Epílogo
Diez años más tarde…
Cian
Es tan curioso cómo te cambia la vida, un día estás abajo y cuando menos te lo esperas, arriba.
—¿Vas a salir? —le pregunté a mi hermano Brian.
Ya está hecho un hombre con diecinueve años, en él es donde noto más el paso del tiempo.
—Sí —me contestó.
Salió al porche y se sentó en el brazo de un sillón, con los brazos cruzados.
—He quedado con Eloy, Oliver y Teo.
El trio de amigos al que se unió mi hermano cuando conoció a Eloy, el hermano de Xaira, mi mujer.
Los cuatro continúan yendo juntos a todas partes.
—Pasadlo bien y tened cuidado.
—¿Algo más? —me preguntó con diversión.
—No te hagas el listo porque me importa poco que seas mayor de edad, si te digo que no sales te quedas en tu habitación.
Me hice el duro, pero terminamos riendo. A pesar de que mis palabras eran muy ciertas. Brian me respetaba tanto que jamás me había llevado la contraria, tampoco había cuestionado mis decisiones.
Por mi parte siempre intentaba ser justo con todo, poniéndome en su lugar, pero con la sabiduría que me otorgaba mi edad.
Brian, al igual que Eloy, son muy buenos estudiantes.
Van a la universidad, para preparar el futuro que quieren.
Oliver y Teo entraron en el mundo laboral después de hacer unos cursos.
Los primeros son muy diferentes de los segundos, como el agua y el aceite, pero los cuatro encajaban asombrosamente bien.
—Vete ya, no corras para llegar —le pedí.
Se puso de pie y se inclinó para darme un beso, el que le devolví.
—Xai y Mel están haciendo una guerra de pistolas de agua en el baño —me informó, antes de soltar una carcajada.
Puse los ojos en blanco, pero sonriendo de oreja a oreja.
Mel es Melisa, la hija de Xaira y mía. La pequeña tiene cinco años y es un torbellino. No es hija única, también está Izan de ocho años, pero él está hoy con mi abuelo. A Ambos les encanta pasar tiempo juntos.
Aunque es algo que me da muchos dolores de cabeza, mi abuelo sigue en su piso de propiedad. No quiso dejarlo cuando Xaira y yo compramos la casa familiar en la que vivimos.
La decisión de mi abuelo fue algo que me costó asumir, pero no me quedó más remedio.
Por suerte en coche solo hay unos minutos de trayecto y tengo la tranquilidad de que cuando le da una crisis, él es el primero en llamarme para que vaya a buscarlo.
De esa manera se recupera con nosotros, para que podamos cuidarlo.
Diez años son muchos años para según qué edades, pero mi abuelo, a pesar de sus achaques, lo lleva bastante bien.
Mis suegros también están muy pendientes de mi abuelo, son increíbles. Lo supe desde la primera vez que tuve contacto con ellos, porque pocas personas desprenden tanto y tan bueno como Román y Evie.
Ellos siguen viviendo en la gran casa que acogió durante muchos años a todos sus hijos, e incluso a sus parejas. Timón y Pumba son sus fieles compañeros. Eloy es el único de los hijos que vive con ellos, los demás volaron para hacer sus vidas, pero no se fueron muy lejos.
Xaira y yo no tuvimos ninguna prisa por encontrar un lugar para independizarnos.
Alargamos el máximo tiempo con la familia, antes de buscar una vivienda.
Cuando decidimos que había llegado el momento y encontramos esta casa de dos plantas y con un jardín precioso, nos vinimos a ella de un día para otro, casi con lo puesto. Todo lo demás vino después.
Me levanté del sillón del porche y entré en la casa para ir hacia la escalera. La subí y fui directo a mi habitación y la de mi mujer. Antes de entrar ya escuché las risas de Mel y sonreí.
Me paré en el hueco de la puerta del baño y me apoyé en el marco, con los brazos cruzados.
Madre e hija se lanzaban agua con las pistolas dentro del yacusi. Xaira estaba gloriosamente desnuda, los pechos le sobresalían del agua.
—¡Papi! —gritó Mel.
—Hola, cariño. ¿No estáis arrugadas ya? ¿Cómo puede haber más agua fuera del yacusi que dentro? —dije mirando el suelo.
No era broma, con razón Brian se había reído.
—Detalles sin importancia, amor.
Arqueé una ceja al mirar a Xaira.
Terminé sacudiendo la cabeza y ordenándoles que salieran ya, sino querían recoger ellas lo que había liado. Corrieron para no tener que hacerlo y me tocó a mí pasar el mocho.
—Te recompensaré esta noche —me dijo Xaira, abrazándome por la espalda.
Metí el mocho en el cubo, ya había terminado, y me giré sin que dejara de abrazarme. La rodeé yo con los brazos.
—Tienes más peligro que nuestra hija —susurré sobre sus labios.
—Y te gusta mucho.
—Esto sí que me gusta.
Al decirlo le abrí el albornoz, dejando a la vista su maravillosa desnudez. Xaira soltó un grito y salió corriendo, y yo detrás de ella.
Esa era nuestra vida, una en la que en su mayoría predominaba lo bueno, pero en la que también habíamos tenido que enfrentar situaciones complicadas.
Referente a nuestros trabajos, Xaira continúa al frente del Departamento de Marketing y Publicidad, y yo hacía unos años que ocupé el cargo de Esteban en la empresa. Solo las personas de mi entorno más cercano supieron que estaba preparándome para cuando llegara ese momento.
