—¿Y qué le dijiste? — pregunto, mis dedos moviéndose más rápido.

—Le dije que tal vez, —jadea. —Que lo estábamos pensando.

La idea me golpea con una fuerza inesperada. Eve embarazada. Llevando a mi hijo. Nuestro hijo. Una familia construida sobre las cenizas de nuestra oscuridad.

—Joder, — gruño, penetrándola con dos dedos mientras mi pulgar continúa trabajando su clítoris. —Dime que lo dices en serio. Dime que quieres eso.

—Lo digo en serio, — gime, su cabeza cayendo hacia atrás contra mi hombro. —Quiero todo contigo, Claus. Quiero una familia. Quiero un futuro. Quiero envejecer a tu lado y seguir amándote incluso cuando seamos viejos y grises.

—Te amaré incluso cuando estemos muertos, — prometo, mis dedos moviéndose con más intensidad. —Te amaré en cada vida. En cada universo. En cada maldita dimensión que exista.

El caballo se detiene cerca del borde del lago, como si supiera que necesitamos este momento. El agua lame suavemente la orilla, y el sol finalmente rompe el horizonte, bañándonos en luz dorada.

—Córrete para mí, — ordeno, mi voz ronca contra su oído. —Córrete mientras observas nuestro hogar. Córrete sabiendo que esto es para siempre. Que yo soy para siempre.

—Claus, — gime mi nombre como una oración, y entonces su cuerpo se tensa, temblando violentamente contra el mío mientras el orgasmo la atraviesa.

La sostengo firmemente, mis dedos sin dejar de moverse, prolongando su placer mientras ella se deshace en mis brazos. Es hermoso. Es perfecto. Es todo lo que siempre quise.

Cuando finalmente se calma, descansa su cabeza hacia atrás en mi pecho, su respiración entrecortada. Retiro mi mano de debajo de su vestido y la abrazo completamente, sosteniéndola contra mí como si fuera lo más precioso del mundo.

Porque lo es.

—Te amo, — dice ella, su voz suave pero firme. —Te amo más de lo que las palabras pueden expresar. Te amo con cada parte rota de mí que tú sanaste. Te amo con cada cicatriz que me diste y cada beso que las curó.

—Te amo, — respondo, besando su sien. —Te amo con cada parte oscura de mí que tú iluminaste. Te amo con cada demonio que enfrentamos juntos. Te amo con cada promesa que hice y cada promesa que aún haré.

Nos quedamos así, abrazados en el caballo, observando cómo el sol termina de salir sobre el lago. El mundo se despierta a nuestro alrededor, los pájaros comienzan a cantar, el viento sopla suavemente a través de los árboles, y en algún lugar de la casa, sé que Hazel pronto despertará y nos buscará.

Pero por ahora, es solo nosotros dos. El hombre que era pura oscuridad y la mujer que era puro fuego. Juntos, creamos algo nuevo. Algo hermoso. Algo que vale la pena cada momento de dolor que nos trajo aquí.

—¿Sabes qué es lo mejor de todo esto? — pregunta Eve, entrelazando sus dedos con los míos sobre su vientre.

—¿Qué? — murmuro contra su cabello.

—Que después de todo, de la sangre, el dolor, los secretos, las mentiras, los ataques de pánico, las peleas, después de todo eso, elegimos esto. Elegimos el amor. Elegimos la paz. Elegimos construir algo hermoso sobre las ruinas de lo que fuimos.

—Y lo volveríamos a hacer, — digo con certeza absoluta. —Pasaría por todo de nuevo si significa terminar aquí. Contigo. Así.

—Yo también, — susurra.

El caballo comienza a caminar de nuevo, llevándonos de regreso hacia la casa. Hacia nuestra hija. Y todo lo que hemos construido. Y el futuro que elegimos juntos.

Y mientras cabalgamos bajo el sol naciente, con mi esposa en mis brazos y el amor llenando cada espacio vacío que alguna vez tuve, sé una verdad absoluta:

Esto es lo que significa estar completo.

Esto es lo que significa estar en casa.

Juntos.

Para siempre… más allá de lo salvaje.

FIN