Capítulo 5
Lani dio varias vueltas alrededor de la caravana mientras esperaba a que el jefe o Zach regresaran.
No quería tocar nada del interior por si había alguna prueba relacionada con los asesinatos.
Como mínimo, podrían detener a Mark por posesión de drogas y, en ese momento, interrogarlo sobre su paradero a la hora de los asesinatos.
El hombre podría haber matado a su hermano en un ataque de ira inducido por las drogas, pero su instinto le decía que no.
Los dos asesinatos tenían que haber sido cometidos por la misma persona. Se parecían demasiado. A Lani no se le ocurría ni una sola razón por la que Mark hubiera matado a Tyler. No eran parientes como Mark y Ben, y no se movían en los mismos círculos sociales. No tenía sentido.
Y, a juzgar por los otros vehículos que había fuera de la caravana, el único que funcionaba era en el que Mark había escapado.
Un hombre no podía cargar y transportar un cadáver en una motocicleta.
Al menos, no muy lejos. Al igual que el vehículo de Tyler, el de Ben no parecía haber sido alterado, como si lo hubieran matado en él y luego lo hubieran llevado a otro lugar para deshacerse del cuerpo.
Necesitaba ver el informe del forense sobre las dos víctimas.
¿Se habían defendido? ¿Había alguna señal de que hubieran luchado, arañado o magullado a su oponente antes de ser apaleados hasta la muerte?
Si le hubieran dado un puñetazo, el asesino tendría algunas marcas.
Cuanto antes lo encontraran, mejor. Los moratones y los arañazos desaparecían con el tiempo.
Con la atención puesta en las llanuras que la rodeaban, oyó el motor antes de ver la camioneta de Zach entrar en el camino lleno de baches que conducía a la aislada caravana.
Odiaba admitirlo, pero se alegró de verlo.
Si Mark hubiera regresado, podría haber estado colocado con la droga que fuera que había dejado en la mesa.
Podría haberla atacado lleno de agresividad y desesperado por su siguiente dosis.
Una bala no lo habría parado en seco necesariamente.
Zach entró en el patio lleno de basura y se detuvo derrapando en la tierra suelta.
Lani se acercó a la camioneta mientras Zach se bajaba.
Se reunió con ella junto al guardabarros delantero y la rodeó con sus brazos.
—¿No ha vuelto?
Ella se rio entre dientes y apoyó las manos en su pecho.
—No. Ni siquiera he tenido que sacar la pistola.
—Gracias a Dios —dijo Zach—. Estaba preocupado.
—Creo que te has ido apenas cinco minutos. No puede pasar gran cosa en tan poco tiempo —dijo ella. Pero no se apartó de su abrazo. Le gustaba sentir lo sólido que era contra ella.
El sonido de otro motor le llamó la atención.
Zach debió de oírlo también. Su cuerpo se puso rígido y se giró hacia el camino lleno de baches por el que acababa de llegar.
Con la mano en la pistola, Lani observó. No se relajó ligeramente hasta que vio las luces sobre el techo del vehículo.
El vehículo de las Fuerzas del Orden de los Blackfeet del jefe se detuvo junto a la camioneta de Zach. El jefe de policía Black Knife se bajó del asiento delantero, con el ceño fruncido.
—Creía haberle dicho que estaba fuera del caso —dijo sin preámbulos.
Lani se apartó de los brazos de Zach.
—Le he oído —dijo—. Solo estaba viendo cómo estaba Mark después de oír lo de la muerte de su hermano.
—¿Y?
Lani hizo un gesto con la mano hacia la caravana.
—Compruébelo usted mismo. Se largó antes de que pudiera preguntar.
El ceño de Black Knife se frunció aún más.
—Si se ha largado, ¿qué hay que ver?
—Dejó la puerta trasera abierta de par en par —Lani enarcó una ceja—. Lo que ha dejado dentro está a la vista.
El jefe de policía rodeó la caravana y subió los destartalados escalones traseros.
Lani lo siguió y esperó al pie de la escalera.
—Ninguno de los dos hemos entrado. No queríamos destruir ninguna prueba.
—Buena idea —dijo el jefe—. Puedo pillarlo por posesión.
—¿Cree que podría haber matado a Ben? —Lani levantó las manos—. No es que esté investigando ni nada. Solo soy una ciudadana preocupada con una pregunta válida.
El jefe le lanzó una mirada antes de desaparecer en el interior de la casa móvil. Unos instantes después, salió a la puerta, negando con la cabeza.
—No he visto nada que pudiera haber utilizado para infligir el traumatismo por objeto contundente que sufrieron tanto Tyler como Ben. Pero tengo una razón para traerlo al cuartel e interrogarlo.
—Si puede atraparlo —dijo Lani—. Se ha largado en una moto de cross. Sabiendo que lo van a pillar por posesión, puede que no vuelva.
—Pondré una orden de búsqueda. —Señaló a Lani con un gesto de la cabeza—. Tengo una provisión de bolsas de pruebas y una cámara en mi vehículo.
—Yo iré a por ello. —Lani se dio la vuelta y se apresuró a rodear la caravana hasta el vehículo de servicio del jefe. En la guantera encontró las bolsas y la cámara. Cuando regresó a la puerta trasera de la caravana, Black Knife estaba dentro abriendo las puertas de los armarios.
