¿Quieres seguir volando conmigo? Capítulo 7
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Capítulo 7

Nash

Dos toques en la puerta de mi despacho hicieron que levantara la cabeza del ordenador y mirara hacia allí.

—Nash, ¿te queda mucho? En media hora hemos quedado en casa de papá para comer.

—No, ya he terminado por hoy. Espera que apague el ordenador y nos vamos.

—Te espero abajo. Voy a darle a Aria el listado de actividades de los clientes nuevos de hoy.

—Vale. Ahora mismo bajo.

Winter asintió y se marchó, dejándome allí recogiendo. No tardé ni cinco minutos en terminar y, cuando bajé, ya me estaba esperando.

Salimos juntos al aparcamiento. Iríamos a casa de mi padre en su coche porque yo vivía muy cerca del negocio y todas las mañanas iba andando.

—¿Avisaste a Sadie de que no ibas a casa a comer?

—Sí —contesté de una forma más seca de lo que pretendía.

Mi hermana se detuvo junto a la puerta del coche y me miró con expresión interrogante.

—Nash, ¿qué pasa? ¿Discutisteis?

Claro que habíamos discutido. Menudo pollo me había montado la noche anterior. No dejó de repetir lo mismo una y otra vez y, cuando nos fuimos a la cama, continuó hasta que me saturó tanto la cabeza que terminé cogiendo una almohada y marchándome a dormir al sofá.

Eso fue lo que pensé, pero no se lo dije. Me limité a asentir antes de subirme al coche.

Winter hizo lo mismo, arrancó y salió del aparcamiento. Durante los primeros minutos permaneció callada, aunque yo la conocía lo suficiente para saber que estaba haciendo un esfuerzo enorme por contenerse y no empezar a preguntar.

—Tenías razón —dije al final.

—¿En cuál de todas?

—Se molestó cuando le dije que no iba a venir a comer con nosotros porque era cosa de la familia.

—Brenna está cerrada en banda. Seguramente no consigamos ni que nos escuche a nosotros, así que a ella mucho menos. No tienen demasiado feeling y Sadie lo sabe.

—Lo sé y ella también. Pero se cabreó porque dice que siempre la excluimos.

—Eso no es cierto. Lo que pasa es que se mete en cosas que no le competen. Como cuando se enteró de que había roto con Robert.

Winter había estado saliendo con Robert durante cinco años y hacía uno que lo habían dejado después de que él la engañara con una compañera de trabajo.

Mi hermana lo pasó muy mal y durante bastante tiempo le costó incluso hablar del tema conmigo, pese a la confianza que siempre habíamos tenido. Necesitó su tiempo para asimilar lo ocurrido, para aceptar la ruptura y poder hablar de ella sin venirse abajo.

Como la conocía bien y sabía cómo afrontaba ese tipo de cosas, yo decidí darle su espacio. Estuve pendiente de ella, pero sin invadirla, simplemente permaneciendo cerca y esperando a que estuviera preparada.

Sadie, en cambio, no entendió aquello por mucho que intenté explicárselo.

No respetó que cada persona tuviera sus propios tiempos y, cada vez que veía a Winter, la atosigaba con preguntas.

Incluso empezó a llamarla y mandarle mensajes con tanta frecuencia que mi hermana acabó evitándola y dejó de venir a casa cuando sabía que ella estaba allí.

Y ni siquiera con eso Sadie se rindió. Como Winter ya no aparecía por casa, empezó a presentarse en la empresa con la excusa de que lo mejor era hablar del tema y desahogarse.

Al final, cuando vi lo mucho que estaba agobiando a mi hermana, que bastante tenía ya con intentar superar la ruptura, tuve que pedirle que parara y la dejara tranquila.

Se enfadó y me montó otro de sus pollos porque, según ella, siempre la excluíamos de todo y no entendía por qué Winter sí podía hablar conmigo y con ella no.

Coño, pues primero porque cada uno habla de sus problemas con quien le da la gana y, segundo, porque Sadie no era precisamente la persona más adecuada para ayudarla. No solo la agobiaba, sino que algunos de sus comentarios conseguían empeorar todavía más las cosas.

Llegó incluso a insinuar que la culpa de la ruptura había sido de Winter porque, según ella, no le daba a Robert lo que necesitaba ni le prestaba suficiente atención y, por eso, él había acabado buscándolo en otra mujer.

Todo mentira, porque Winter siempre había estado ahí para él. Simplemente, Robert se enamoró de aquella compañera y no había mucho más que explicar. Prueba de ello era que hacía apenas un mes que se había casado con ella.

¿Fue una putada lo que le pasó a mi hermana? Claro que sí. ¿Lo pasó mal y le costó superarlo? Por supuesto, porque lo quería. Pero, con el tiempo, al verlo feliz con otra persona, entendió que Robert no era el hombre destinado para ella y decidió seguir adelante.

Y lo había conseguido. Incluso había salido unas cuantas veces con uno de los pilotos de la empresa, aunque se lo estaba tomando con calma y sin ninguna prisa.

—Se lo expliqué, Winter. Le dije que era mejor hablar nosotros solos con Brenna, pero se obceca y no entiende las cosas. Es agotadora cuando se pone así.

—Lo peor es que no lo hace por Brenna, sino por ti. Por tenerte controlado en todo momento.

Había pensado bastante en eso durante la noche, tumbado en el puto sofá que me había dejado la espalda hecha polvo, y había terminado llegando a la conclusión de que quizá mi hermana tuviera razón y Sadie fuera bastante más controladora de lo que yo había querido reconocer.

Hasta entonces nunca me había parado a analizarlo con detenimiento porque tampoco le había dado demasiada importancia.

