Raíces y Ceniza (Harlow Creek 2) CAPÍTULO 15
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CAPÍTULO 15

Lo que vuelve con el otoño

Harlow Creek los recibió en septiembre con el calor todavía presente y las primeras hojas cambiando de color en los bordes del bosque, esa transición lenta que anuncia el otoño sin apresurar su llegada.

Lo que los esperaba en el pueblo no era exactamente lo que habían dejado.

Devin Harker había reaparecido.

No en Harlow Creek, sino en el condado de Bexar, Texas, donde Warren Tully lo había localizado a través de una red de contactos que Rhett prefirió no preguntar en detalle. La noticia llegó por Oliver, que la había recibido de Warren, que la había comunicado a Pickett.

Lo importante no era Harker en sí. Lo importante era lo que Harker llevaba: documentación de transacciones entre la empresa de Drayden y dos propiedades del condado de Whitmore que no habían salido en el proceso judicial original.

—¿Drayden tiene más tierras aquí? —preguntó Rhett.

—Tiene participaciones en dos sociedades que compran tierra. Las sociedades están a nombre de terceros pero el dinero viene de Drayden. —Oliver extendió los documentos sobre la mesa de la cocina—. Harker habló. No por buena voluntad, sino porque Texas le dio una opción mejor.

—¿Qué propiedades?

Oliver señaló en el mapa.

—Esta, al norte del condado. Y esta otra, al este, que limita con el terreno del señor Angler.

Rhett miró el mapa.

—El terreno de Angler.

—Sí.

—Angler tiene setenta y ocho años y las rodillas malas. Si alguien le ofrece precio por esas tierras...

—No ha habido ninguna oferta todavía. Pero si Drayden o quien actúe por él se mueve en esa dirección, el señor Angler necesita saber con quién está tratando.

—Angler habla con Bram. Y con Adaia.

—Bien. —Oliver recogió los documentos—. Yo hablo con Pickett. El proceso judicial de Drayden se complica más, lo cual significa que va a tardar más pero también que la condena puede ser mayor.

—¿Y Harker?

—Harker coopera con Texas. Michigan puede sumarse al acuerdo si la fiscalía lo considera.

Rhett asintió.

—¿Hay riesgo para el rancho?

—No inmediato. Drayden tiene las manos ocupadas con sus abogados. —Oliver lo miró—. Pero hay que estar atentos.

Bram lo tomó con la misma calma con que tomaba todo lo que implicaba defender lo suyo: sin dramatismo, con la atención quieta de quien sabe que las batallas largas no se ganan con prisa.

—El señor Angler —dijo.

—Mañana voy a verlo —dijo Adaia.

—Yo también —dijo Rhett.

Fueron los dos el miércoles por la mañana. El señor Angler estaba en su porche con Chester y el café de las ocho, como todos los miércoles. Escuchó lo que tenían que decirle sin interrumpir, con esa atención sosegada de los hombres que han vivido suficiente para no asustarse fácilmente.

—¿Alguien me ha contactado para comprar? —dijo, cuando terminaron.

—No todavía —dijo Adaia—. Pero si alguien lo hace, queríamos que supiera quién puede estar detrás.

Angler miró a Chester, que dormía con la conciencia tranquila de un perro que no tiene preocupaciones.

—Llevo cuarenta años en estas tierras —dijo—. No las vendo. Pero me alegra saber a qué atenerme.

—Si alguien le hace una oferta, llame a Oliver Crane.

—Lo haré.

De vuelta en el rancho, Rhett encontró a Nora esperando en el patio. Había terminado el turno temprano y había venido sin avisar, que era algo que había empezado a hacer con naturalidad desde que volvieron de Duluth.

—¿Bien? —preguntó.

—Bien. Angler lo sabe.

Nora asintió. Luego miró hacia Scout en el potrero.

—¿Podemos ir al sendero?

—¿Ahora?

—Si tienes tiempo.

Rhett miró el rancho. El trabajo del día estaba hecho. Lucas tenía cubierto el resto.

—Tengo tiempo.

Ensillaron a Scout y a Biscuit y tomaron el sendero del norte con el sol de septiembre todavía caliente y el bosque empezando a ponerse de ese dorado que en Michigan dura dos semanas y vale todo el invierno.

Nora montaba ya con la soltura de quien ha recuperado algo que el cuerpo guardaba. Scout la miraba con la oreja vuelta hacia ella cuando hablaba, que era su manera de decir que prestaba atención.

—¿Qué piensas cuando estás aquí arriba solo? —preguntó Nora.

—Depende del día.

—¿Y hoy?

Rhett miró el horizonte entre los pinos.

—Hoy pienso que este es exactamente el sitio donde quiero estar.

—¿El sendero del norte?

—Harlow Creek. El rancho. —La miró—. Esto.

Nora lo miró de frente.

—¿Esto qué?

—Esto contigo.

Nora no respondió inmediatamente. Miró el bosque durante un momento.

—¿Cuánto tiempo más vas a esperar? —dijo finalmente.

—¿Para qué?

—Para decirme lo que estás pensando realmente.

—Acabo de decírtelo.

—No del todo.

Rhett detuvo a Scout.

—Nora.

—¿Qué?

—Quiero que estés en el rancho. No de visita. —La miró—. Si tú quieres.

El bosque estuvo en silencio durante un momento. Un pájaro en algún punto entre los pinos. El viento moviendo las hojas.

—¿Cuándo? —dijo Nora.

—Cuando estés lista.

—¿Y si estoy lista antes de lo que esperas?

Rhett la miró.

—Entonces antes de lo que esperaba.

Nora le sostuvo la mirada durante un segundo más.

—Dame hasta el invierno.

—¿Para decidirlo?

—Para hacerlo bien. Para que sea por las razones correctas y no porque me apetezca estar más cerca de ti, que también.

Rhett asintió.

—Hasta el invierno.

Siguieron por el sendero.