Capítulo 19. Saltan chispas
Saltan chispas
M ateo
Empiezan a venir los más cercanos, entre los que están mis tíos, Juan, algún otro mozo del rancho y familias y por supuesto, mis amigos. Noah y Juli llegan los primeros y se abrazan con Amelia emocionados porque se quede.
Después llega Logan, solo y Darius. Me giro para buscar a Eva, pero no la encuentro. Otro coche aparca y sale Bianca con el dueño de la fábrica de conservas. Es un hombre atractivo, quizá algo mayor que ella. Ellos vienen a saludarme y Adam me da la mano con afecto. Es un buen tío.
Viene Amelia a saludarlos y, mientras hablamos, Logan se acerca. Los mira. Observa a Bianca, empalidece y se da media vuelta. Amelia mira a Bianca y sonríen. Algo traman, aunque no sé muy bien qué.
Darius se acerca con grandes zancadas y se enfrenta a mi chica.
—¿En serio? ¿Ha venido tu hermana? Yo me largo.
—¿Tan inmaduro eres que no sabes comportarte en sociedad? —pregunta Amelia. Él aprieta los puños y se va por una cerveza. Cuando giramos hacia las mesas, se acerca Eva.
—¿Has invitado a ese indeseable?
—Es uno de mis mejores amigos, Eva. No creo que tú tengas que objetar algo.
—Sabiendo que no me llevo bien…
—Eva, igual que tú eres mi hermana, para Mateo es como si fuera su hermano. Compórtate.
—Sé comportarme, no hace falta que me digas nada.
Se gira para marcharse. Amelia me mira.
—Estos dos la van a liar.
—Mira, cariño, son dos adultos y no sé por qué se odian tanto, pero ya es hora de que cambie eso. Igual esta fiesta sirve para que se reconcilien.
—No conoces a mi hermana, es escorpio de signo del zodiaco y según dicen, no perdona nunca. Nunca supe qué les pasó.
—Darius es aries, muy temperamental y con mecha corta.
—No sabía que te gustaba leer el horóscopo.
—Bueno, estos días he leído de todo, hasta eso. Tú eres una maravillosa y dulce piscis y yo soy un cabezota tauro. Por eso sé que acabaré caminando.
—Iremos despacio. Total, ya estamos aquí y no nos vamos a ir a ninguna parte. Así que solo disfrutaremos.
—Pero necesito que duermas conmigo, Amelia. Cada noche.
—¿Y quién te ha dicho que no lo iba a hacer? Debemos comprobar que todo va bien.
Me echo a reír y tiro de ella para agacharla y darle un beso profundo. Dios, me iría ahora mismo a la habitación, pero alguien carraspea.
—Que tengo una mujer embarazada y se muere de hambre. Por si podéis dejar eso para luego.
—Claro, vamos.
Amelia camina sonrojada a mi lado y llegamos a la zona de las mesas. Cris anda jugando con un par de niños y una niña y Gordito, los demás charlan entre risas y me encanta verlos así. Carraspeo y se vuelven hacia mí. Tomo de la mano a Amelia.
—Queridos amigos. Os agradezco que hayáis venido a compartir un tiempo familiar, y a celebrar que mi hijo y su madre se quedan a vivir con nosotros.
Noah y Juli aplauden y los demás se unen. Levanto la mano para calmarlos.
—Tener amigos y una familia que te quiera es muy importante para mí. Y cuando te ocurren cosas malas o peores, es cuando te das cuenta de quién te aprecia de verdad. De quién te ama y se queda contigo.
Aprieto la mano de Amelia, que está llorando y meto la otra mano en mi bolsillo, para sacar la cajita con el anillo, que abro. Ella se lleva las manos a la cara.
—Te dije que no pararía hasta ponerme de rodillas y pedirte que te casaras conmigo. No puedo de momento, pero no voy a esperar más para hacerte mi esposa, si tú quieres.
—Sí, quiero, Mateo. Sí quiero —dice ella temblando. Le pongo el anillo y todos gritan y aplauden. Ella se agacha para besarme. Cris viene corriendo y nos abraza, llorando.
Todos van pasando a darnos la enhorabuena y cuando llega Eva, Darius se pone a su lado.
—¿Tú lo sabías? —pregunta a su hermana.
—No, pero si no me lo pedía, se lo hubiera pedido yo —dice mi chica valiente.
—Os haré un precontrato matrimonial.
—¿Acaso crees que mi hermana se casa por su dinero? —dice Eva enfrentándose a él.
—Nunca está de más —sonríe irónico Darius.
—Id a discutir lejos —dice Noah al ver la cara de disgusto de Amelia.
Se los lleva a empujones, veo que Eva se marcha para un lado y Darius para otro. Ambos suspiramos.