Me preparé muy bien en los estudios, los que combinaba con el trabajo, y cuando me saqué la carrera Esteban me acompañó durante meses en el día a día, hasta que lo dejó todo a mi cargo. No tuvimos problema en hacer el cambio, Esteban era un buen amigo del dueño de la multinacional.
Así que en el terreno profesional yo di un salto increíble.
Esteban está muy presente en nuestras vidas. Es nuestra familia también, tanto que es como el abuelo biológico de Izan y Mel. Hacia él también sienten devoción los niños. Es recíproco.
Mi cuñado Kevin, el hermano mellizo de mi mujer, está casado con Emma, la mejor amiga de Xaira.
Lo que comenzó sin que ninguno de los dos se diera cuenta, como sucede muchas veces, se convirtió en una historia de amor fuerte y pasional.
Yo siempre tuve claro que Kevin no iba a dejar escapar a Emma, una vez descubrieron que se gustaban y que se acostaran.
Él es muy parecido a mí en carácter y en la forma de ser, por lo que supe lo que quería con Emma.
Siguen trabajando en la misma empresa y pasando muchas horas juntos.
Están casados y tienen tres hijos, Mario, Lucía y Alba, de siete, cinco y dos años, respectivamente.
Lúa y Jon son otra de las parejas sorpresa que se unieron casi al mismo tiempo.
Él se trasladó aquí y se desprendió de su bar, el que le vendió a uno de sus mejores trabajadores, Lorenzo.
Pero Jon no puede parar quieto, por lo que montó un restaurante en una zona muy céntrica de nuestra ciudad.
El negocio le va genial, lo normal es que haya que reservar porque siempre está lleno, y con ese negocio no se siente tan ahogado como le sucedía con el bar.
En este último pasaba muchas horas, por el día y por la noche.
Tiene grandes profesionales a su cargo en el restaurante, lo que le permite vivir relajadamente.
Lúa y Jon fueron los primeros de todos en casarse.
Tienen dos niñas, Marina y Alba, de seis y cuatro años, respectivamente.
Erea y Daniel tuvieron su gran historia de amor, a pesar de comenzar la relación siendo muy jóvenes.
Se quisieron con locura, pero pasaron por muchos baches, entre ellos el que los llevó a separarse.
No fue fácil para ninguno, pero tomaron caminos diferentes.
Hasta que el destino, la casualidad o como queráis llamarlo, cruzó sus caminos de nuevo seis años más tarde.
Sí, su relación pareció que nunca terminó, fue como si hicieran un paréntesis para después retomarla con más fuerza.
Hoy día llevan viviendo juntos cuatro años, están llenos de felicidad y tienen muchos planes, entre ellos casarse.
Por ahora se han comprado una casa. Erea triunfó en el patinaje artístico, un seleccionador la eligió y durante años estuvo compitiendo en diferentes países.
Ganó muchas medallas, hasta que fue ella misma la que tomó la decisión de retirarse, para centrarse únicamente en el final de su carrera universitaria.
Todavía va a la pista de hielo, pero solo a disfrutar en ella.
Iago conquistó complemente a Katia. Esta historia es de las que se cuecen a fuego muy lento, de las que necesitan su tiempo para llegar al destino deseado.
Iago tuvo mucha paciencia y nunca dejó de estar cerca de Katia, ya que ella fue lanzándole señales de que lo necesitaba a su lado porque lo quería.
Katia tuvo que recorrer un largo camino de sanación, pero una vez estuvo bien se sinceró del todo con Iago y ahí, en esa conversación llena de confidencias y sentimientos, iniciaron lo que hoy día es una de las historias de amor más fuertes que he conocido en mi vida.
Están casados y tienen un niño de seis años, César.
Luego están mis mejores amigos, Barry y Jake. Ambos continúan solteros, son los tíos guais de los niños y ellos están más que contentos con ese papel. Seguimos tan unidos como siempre, formando un grupo de amigos más grande. La familia ha aumentado mucho.
Y no puedo olvidarme de Bruno, Belén y Adela, los grandes amigos que conocí en el trabajo y que hoy en día están bajo mis órdenes.
Las vueltas que da la vida. Continuamos formando equipo y no hemos perdido la costumbre de desayunar en la cafetería.
Belén y Bruno al final se dejaron llevar por eso de que el roce hace el cariño, porque comenzaron a rozarse demasiado y terminaron enredados en una cama.
Hasta a ellos les pilló de sorpresa lo que sucedió una noche de fiesta en la que se les fue un poco la mano con la bebida.
¿Y cómo lo solucionaron para saber si fue algo puntual o no?
Probando a estar juntos una vez más, pero sin alcohol de por medio.
Y funcionó, y tanto que sí. Están casados y tienen dos hijos, Carlos y Mateo, de siete y cinco años, respectivamente.
En el caso de Adela está saliendo con Patricia, una chica estupenda que le abrió los ojos a Adela.
Todos formamos una gran familia que siempre estamos los unos con los otros, inseparables.
Quién nos lo iba a decir, es algo que Xaira y yo repetimos mucho porque es una gran verdad. Quién nos iba a decir que diez años atrás, en un partido en el que se enfrentaban nuestros hermanos, nuestras vidas cambiarían para siempre.
En ese partido, gritándonos, mientras defendíamos a Eloy y a Brian, Xaira y yo encontramos el amor de nuestra vida. Y no fuimos consciente de ello, hasta que la vida nos lo mostró.