Lani pasó junto a Zach, rozándolo en los escalones. El corazón le palpitó contra las costillas, enviando descargas de electricidad a través de sus sentidos. Entró apresuradamente en la caravana, llevando los objetos que su jefe le había pedido.
Él extendió la mano.
—Usted haga las fotos mientras yo recojo —dijo.
Lani asintió y le entregó las bolsas. Mientras ella sacaba fotos, Black Knife recogía las drogas y la parafernalia. La mesa no era el único lugar con material de contrabando. Varios armarios contenían más bloques de polvo blanco y bolsas llenas de pastillas.
Los dormitorios a cada extremo de la caravana eran como la noche y el día.
Uno tenía una cama cuidadosamente hecha con ropa colgada en un pequeño armario.
Los zapatos estaban alineados en el suelo y las toallas dobladas en un estante.
En el extremo opuesto de la caravana había lo que parecía un montón de mantas sucias arrimadas a la pared.
Lani no estaba segura de que el colchón hubiera tenido alguna vez una sábana protectora.
Entre los pliegues de las mantas había latas de cerveza vacías, junto con una vieja caja de pizza con media pizza dentro.
La mugrienta habitación olía como si alguien hubiera orinado en ella y no la hubiera limpiado.
Lani se tapó la nariz. El hedor era insoportable.
—¿Ya casi ha terminado? —preguntó.
—Casi. —Levantó el colchón y miró debajo de la cama.
Un gran compartimento contenía aún más ladrillos de polvo blanco—.
De ninguna manera era para consumo propio.
El cabrón estaba traficando. —Sostuvo el colchón mientras Lani hacía clic sin parar.
Luego apuntaló el colchón y metió en bolsas el resto de la droga—.
Va a haber mucha gente descontenta cuando no reciban su mercancía.
—Tiene que enviarlo a la central del estado. Si guarda tanta mercancía en la oficina, es probable que alguien tirotee el local para intentar conseguirla.
—Buen apunte. —Le entregó varias bolsas—. Vamos a meter esto en el maletero de mi vehículo.
Lani ayudó a llevar las bolsas de pruebas hasta el vehículo de servicio del jefe y a meterlas en el maletero.
Cuando todo estuvo recogido y guardado en el maletero, el jefe lo cerró y miró fijamente a Lani.
—Sé que está llevando a cabo su propia investigación —dijo.
Con un nudo en el estómago, Lani solo pudo asentir. No le mentiría al hombre que se había arriesgado a contratarla. Un hombre al que admiraba.
—No… se detenga —dijo—. No se detenga. Necesitamos todos los ojos puestos en la búsqueda de quien hizo esto.
Me importa una mierda si enfadamos a los ancianos del consejo.
Le dicen que sí a todo a Swiftwater. Tiene algo en contra de usted, pero no me lo trago.
Haga lo suyo, mientras nosotros hacemos lo nuestro.
Si necesita refuerzos, avíseme. Estaré allí.
Lani soltó el aliento que había estado conteniendo.
—Gracias. No estaba segura de cuál era su postura. Me ayuda saber que no ha perdido la fe en mí.
Él enarcó las cejas.
—¿Bromea? Es lo mejor que le ha pasado a las BLES.
Necesitábamos sangre nueva. Demasiados de nosotros nos hemos vuelto complacientes.
Ahora esto… —Negó con la cabeza—. Hemos tenido gente desaparecida, pero nunca un asesinato descarado.
Es como si el asesino quisiera que lo encontráramos, pero mientras tanto nos está mareando la perdiz.
¿Por qué si no abandonar los cuerpos donde se puedan encontrar fácilmente?
—Estoy de acuerdo. —Lani frunció el ceño—. Sin embargo, hasta ahora no he encontrado una pista lo suficientemente buena como para sentir que voy en la dirección correcta.
—Entonces investigue más a fondo. Yo lo haré. Junto con mi sombra, el agente del FBI —dijo, arrugando la nariz.
—Voy a seguir a Mark. ¿Alguna idea de adónde podría huir? ¿O tiene algún garito favorito?
—Lo he visto en el bar local en más de una ocasión. Podría probar en el Mick's Bar and Grill. Pero no se moleste en ir antes de las nueve. Es cuando se congregan los bebedores más empedernidos.
—¿Estarán usted y el agente allí? —preguntó Lani.
—No. Todo el mundo sabe que estoy en el caso. —El jefe ladeó la cabeza hacia Zach—. Usted y su prometido podrían entrar con el pretexto de enseñarle al nuevo los locales de la zona. —Sonrió—. Por cierto, felicidades por su compromiso. Ni siquiera sabía que tenía novio.
Ni ella tampoco. A Lani se le revolvió el estómago. No le gustaba mentirle a su jefe. Le había dado una oportunidad cuando otros podrían haberla descartado por ser mujer.
—Gracias —dijo—. Haré lo que pueda.
El jefe miró a Zach.
—¿Confío en que le cubrirás las espaldas?
Zach asintió.
—Lo haré. —Pasó un brazo por encima de los hombros de Lani—. Sabe cuidarse sola, pero, a veces, ayuda tener ojos en la nuca. —Le guiñó un ojo—. Yo le cubriré las espaldas.
Un escalofrío de excitación recorrió la piel de Lani mientras miraba a los ojos de Zach. Le gustaría que le cubriera la espalda. Su espalda desnuda.