—Nash…

—Dime.

—Sabes que antes o después pasará. Yo lo sé y los demás también, aunque nadie te diga nada.

—¿El qué pasará?

—Ella no es la mujer de tu vida, Nash.

Solté aire por la nariz.

—Yo la quiero, Winter, y estamos bien. Solo discutimos como todas las parejas.

—Querer no es suficiente. Tiene que haber algo más. Mírame a mí. Robert y yo nos queríamos, pero ahora sé que no nos amábamos de verdad.

—¿Y qué es ese «algo más»?

—Lo que tienen Owen y Aria. Ellos sí son la persona del otro.

Fruncí el ceño y la miré sin entender demasiado bien a qué se refería, así que hice un gesto con la mano para que continuara.

—Cuando Owen entra en una habitación en la que está Aria, da igual quién más haya o lo que esté pasando a su alrededor. Para él solo existe ella. Solo la ve a ella. Y a Aria le ocurre exactamente lo mismo.

»Pueden discutir, enfadarse y decirse cosas serias cuando están riñendo, pero en sus miradas sigue estando ese amor intacto, ese brillo y esa sonrisa con la que siempre se miran.

—Joder… —murmuré sin saber muy bien qué contestar a eso.

—A mí Robert nunca me miró de esa manera y ahora sé que yo tampoco lo miré así a él.

—Yo…

—Tú nunca has mirado así a Sadie. Y lo sé porque sí que he visto esa mirada en tus ojos hace muchos años.

Me removí incómodo en el asiento. No quería hablar del pasado y mucho menos de aquella parte.

—No había nada —dije de forma tajante.

—Sí que lo había y lo sabes. Erais muy jóvenes, claro que sí, pero os amabais. Yo lo vi, Nash. Vi cómo os mirabais.

Noté cómo se me tensaba la mandíbula, pero Winter continuó antes de que pudiera cortarla.

—Y por mucho que te empeñes, nunca vas a mirar así a Sadie ni creo que llegues a amarla de esa manera. Estás con ella porque insistió durante años hasta que al final cediste.

—Llevamos juntos seis años. Eso tiene que significar algo.

—Claro que significa algo. Significa que estás cómodo, como dijiste ayer. Es fácil, conocido y aparentemente estable, pero no hay emoción. No hay eso que debería haber. Cuando estás a su lado no se te ilumina la cara.

La miré en silencio.

—Al lado de la persona que amas deberías sentirte como cuando vuelas —añadió—. Pregúntate si con Sadie te sientes así.

No.

La respuesta apareció en mi cabeza sin que necesitara pensarla.

Con Sadie estaba bien. Me sentía cómodo, tranquilo y conocía perfectamente cómo funcionaba nuestra relación, pero desde luego no experimentaba nada parecido a esa sensación que mi hermana acababa de describir.

Amar debía ser como volar.

Y, por mucho que me jodiera reconocerlo, sabía perfectamente qué quería decir con aquello porque hubo una época en la que sí me había sentido así.

Había pasado muchísimo tiempo, pero todavía recordaba aquella sensación. La recordaba lo bastante bien como para saber que no tenía absolutamente nada que ver con lo que sentía cuando estaba al lado de Sadie.

Cerré los ojos apenas un segundo y la imagen de Mary apareció en mi cabeza sin que pudiera impedirlo. Aquel amor perdido se coló de nuevo entre mis pensamientos y, como siempre que ocurría, algo me golpeó por dentro, justo en mitad del pecho.

—¿Nash?

Abrí los ojos.

—Sí.

—Hemos llegado.

Miré por la ventanilla y vi la casa de mi padre delante de nosotros.

—Vale.

Cogí aire antes de bajar del coche y caminé junto a mi hermana hasta la puerta. Fue ella quien llamó, pero antes de que nos abrieran me agarró suavemente del brazo.

—Nash, yo siempre estoy aquí y lo sabes. Todo irá bien y lo que tenga que ser será. No se puede luchar eternamente contra ciertas cosas.

—¿Contra qué?

—Contra el destino y el amor. Al final siempre mandan ellos y, si algo tiene que pasar, pasará. Ni tú ni nadie podrá detenerlo ni huir de ello.

Terminó de hablar justo cuando la puerta se abrió, después de acariciarme el brazo con cariño.

La comida transcurrió más o menos bien. La conversación fluyó sola mientras mi padre nos contaba cosas de su trabajo en el despacho de abogados y Lauren hablaba del suyo como enfermera. Brenna, en cambio, permaneció completamente a su bola, sin soltar el móvil ni un solo momento.

Decidimos darle cancha para no empezar la discusión en mitad de la comida y conseguir que se nos atragantara el guiso que Lauren había preparado. Sin embargo, cuando terminamos, Winter y yo le pedimos que se sentara con nosotros en el salón porque queríamos hablar con ella.

Fue como hablar con una pared.

No nos hizo ni puñetero caso. No quiso explicarnos por qué llevaba una temporada tan rebelde, si tenía algún problema o si necesitaba ayuda con algo. Intentamos hablarle con calma, sin atacarla ni presionarla demasiado, pero estaba completamente cerrada en banda.

Cuando insistimos un poco más, empezó a ponerse borde y a contestar cada vez peor, así que acabamos decidiendo que seguir en aquel momento solo conseguiría empeorar las cosas.

Tendríamos que buscar otra manera de acercarnos a ella y lograr que confiara en nosotros lo suficiente como para contarnos qué demonios le estaba pasando.

Frustrados y bastante más preocupados de lo que habíamos llegado, Winter y yo nos despedimos y volvimos a la empresa para continuar trabajando.