RANGER CREED (Brotherhood Protectors nº 14) Capítulo 6 #2
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Capítulo 6 #2

Rebuscó un poco más, mirando dentro de cajas desechadas y debajo de un palé roto en busca de cualquier señal de drogas escondidas.

Cuando se convenció de que nadie había estado allí ese día y no quedaban drogas a la vista, se dirigió a la puerta que Zach había indicado.

Cuando alargó la mano hacia el pomo, este vibró bajo la luz.

—¿Lani? —la llamó Zach, sacudiendo la puerta aunque no se abría.

—Estoy aquí —dijo ella, el sonido tranquilizador de la voz de Zach ahuyentando el pánico residual que había sentido un momento antes. Lani giró el pestillo del pomo y empujó la puerta para abrirla.

Zach metió la mano, la sacó fuera y la atrajo hacia sus brazos. —La próxima vez, entro yo primero —dijo, abrazándola con fuerza, con la barbilla apoyada en la coronilla de ella.

Ella le rodeó la cintura con los brazos, con las manos aún aferrando la pistola y el móvil, y apoyó la mejilla en su pecho, escuchando el rápido latido de su corazón. —¿Has pasado miedo por mí?

—Y tanto que sí —murmuró él, su aliento alborotándole el pelo de la sien.

—Sé cuidarme sola. —Inclinó la cabeza hacia arriba y le miró a los ojos. El sol se había puesto hacía mucho, dejando el cielo de un gris apagado y oscuro mientras la luz menguante se extinguía.

—No me ha gustado estar tan lejos de ti —dijo él—. No puedo proteger a alguien si no se mantiene cerca.

—Lo recordaré —dijo ella—. No he podido explorar el sótano, pero sí he encontrado algunos indicios de que el lugar había sido utilizado bastante recientemente, si no hoy. —Levantó el paquete de tabaco—. Esto parecía bastante reciente, junto con algunas latas de cerveza y una jeringuilla.

—Podemos volver cuando tengamos más luz para trabajar.

—Traeré una linterna la próxima vez —convino Lani—. Vamos a mi casa.

Zach le pasó el brazo por la cintura como había hecho en el restaurante y la condujo de vuelta a la camioneta.

Lani no mencionó que no había nadie alrededor. No tenían que fingir estar enamorados. Pero mantuvo la boca cerrada y se deleitó en la sensación cálida y fuerte de su brazo en su espalda. Podría acostumbrarse a tenerlo ahí. Podría acostumbrarse a tenerlo cerca de forma permanente.

Lástima que su misión fuera temporal.

La ayudó a subir a la camioneta y se montó a su lado.

Sin que tuviera que decírselo, él se abrió camino de vuelta a través del pueblo y hasta la casa de Lani.

Lani permaneció en silencio, lanzando miradas furtivas a Zach. Le estaba mirando cuando él aparcó frente a su casa.

—¿Pero qué demonios? —dijo Zach, un ceño fruncido surcándole la frente.

Lani se giró para ver qué le había hecho maldecir y ahogó un grito.

Su bonita casita blanca estaba manchada con pintura de color rojo sangre rociada en enormes franjas sobre el revestimiento, las ventanas y la puerta. Entre los brochazos rojos sin ton ni son había letras enormes que deletreaban una palabra.

SIGUIENTE.

Zach le sujetó el brazo antes de que Lani pudiera bajar de la camioneta. —Quédate aquí.

—Es mi casa —dijo ella.

—Quienquiera que haya hecho esto podría seguir aquí. —Le lanzó una mirada severa—. Por favor. Quédate aquí.

Ella frunció el ceño intensamente y abrió la boca. Luego la cerró y asintió. —Ten cuidado.

Zach se deslizó fuera de la camioneta, sacando su arma de la sobaquera. Corrió hacia la casa. La puerta principal había sido forzada, el marco de la puerta astillado con bordes irregulares. Empujándola con más cuidado con el cañón de su pistola, Zach entró.

Como Ranger del ejército, había recibido entrenamiento para despejar edificios infestados de enemigos.

Echando mano de su experiencia, se movió por la pequeña casa, yendo de habitación en habitación, buscando intrusos.

Habían revuelto el salón, los cojines del sofá estaban rajados y esparcidos por la habitación.

La nevera había sido volcada y yacía de lado.

El colchón de su cama había sido acuchillado y habían rociado pintura roja por las paredes a grandes brochazos.

La ropa de su armario había sido arrancada de sus perchas, desparramada por la habitación y también estaba cubierta de pintura.

Zach siguió avanzando. Cuando se hubo asegurado de que no quedaban amenazas dentro de la casa, salió por la puerta trasera, escudriñó la línea de árboles circundante y dio la vuelta por el frente.

Lani empujó la puerta del copiloto para abrirla.

—Todo despejado —dijo él.

—Bien. Porque no iba a esperar más. —Se bajó de la camioneta y caminó hacia la casa, su paso acelerándose a medida que se acercaba, sus ojos brillando bajo la luz del porche—. Hijo de puta. —El color le subió a las mejillas como banderas rojas.

A Zach le hervía la sangre por ella. Quería borrar toda la pintura de su casa.

Su casa había sido vandalizada. El lugar seguro al que acudía para encontrar paz y relajación había sido violado. Lani miró con desprecio la pintada en la pared y entró en la casa sin aminorar la marcha.

—Maldita sea. Malditos sean todos —gritó.

Zach la siguió adentro, encogiéndose ante lo que ya había presenciado, pero sintiendo su dolor al ver sus cosas destrozadas.