—De momento no sé si se llevarán bien —dice Amelia. La cojo y la siento en mis piernas.
—Lo que me importa es llevarme bien contigo, amor, en las familias siempre hay quien se odia.
—Enhorabuena, tortolitos —dice Logan con una cerveza en la mano—, espero que no sea contagioso. Paso de estas cosas.
Amelia me mira y le hago un gesto.
—Voy a ver cómo va la barbacoa.
Se marcha y le indico a Logan que me acompañe a buscar una cerveza. Él lo hace mirando de reojo a Bianca que habla con mi primo. Su acompañante la coge de la cintura.
—No sabía que Bianca salía con Adam.
—Ni yo. Me parece un gilipollas —masculla Logan.
—No, qué va, es buen tío. Sale poco, y trabaja mucho por lo que he oído.
—¿Ya lo sabías?
—No, para nada. Ha sido una sorpresa. Alcánzame una sin alcohol, por favor.
Él lo hace y vamos bajo unos árboles, donde se puede ver todo. Él se sienta en un banco, mirando fijamente al frente.
—¿Qué te pasa, tío? ¿Han ido mal los viajes? Apenas te hemos visto el pelo.
—No, han ido muy bien. Tengo tantas reservas que alquilaré otro avión y contrataré a un piloto. No es eso. Pero no pasa nada. Es tu día. Te vas a casar.
—Sí. Es algo… que ni siquiera yo me imaginaba. Andaba tan perdido en mi vida que hasta que no llegó Amelia no lo supe. Todo encajó, ¿sabes?, como en un puzle.
—Me alegro de verdad y siento haber sido un imbécil con ella.
Darius me dijo que probablemente venía por tu dinero, pero joder, se ha comportado como una luchadora.
Tendrías que haberla visto correr cuando te dieron la coz.
Gritaba que eras su marido y se hubiera peleado con cualquiera si no la hubieran dejado pasar.
Asiento, emocionado.
—Esa es mi chica. Joder, no sé si me voy a poder recuperar, Logan. Estar sentado en una silla para toda la vida, y, a la vez, si están ellos, no me importa.
—Te entiendo. ¿De qué sirve amasar dinero si no tienes con quién compartirlo?
Mira a Bianca de reojo y empiezo a comprender.
—Si tanto te gusta, ¿por qué no se lo has dicho?
Da un respingo y me mira mal.
—Porque es mi amiga y no quiero joder ni la amistad ni el negocio. Imagínate que nos liamos y después nos separamos. ¿Qué podría hacer sin ella? Se ha convertido en alguien imprescindible para mí, Tex.
—Y te la han birlado en tus narices.
—Así es. A tomar por el culo. Se casará, tendrá hijos y me mandará a la mierda.
—No deben de llevar mucho tiempo saliendo, Logan. Si estás enamorado de Bianca, como parece, tal vez puedas hacer algo.
—Paso. Hay muchos coños en el mundo. Tengo que probarlos todos.
—Estás siendo cínico y gilipollas, siempre usas esa parte insoportable de ti cuando hay algo que te disgusta.
Me mira enfadado y luego se concentra en la botella.
—Puede que tengas razón. Me voy a pasear un rato, para aclararme las ideas.
Se marcha y le doy un trago a la cerveza sin alcohol. Al poco, llega Darius, despeinado y con la camisa medio abierta, le falta un botón. Se sienta a mi lado con una cerveza. Vaya, esto parece un confesionario.
—¿Te has dado de hostias? —pregunto y él me mira confuso. Luego, se arregla la camisa.
—No. No ha pasado nada. Nada de nada.
—Lo que tú digas.
Mi madre toca la campana y me pongo la cerveza en un gracioso artilugio que me ha puesto mi padre en la silla. Vamos hacia allá y veo a Eva salir de detrás de unos árboles, con la coleta torcida. Darius la mira. Yo miro a Darius. Aguanto una sonrisa.
Nos ponemos a comer en una gran mesa. Amelia está a mi lado, mis padres al otro, Cris en una mesa aparte con los niños, riéndose a carcajadas, mis amigos, cerca, unos más serios que otros, pero sé que acabarán arreglándose.
La vida a veces no es justa, pero el universo compensa.
Aprieto la mano de Amelia, que me mira y me da un beso.
—Me encanta el anillo, pero más me encanta que no hayas esperado más a pedírmelo. Iba en serio lo que dije que te lo pediría yo.
Me echo a reír. —Esta noche me gustaría verte con el anillo puesto, y solo con él.
—¿Sin nada de ropa?
—Sin nada de ropa.
Se sonroja ligeramente y asiente. Mi mujer bonita, valiente y sensual. No puedo pedir nada más.