¿Quién mató a Madison Harris? 32 12 de julio #3
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32 12 de julio #3

Si estás leyendo esta carta significa que ya no estoy con vosotros.

No quería despedirme de este mundo sin que supieras lo increíble que ha sido compartir mis últimos momentos contigo.

Admiré tu valentía desde el primer día que nos cruzamos en este pequeño rincón de Cielo Alto.

Tu determinación para hacer lo correcto, tu compasión por los demás y las ganas de hacer que el bien siempre gane al mal han iluminado mi camino de maneras en las que las palabras no pueden expresar completamente.

Me alegro también de haber sido un referente para ti, sabiendo todo lo que tuviste que vivir en tu infancia, así que todo eso me lo llevo conmigo para siempre.

Lucy, has sido mi amiga, mi compañera y, en muchos sentidos, la luz que guio mis días.

En mi ausencia en este mundo, espero que encuentres consuelo en los recuerdos que compartimos y en la certeza de que conocerte fue uno de los regalos más preciados que me dio la vida.

Sigue brillando, Lucy. Tu fuerza y bondad son un faro en esta comunidad, y sé que continuarás con mi legado con muy buena nota.

Que la vida te brinde la felicidad que mereces.

P.D: Espero que superes con creces mi legado como nueva sheriff de Cielo Alto.

Te quiero, allá donde esté.

Alfie Spinster»

Con las manos temblorosas, Lucy acabó de leer la carta de Alfie, y un estado de shock se apoderó de ella.

Las palabras llenas de cariño, admiración y aprecio resonaban en su mente, creando una mezcla abrumadora de emociones.

La sorpresa se reflejaba en sus ojos mientras procesaba la inesperada noticia.

—¡Tom! —exclamó Lucy con energía, mientras se limpiaba las lágrimas de su rostro —. ¡Tom, ven!

Tom no apareció. En su lugar Karen, la psicóloga de la comisaría, entró en la habitación con una expresión de comprensión en su rostro, acompañada de una tímida sonrisa.

—¿Cómo te encuentras, Lucy? —preguntó Karen, acercándose con delicadeza—. Entiendo que estas son noticias abrumadoras. Alfie era una figura importante para todos nosotros.

Lucy con la carta todavía en la mano, miró a Karen con los ojos vidriosos y asintió levemente.

—No puedo creer lo que acabo de leer, Karen —dijo con la voz entrecortada—. Pero, ¿cómo es posible ?

—Alfie me pidió que dejara esta carta en el cajón si perdía la vida en esa operación —explicó Karen con voz suave y calmada—. Sé que eres consciente, pero eras una persona muy importante para él, y en el fondo sabía que Mitchell estaba loco y que podía perder la vida en la misión.

Karen tomó asiento cerca de Lucy y le ofreció un pañuelo.

—Entiendo que esto es inesperado, pero Alfie vio algo en ti, Lucy, algo que creía fundamental para guiar a esta comisaría. Pero la última decisión está en tus manos. Tómate el tiempo que necesites para procesar esto.

Lucy asintió agradecida, secándose las lágrimas con el pañuelo.

—Necesito tiempo para asimilar todo. No esperaba esto, y la carta… es tan emotiva… —las lágrimas seguían cayendo por el bello rostro de Lucy.

—Aunque Alfie se haya ido, yo estoy aquí para ayudarte en lo que necesites, Lucy. Ya sea para hablar sobre él, sobre tus sentimientos, o para debatir las opciones que ahora se presentan. Recuerda que estamos aquí para apoyarte, independientemente de la decisión que tomes.

—Gracias, Karen —respondió Lucy dedicando a la psicóloga una sonrisa de gratitud—. Estaremos en contacto.

Mientras Lucy y Karen compartían esos momentos de reflexión, el agente McKay apareció por la puerta.

—Creo que voy sobrando aquí —dijo Karen entre dientes soltando una carcajada.

La psicóloga se despidió de la joven y, tras tocar con cariño el hombro de Tom, abandonó la sala para después cerrar la puerta y dejar en intimidad a la pareja .

—¿Qué ha pasado? —preguntó Tom sin entender muy bien la escena.

—Mira —respondió Lucy, ofreciéndole la hoja de papel a su pareja.

Tom, con la carta en sus manos, leyó cada palabra de Alfie con atención.

A medida que avanzaba, su rostro reflejaba una mezcla de emociones, hasta que llegó a la parte de la propuesta, cuyo rostro mostró un gesto de sorpresa.

La noticia de que Alfie proponía a Lucy como la nueva sheriff dejó a Tom sin palabras.

Después de leer la carta completa, Tom dejó escapar un suspiro profundo, pues, aunque no era de demostrar tanto las emociones, la muerte de Alfie también había causado conmoción en su interior.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Tom con curiosidad.

—No lo sé, Tom. Creo que esto me viene grande.

—¿Grande? De hecho, creo que no hay nadie mejor que tú para el puesto, Lucy.

Lucy miró con cariño a Tom, y sus ojos vidriosos se encontraron con los ojos amorosos de su pareja, que sonreía como un tonto mirándola.

—¿De verdad lo crees?

—Da igual lo que yo crea, Lucy. Alfie te ha propuesto como sustituta, y creo que también lo hubiera hecho de seguir vivo. Creo que, aparte de por ser válida, tendrías que aceptar por honrar su legado.

Lucy, sumida en sus pensamientos, contemplaba la propuesta que yacía en la carta de su mentor.

La responsabilidad de ser la nueva sheriff pesaba en sus hombros con una carga significativa.

En ese momento de reflexión, Tom se acercó a la joven y la abrazó con ternura.

Su gesto hablaba del apoyo incondicional del chico hacia su pareja.

La mirada de Tom reflejaba la confianza en la capacidad de Lucy y la fe en que ella era la correcta para liderar la comisaría.

La decisión pendía en el aire, y la esencia de Alfie parecía impregnar la habitación, como si estuviera presente en espíritu, feliz de que Lucy considerara seguir sus pasos.